DESCONECTA, 26 Abr.
Esta historia forma parte de las anécdotas más increíbles de los quintos Juegos Olímpicos del año 1912, celebrados en Estocolmo (Suecia), y la protagonizó Shizo Kanakuri, un maratoniano japonés.

Kanakuri participaba en la maratón Olímpica de aquel año en la primera delegación japonesa. Cuando alcanzó los 30 kilómetros cerca de la ciudad de Tureberg, y a tan sólo 10, 195 kilómetros de llegar a la meta, un repentino golpe de calor y el agotamiento acumulado le obligaron a hacer un parón en el camino para hidratarse.
Después de beberse unos zumos, el maratoniano decidió echarse una cabezada que se convirtió en una gran siesta. Al despertar, avergonzado, decidió desaparecer sin rendir cuenta a los jueces y regresó a su ciudad natal.
Las autoridades suecas lo dieron por desaparecido hasta que la televisión sueca, 54 años después, dio con su paradero en su país, donde descansaba como jubilado con su mujer, hijos y nietos.
Además, investigando se dieron cuenta de que había corrido otras dos maratones más después de aquella.
El periodista le ofreció terminar la carrera y aceptó concluyendo su marca en 54 años, 8 meses, 6 días, 8 horas, 32 minutos y 20.3 segundos.

El maratoniano durmiente, como se le conoce desde entonces, es considerado un pionero las carreras a larga distancia en japón, ganándose también otro apodo: "el padre de la Maratón en Japón".
Su legado se mantuvo vivo a través de sus competiciones y enseñanzas que creó en Japón. En 1983 Kanaguri fallecía a la edad de 93 años.
