Actualizado 16/05/2007 12:18 CET

Admira tanto sacrificio

Admira tanto como asombra el elevadísimo número de ciudadanos deseosos de sacrificarse por los demás. Admira, desde luego, que en un país tan complicado, lleno de pueblos, ciudades, regiones, comarcas, provincias y comunidades autónomas igualmente complicadísimas, pues la vida social y de relación no es el fuerte en ésta península de individualistas, emerja en cada convocatoria electoral una pléyade de candidatos dispuestos a echarse el mundo a la espalda, con lo que pesa.

Y asombra, desde luego también, que ocurra precisamente eso en una sociedad donde, salvo raras y honrosas excepciones, nadie escucha a nadie, nadie socorre a nadie (al que lo hace, se le tilda de tonto o de héroe), nadie mira por nadie, nadie entiende a nadie y nadie confía en nadie.

De súbito, sin embargo, el egoísmo o la misantropía de decenas de miles de españoles se evapora como por efecto de los intermitentes calores de mayo, y la filantropía que proclaman, la mirífica pulsión que les anima al proyecto de laborar incansablemente por el bien de todos los ciudadanos, no importan sus ideas, sus niveles de renta o su adscripción a cualquier otro partido, enmarcan la primavera en un forillo ideal de guarderías gratuitas a mansalva, calles espléndidas, delicadísima atención a los ancianos, aire puro, diversión a raudales, cultura hasta en la sopa, parques tecnológicos y bajada de impuestos.

Los que van a sacrificarse por nosotros así nos saludan, por mucho que los que no se impregnan de esa algarabía de promisión consideren que si en política no se cobrara un duro ni pudiera recibirse tampoco un duro, ni un regalo, ni un nada en cualquiera de las formas de que se reviste el cohecho, y que el servidor público conservara su puesto habitual de trabajo en situación de excedencia, sin más, acaso el número de los titanes que se postulan para dejarse la piel por el bienestar de sus semejantes sufriría una discriminación algo drástica.

Hay que votar, pero da cosa hacer el feo de no votar a todos, con lo que les apetece a todos sacrificarse.

Rafael Torres.