El envejecimiento aumentará déficit y deuda y reducirá el consumo en economías desarrolladas, según Mapfre

Fotos de recurso de ancianos, jubilados, etc.
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Publicado 23/05/2019 18:30:01CET

MADRID, 23 May. (EUROPA PRESS) -

La transición demográfica hacia poblaciones más envejecidas reducirá los ingresos fiscales y aumentará el gasto público, con lo que se incrementará el déficit público y podría conducir a una "dinámica explosiva" de la deuda pública en las economías desarrolladas, que tendrán que afrontar décadas de menor consumo.

Así se desprende del último informe publicado por el servicio de estudios de Mapfre, y presentado este jueves en Deusto Business School, que ofrece un análisis de los efectos macroeconómicos de una pirámide regresiva y su impacto en las áreas de la vida social vinculadas a los patrones demográficos, como son las pensiones y la salud pública.

El estudio advierte de que el crecimiento exponencial de la población jubilada podría estar detrás de tres grandes tendencias actuales: la creciente interdependencia financiera, el estancamiento secular y el aumento de la desigualdad económica. Actualmente, más del 25% de la población mundial es mayor de 60 años y la edad media se acerca a los 40, lo que explica que la tasa de dependencia madura actualmente supere el 50%.

Este envejecimiento conllevará una reducción de los ingresos fiscales y un creciente gasto público, especialmente en salud y en cuidados de larga duración, y revertirá en un incremento del déficit público, advierte el estudio, que avisa también de que en un contexto de abultada deuda pública, cada vez menor crecimiento potencial y baja inflación, puede provocar una "dinámica explosiva de la deuda pública".

Esto se traduciría en "crecientes costes del servicio de la deuda, alimentando más el problema y pudiendo llevar a una economía hacia la pérdida de la sostenibilidad fiscal", alerta.

Entre otras consecuencias, el estudio apunta al estancamiento secular, entendido como la depresión del crecimiento nominal y de los tipos de interés, y la creciente evidencia de la pérdida de sostenibilidad de los sistema de pensiones basados en esquemas de reparto y los peligros que ello implica para los sistemas previsionales públicos.

También cita el incremento de la desigualdad dentro de las economías, en especial la desigualdad en la distribución de la renta y del consumo, y la creciente interdependencia financiera entre países desarrollados y en vías de desarrollo.

AUMENTO DE MASA SALARIAL Y SISTEMAS COMPLEMENTARIOS PARA PENSIONES

A su juicio, la evolución demográfica podría conducir a un problema de tipo distributivo entre generaciones, por lo que cree que debería incrementarse el peso de los ingresos previsionales, a través de un aumento de la participación de la masa salarial en el PIB, del aumento de las tasas de cotización, o bien mediante la implementación de sistemas complementarios de ahorro de medio y largo plazo.

Para Mapfre los aspectos más relevantes sobre los que inciden las reformas que se están implementando en otros países son el mantenimiento de un esquema básico de apoyo social; el aumento de la edad de jubilación; el ajuste de las tasas de contribución; el ajuste de las transferencias presupuestarias para el pago de pensiones y el ajuste de las tasas de reemplazo.

Otros aspectos son la generación de incentivos a empresas para crear y gestionar planes complementarios de pensiones; el establecimiento de incentivos fiscales al ahorro voluntario individual de medio y largo plazos destinados igualmente a complementar las pensiones, y una mayor transparencia hacia los trabajadores respecto de la pensión que podrán recibir.

A su vez, ve como una "pieza esencial" el establecimiento de incentivos para la contratación de seguros voluntarios y el fortalecimiento del rol de los seguros privados.

En este sentido, recuerda que con el fin de aliviar la carga de los sistemas públicos de salud algunos países han establecido un mecanismo de incentivos para la contratación de seguros privados voluntarios de salud que complementen la atención que brindan los esquemas del primer pilar.

En concreto, aboga por la conformación de un primer pilar contributivo que combine la solidaridad intergeneracional con el esfuerzo del ahorro individual, aproximando las prestaciones del sistema a las contribuciones individuales.

Plantea también generar estímulos para que las empresas creen y gestionen (directa, o indirectamente a través de gestores profesionales) planes de pensión complementaria de tipo contributivo (especialmente de contribución definida), que se constituyan en un suplemento a las pensiones contributivas.

A estas propuestas añade la de incentivar el ahorro individual y voluntario de medio y largo plazos, que los trabajadores hagan a través de gestores profesionales en productos financieros orientados a la generación de ingresos en la etapa de la jubilación que complementen las pensiones.

RATIO DE DEPENDENCIA Y ENVEJECIMIENTO

El análisis por país pone de manifiesto que en las próximas décadas países como Japón, Corea del Sur, Taiwán, España, Hong Kong, Grecia, Portugal, Polonia, Singapur o Italia alcanzarán valores del ratio de dependencia por debajo de 1,5 personas en edad de trabajar por cada persona que alcanza la edad de jubilación en 2059.

En España pasará de 3 personas en edad de trabajar por cada jubilado actual a 1,7 en el año 2039, a 1,3% en 2059, y se contendrá en 1,4 personas para los años 2079 y 2099.

Asimismo, en las próximas décadas países como Hong Kong, Macao, Japón, Martinica, Singapur, Francia, Guadalupe, España, Corea del Sur, Suiza o Italia alcanzarán esperanzas de vida a los 65 años de 25 años en adelante en el período 2055-2060 y se acercarán a los 30 años a finales de siglo, siendo los países del África Sub-sahariana los que tendrán menores esperanzas de vida.

En concreto, la esperanza de vida a los 65 años pasará en España de los 21,4 entre 2015-2020 a 23,3 en 2035-2040 a 25,2 entre 2055-2060 a 27,1 entre 2075-2080 y a 29 entre 2095-2100. Es decir, a finales de siglo la esperanza de vida española alcanzará los 89 años.

De igual forma, las próximas cuatro décadas países como Corea del Sur, Taiwán, Japón, Portugal, Grecia, Singapur, España, Polonia o Hong Kong superarán el ratio del 35% de personas mayores de 65 años. En la actualidad (2019) el mayor ratio lo presentan Japón (27,9%), Italia (23,6%), Portugal (22,3%), Finlandia (22%) y Alemania (21,9%).

En España la población mayor de 65 años pasará del 20% de la actualidad al 31,5% en 2039, al 35,4% en 2059, al 34,1% en 2079 y al 34,6% en 2099.

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