MADRID, 28 Oct. (FAIN/PRESS) -
Si le preguntas a una persona de 82 años, que vive en un tercer piso sin ascensor, qué son los peldaños de la escalera de su finca, seguramente te dirá con un dejo de tristeza que "un muro insalvable". Porque un día las rodillas empezaron a dolerle un poco más, otro el vértigo o el miedo a sufrir una caída le hicieron ver que lo mejor era reducir las salidas a la calle, y, casi sin darse cuenta, terminó quedándose encerrada en casa. Teniendo a la ventana del salón como único vínculo directo con la vida del barrio.
Lo triste es que esta es la realidad de cientos de miles de ancianos en nuestro país. Personas que sufren lo que los sociólogos denominan el "síndrome del prisionero", porque están atrapadas en sus propios hogares no por falta de salud mental o deseo de socializar, sino por la presencia de barreras físicas en sus propios edificios que les impiden hacer vida exterior normal.
EL FENÓMENO DE LA PIRÁMIDE POBLACIONAL INVERTIDA Y EL PARQUE INMOBILIARIO ENVEJECIDO
¿Sabías que, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población española de 65 o más años supera ya el 20 % del total de habitantes del país? Pues sí. El Censo de Población y Viviendas 2021 estableció que entre 9.579.600 y 9.722.600 de los españoles ya tenían 65 o más años.
Además, las proyecciones oficiales sugieren que este porcentaje rozará el 30 % en las próximas décadas debido al constante incremento de la esperanza de vida y la caída sostenida de la natalidad. Pero a eso hay que sumarle el hecho de que, la franja de los mayores de 80 años, es decir, el colectivo con mayores limitaciones de movilidad, es la que más rápido crece dentro de la estructura poblacional.
Sin embargo, esta realidad demográfica contrasta fuertemente con la arquitectura de nuestras ciudades. Prueba de ello es que, los datos del Censo de Población y Viviendas del INE y de la Encuesta de Características Esenciales de la Población y Viviendas (ECEPOV) revelan que más de la mitad del parque residencial en nuestro país fue construido antes de la entrada en vigor de las normativas de accesibilidad.
Por lo tanto, millones de edificios plurifamiliares de tres o más plantas carecen de elevadores o tienen escalones hasta el vestíbulo sin soluciones adaptadas, dejando así un gran número de hogares en una situación de vulnerabilidad funcional severa.
LAS GRAVES CONSECUENCIAS DEL CONFINAMIENTO INVOLUNTARIO
Como podrás suponer, esta imposibilidad de superar los tramos de escaleras trasciende la mera incomodidad física y genera un devastador impacto en el bienestar integral de la persona mayor y de su entorno familiar:
- Aislamiento social y soledad no deseada: la falta de accesibilidad rompe la red de relaciones comunitarias del anciano, pues salir a comprar el pan, pasear por el parque o acudir al centro de mayores se convierte en una odisea, desencadenando cuadros de depresión, ansiedad y aceleración del deterioro cognitivo.
- Pérdida paulatina de la autonomía personal: la persona mayor pasa a depender por completo de sus familiares, vecinos o cuidadores para tareas tan básicas como tirar la basura, recoger medicamentos en la farmacia o acudir a citas médicas.
- Abandono forzoso de la vivienda: cuando la movilidad empeora, muchas familias se ven obligadas a institucionalizar a sus mayores en residencias o a trasladarlos a pisos de alquiler adaptados, desarraigándolos de su entorno de toda la vida.
- Dificultades en los servicios de cuidados a domicilio y emergencias: la ausencia de ascensor también complica el trabajo de los cuidadores profesionales e imposibilita una evacuación médica rápida y segura por parte de los servicios de urgencias en situaciones críticas.
RAZONES POR LAS QUE PERSISTEN ESTOS PROBLEMAS EN NUESTRAS CIUDADES
Frente a esta problemática, cabe preguntarse por qué miles de comunidades de propietarios continúan sin resolver sus problemas de accesibilidad. La realidad es que, habitualmente, las razones para no acometer las obras necesarias responden a tres factores: la discrepancia de intereses entre vecinos jóvenes y mayores, el coste económico percibido y la falsa creencia de que el edificio no dispone del espacio físico necesario para alojar la maquinaria.
Sin embargo, la instalación de ascensores en edificios antiguos es técnicamente viable en la inmensa mayoría de los casos, ya que, cuando no existe un hueco de escalera lo suficientemente amplio para albergar la cabina, los especialistas en arquitectura y elevación están en capacidad de diseñar alternativas a medida valiéndose de los patios interiores de luces, la ocupación parcial de espacios comunes desaprovechados o la anexión de estructuras modulares en la fachada exterior. Eso sin mencionar que, la bajada del elevador a cota cero elimina completamente los primeros peldaños del portal, garantizando un paso 100 % accesible desde la vía pública hasta la puerta de la vivienda.
Además, con el objetivo de hacer frente a este reto estructural, el nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, regulado a través del Real Decreto 326/2026, elevó sustancialmente las dotaciones presupuestarias destinadas a subvencionar obras de accesibilidad residencial, correspondiendo la tramitación directa de estas partidas a las administraciones autonómicas. De manera que sí es posible acometer los cambios necesarios. Solo es cuestión de disposición y dejarse asesorar por los que saben.
Así lo confirma el portavoz de FAIN Ascensores, empresa española fundada en Madrid: "Vemos a diario comunidades que llevan años descartando el ascensor porque creen que su edificio no lo permite. Cuando se estudia cada finca, la mayoría tiene solución. Para muchas personas mayores, la diferencia entre poder seguir viviendo en su casa o no está en ese ascensor". Por lo que podría decirse que el factor cultural y la falta de información técnica siguen siendo los principales obstáculos en las juntas de propietarios.
LA ACCESIBILIDAD COMO REQUISITO PARA UN ENVEJECIMIENTO DIGNO
El asunto es que poder envejecer en el propio hogar, rodeado de los recuerdos y la red afectiva construida a lo largo de décadas, es el deseo mayoritario de la ciudadanía y un pilar fundamental de los modelos de atención a la dependencia modernos. Pero este derecho resulta ilusorio si la vivienda queda desconectada del mundo exterior por un tramo de escaleras.
De allí que adaptar el parque residencial debe verse como urgencia social indispensable para garantizar la dignidad, la libertad de movimiento y la autonomía de nuestros mayores, y no como una mera reforma arquitectónica o una revalorización inmobiliaria.
No olvidemos que dentro de algunos años podríamos ser nosotros quienes nos quedemos atrapados en casa si no tomamos cartas sobre este asunto y nos comprometemos a ayudar a este grupo poblacional de manera inmediata.
(Información remitida por la empresa firmante)