Actualizado 24/07/2007 13:26 CET

Elogio de la disciplina

No se puede ser más políticamente incorrecto que alguien que escribe un libro titulado 'Elogio de la disciplina'. Pero ¿de dónde sale alguien que sostiene que la disciplina, el esfuerzo y los límites a la libertad son condiciones básicas para la educación? Este raro espécimen se llama Bernhard Bueb, es alemán y pedagogo. Para algunos de sus compatriotas es el profesor más severo de Alemania y para otros, una referencia en la desorientación. Bueb está en contra del "Yo, ¡todo! y ya", que piden muchos niños y adolescentes y que sus padres, muchos padres, conceden para no tener problemas.

Añade que "mucha libertad es contraproducente para aprender a ser libre" y que "primero hay que ser autodisciplinado". Asegura que "educar sin autoridad no es educar", que "la disciplina es el fundamento de nuestra cultura", que "la educación oscila siempre entre el cariño y la disciplina, la confianza y el control" y que "el eje de la vida cotidiana de los chicos debe ser el trabajo en común, el deporte, el teatro, la música y las actividades en la naturaleza". Es decir, menos geografía y más cultura, menos vagueo y más aprender a vivir y trabajar en equipo.

Seguramente, el acierto está en el punto medio entre la complacencia y la disciplina, pero no está, seguro, sólo en la disciplina -lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible- ni tampoco en dar todo y mirar hacia otro lado cuando algo nos disgusta para evitar los problemas. Protegemos tanto a los niños y a los jóvenes de todos los riesgos posibles que ni les damos confianza en sí mismos ni les enseñamos, como dice Bueb, que "la suerte es siempre el resultado de un esfuerzo personal y no cae del cielo".

No es de extrañar que el fracaso escolar no sólo no se reduzca en España sino que alcance máximos históricos hasta situarse la tasa de abandono escolar prematuro en el 29,6 por ciento, sólo superada entre los países de la OCDE por Portugal. Unos se van porque no son capaces de seguir un mínimo ritmo de aprendizaje y a otros les tenemos en las aulas contra su voluntad, frenando el avance de los que sí quieren aprender.

En 2005, 130.000 estudiantes salieron de la enseñanza obligatoria sin título alguno, lo que es un fracaso descomunal del sistema educativo. Y, previsiblemente, también sin hábitos de autodisciplina, de esfuerzo, de trabajo, lo que anuncia un fracaso social inmediato. Bueb sostiene que "las mayores amenazas para la educación de los niños europeos están en el bienestar, que genera inercia, permisividad y consentimiento; en la televisión e internet, que fomentan la pasividad y les transmiten a una edad demasiado temprana la violencia, la sexualidad y el materialismo de los adultos; y en la desintegración familiar, que no permite a los padres educar a sus hijos". Y resulta que eso que tenemos entre manos y que cuidamos poco y mal, los hijos, es lo más importante que vamos a dejar al futuro.

Francisco Muro de Iscar

francisco.muro@planalfa.es

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