Actualizado 24/07/2007 13:30 CET

Excusas de vacaciones

Con la hipoteca y la gasolina compitiendo a ver quien sube más de precio con mayor rapidez, un número creciente de españoles se están planeando la posibilidad de no salir de vacaciones este verano y quedarse en casa, donde después de todo y gracias a los adelantos de la vida moderna, pocos son los que ya no disponen de aire acondicionado en el salón y piscina en la comunidad propia o de algún amigo. Pero como no queda bien ante vecinos, familiares o mucho menos compañeros de trabajo admitir que no se puede uno costear el veraneo y tampoco hay quien aguante recurrir a la fórmula de antaño de cerrar puertas y ventanas para justificar una falsa ausencia, este año disponemos de magníficas excusas que conviene aprovechar.

Por ejemplo, el estado calamitoso del mundo. Si en Sao Paulo han muerto 250 personas porque un avión derrapó en la pista de aterrizaje mal drenada, hay que replantearse el viajar en aerolíneas de dudosa reputación a ciudades lejanas con aeropuertos poco seguros. Nueva York también se descarta tras presenciar las imágenes de ese nuevo caos en la ciudad de los rascacielos, total porque se incendió un transformador eléctrico, que es algo que sucede en cualquier ciudad española con mucho menos estrépito. En resumen, viajar a América no parece adecuado este verano.

Hacer turismo en países árabes o con amenaza de los terroristas islámicos tampoco parece lo más conveniente. Recordemos a los ocho turistas españoles muertos por el coche bomba que les explotó en un recodo del desierto del Yemen. Egipto se encuentra en estado de máxima alerta. Nuestro ministerio de Asuntos Exteriores recomienda que no se emprenda viaje en dirección a prácticamente todas las naciones centroafricanas. Y, como hemos visto recientemente en televisión, ni siquiera en un lugar tan civilizado como Londres se puede pasear sin que la policía acordone de pronto la plaza de Picadilly por amenaza de bomba. Para eso nos quedamos en España, donde ya sabemos que los terroristas nos harían volar por los aires en cuanto tuvieran la menor oportunidad.

Y de playas españolas, todavía menos. Ibiza, descartada por lo del fuel que sigue escapándose sin hacer caso a la ministra de Fomento y su pequeño reguero. En la costa del Mediterráneo proliferan las medusas para las que no se encuentra mejor remedio que el tradicional del papá que va recogiendo en un cubito todas las que encuentra en la orilla donde se baña su niño y en la del norte está lloviendo sin parar y los meteorólogos auguran un verano de botas de agua y chubasqueros.

Resumiendo: que como en casa, en ninguna parte. Y, encima, ahorrando en combustible y metiendo en la hucha lo necesario para hacer frente a los desmanes del euribor.

Curri Valenzuela