MADRID, 20 Jul. (EUROPA PRESS) -
La acidificación del océano, una de las consecuencias de cambio climático, podría debilitar las cáscaras de mejillones de California y disminuir su masa, lo que tendría implicaciones serias para los ecosistemas costeros, según han explicado los investigadores del informe 'UC Davis', publicado en el Diario de Biología Experimental.
Los mejillones de California (Mytilus californianus) viven en camas a lo largo de la costa occidental de Estados Unidos, de Alaska a California. Más de 300 especies diferentes comparten estas camas o dependen de los mejillones de algún modo, según el informe presentado.
Así, el profesor de Evolución y Ecología en el Laboratorio Marino Davis Bodega y primer autor del informe, Brian Gaylord, ha asegurado que estos mejillones juegan un papel "ecológicamente crítico", por lo que "una disminución en sus números podría afectar una amplia gama de otros organismos".
En el laboratorio, Gaylord y sus compañeros estudiaron los mejillones desde su fertilización hasta el momento en el que se colocaban en estas camas, criándolos tanto en el agua de mar normal como en aguas con dos condiciones diferentes de acidez. Estos niveles estaban basados en las proyecciones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas. Así, tras la investigación uno de los niveles de ácido continuó con el empleo de combustibles fósiles pesados, mientras que el otro obtuvo un resultado más optimista (agua en estado habitual de acidificación).
Entre los resultados obtenidos, los mejillones jóvenes que se mantuvieron en las aguas más ácidas tenían unas cáscaras más pequeñas, más delgadas, más débiles, así como un tercio menos masa de cuerpo.
Estas cáscaras los harían más vulnerables a depredadores como los cangrejos o los caracoles carnívoros que taladran y aplastan las cáscaras, según asegura el profesor.
También, añade que este menor tamaño dejaría una mayor probabilidad para desecarse en las mareas bajas y que serían menos capaces de soportar el proceso de metamorfosis de una larva libre que vive a un marisco asentado.
En el estudio también han participado el profesor Eric Sanford, el investigador Elizabeth Lenz, el técnico Kirk Sato y la estudiante graduada Annaliese Hettinger, así como todo el Departamento de Evolución y Ecología del Laboratorio Bodega Marítimo, la profesora adjunto Tessa Hill y Lisa Jacobs, del Departamento de Geología y Laboratorio Bodega Marítimo.