Actualizado 31/05/2007 17:15 CET

Kim Phuc, la niña protagonista de la imagen sobre la guerra de Vietnam cuenta su historia, "un testimonio de perdón"

La vietnamita narra su experiencia para apoyar la campaña 'Reescribamos el futuro' de Save The Children

MADRID, 31 May. (EUROPA PRESS) -

El 9 de junio de 1972, Kim Phuc tenía nueve años y se encontraba escondida junto a su familia y vecinos en el templo de la localidad al sur de Vietnam donde vivían. Se escuchó ruido de aviones y un griterío de soldados que les instaban a salir corriendo y abandonar el refugio. En el exterior, les esperaba el impacto de cuatro bombas cargadas con Napalm, un químico abrasivo e incendiario que alcanza temperaturas por encima de los 1.000 grados centígrados.

El corrosivo la envolvió en llamas deshaciendo su ropa y el 65% de la superficie de su piel. La niña echó a correr, gritando, desnuda, con las manos extendidas. Junto a ella, uno de sus hermanos y sus primos. Detrás, cuatro soldados estadounidenses fusil en ristre patrullan sin alterar el paso. En frente, el objetivo del fotógrafo vietnamita Nick Út, retratando la escena que un día después, daba la vuelta al mundo para cambiar el rumbo del conflicto.

"Antes de aquello era muy feliz, siempre reía, jugaba con mis amigos e iba al colegio en bicicleta. Mi madre tenía un famoso restaurante y vivíamos en una casa muy bonita con un gran patio y animales (...) Me sentía segura y amada. Antes de la guerra, nunca tuve miedo", explicó hoy la propia Phuc, tras narrar cómo el día anterior al bombardeo los soldados aporrearon la puerta de su casa para hacer salir a la familia y entonces supo lo que era el terror.

Se cumplen 35 años la próxima semana desde aquel momento en que la población comenzó a mirar con otros ojos la guerra de Vietnam. Save The Children, en el marco de su campaña 'Reescribamos el Futuro' para la educación universal de los niños en países donde hay conflicto, ha traído a España el testimonio de quien fue víctima de la guerra en su infancia y símbolo de paz durante su vida.

Fue el propio fotógrafo, que años después recibiría los premios World Press Photo y Pulitzer por aquella instantánea, quien bajó la cámara para recoger a Phuc y trasladarla a un hospital. "Cuando mis padres me encontraron tres días después del bombardeo, me tenían en un cuarto aislado, donde me habían dejado para morir", contó hoy la protagonista.

De allí, fue trasladada a la unidad de quemados de un hospital de Shanghai, donde comenzó una recuperación física que la llevaría a someterse a un total de 17 operaciones, la última, doce años después del bombardeo, para recuperar la movilidad del cuello.

Cuando ocurrió el bombardeo, "tenía nueve años y no sabía nada de dolor. Me había caído de la bicicleta algunas veces, pero el napalm es gasolina que te quema por dentro", prosiguió. "Sufrí un dolor terrible. Me desmayaba cada vez que las enfermeras me metían en la tina para quemados y cortaban la piel muerta (...) pero viví", explicó Phuc, que actualmente sigue padeciendo dolores en distintas partes del cuerpo y frecuentes jaquecas.

"Después de la guerra nuestra vida fue muy diferente, lo perdimos todo", explica Kim Phuc, que superó con el apoyo de su familia un duro proceso de rehabilitación con el único objetivo en la mente de volver "a la normalidad" regresando al colegio. Lo consiguió, pero no con la tranquilidad esperaba porque el Gobierno vietnamita tenía otros planes para ella: sería la imagen de la guerra ante el mundo.

"Venían a buscarme a la escuela para que concediera entrevistas a periodistas extranjeros. Yo sólo quería que me dejaran tranquila para poder estudiar medicina y así devolver todo lo que me había sido dado, pero en nuestro país no éramos libres". Sin embargo, "hubo suerte". Phuc conoció al primer ministro de Vietnam y consiguió permiso para cursar estudios superiores en Cuba. En La Habana conoció al que hoy es su marido. Aprovechando el viaje de novios, desertaron y se instalaron en Canadá.

PERDÓN Y RECUPERACIÓN.

Como a ella le gusta decir, la suya es una historia de sufrimiento, pero, por encima de todo, es "una historia de perdón". Phuc tuvo la oportunidad de mirar a los ojos a uno de los pilotos estadounidenses que arrojaron el napalm sobre su pueblo. Cuenta que él sollozaba pidiendo disculpas y que ella le perdonó. Ocurrió en 1996, en Washington, a donde acudió invitada por una asociación de veteranos de Vietnam.

Son muchas las "lecciones" que confiesa haber aprendido a lo largo de su vida, las mismas que intenta transmitir con el trabajo de la fundación que lleva su nombre y que lucha por los derechos de los niños de la guerra. Desde 1991, colabora con Save The Children y viaja alrededor del mundo contando su historia y "trabajando con la fotografía, por la paz".

"Los niños son nuestro futuro y si queremos salvar el mundo, debemos empezar por ellos porque todos podemos ayudar (...) para que puedan disfrutar de su infancia", apuntó, Phuc, embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO desde 1997.

"Si la niña de la fotografía pudo aprender a perdonar, todos pueden", interpeló Phuc a los presentes. "Mi fotografía es un símbolo de la guerra, pero mi vida es un símbolo de amor, esperanza y perdón (...) Cuando la vean, no piensen que esa pequeña niña llora de miedo y dolor. Piensen que esa niña está llorando por la paz".