Actualizado 25/05/2018 8:21:38 +00:00 CET

"África más allá de las crisis". Por Cristina Bayo, Gestora Cultural de la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso

Fotografía: Pórtico del Palacio del Reino Oku de Camerún (imagen cedida por la F
CEDIDA POR LA FUNDACIÓN ALBERTO JIMÉNEZ-ARELLANO A

Viajar al continente africano sin salir de España, es posible. Para ello, solo hay que adentrarse en uno de los numerosos museos que engloban la ciudad de Valladolid: la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso, que alberga la mayor colección de arte africano subsahariano en terracota a nivel europeo, así como el interesante Reino de Oku.

Pero, ¿por qué fue creado?. Para responder a esta pregunta tenemos que ir hacia atrás en el tiempo, mucho antes de que apareciera el museo, la historia comienza por la labor que, como coleccionistas de arte, realizaron a partir de los años 50 del siglo XX, el matrimonio formado por Alberto Jiménez-Arellano Guajardo y Ana Alonso Cuadrado.

Amantes de las creaciones artísticas y culturales en general y del África Negra en particular, comenzaron a realizar viajes por todo este gran continente, para empaparse de su cultura además de ir adquiriendo en las principales galerías de arte y subastas del mundo obras de este estilo.

A finales del siglo XX, debido al fallecimiento de su hijo, deciden plantear la creación de una fundación donde se recogieran todos los fondos que han ido recopilando durante toda su vida.

Por esta razón, en el año 2004 se origina la Fundación Arellano Alonso, nombre que hace honor a su hijo, también amante del mundo del arte. Su localización se asentó en el Palacio de Santa Cruz de Valladolid del siglo XV, la actual sede de la Universidad de Valladolid, por ser un lugar de conocimiento, estudio y divulgación no solo para los propios estudiantes, sino también para toda la sociedad sin excepciones.

Desde ese momento, la función primordial era mostrar que África es un continente lleno de belleza, cultura, creaciones artísticas inigualables, con una población excepcional, pero que para el occidental resulta prácticamente desconocido a pesar de estar a pocos kilómetros de distancia entre el continente europeo y el africano.

Así, entre el año 2004 y 2010 las salas expositivas llamadas Salón Rectores, Sala San Ambrosio y Galería Etnográfica ya incluían en parte fondos africanos, aunque mezclados con el arte contemporáneo, la otra gran pasión coleccionista del matrimonio.

Mientras tanto, la labor de difusión se iba asentando y acrecentado, tanto a través de contactos con diversas instituciones, como por la apuesta del Programa Educativo, con el que se quería incidir, sobre todo en los más pequeños de la casa, en el valor de conocer nuevas culturas y abrir la mente a otros mundos aparentemente lejanos.

En el año 2012, después de las arduas negociaciones directas que realizaron Alberto y Ana con el rey Fon Sintieh II, llegó el Reino de Oku de Camerún a la Sala de San Ambrosio. El visitante podía introducirse en pleno corazón de África, rodearse de máscaras y objetos rituales, sentir la magia de esta región del Grassland. El monarca, que ya conocía el museo y su función divulgativa y social, pidió al matrimonio que su cultura fuera dada a conocer, cuidada e investigada en beneficio de todos. Quería en definitiva, eliminar tabúes e ideas preconcebidas sobre África y los africanos.

Y esa labor es por la que trabajamos diariamente: eliminar los prejuicios y etiquetas que se han ido conformando a lo largo de los siglos y que han generado un muro mental entre África y el mundo occidental.

Queremos que visitantes individuales, grupos concertados, asociaciones, centros educativos o centros con necesidades especiales, paseen por sus muros para conocer el alma africana más de cerca y adentrarse en una experiencia nueva y enriquecedora.

Pero otra gran pregunta es: ¿cómo podríamos llevar a cabo esta labor? Nuestro planteamiento fue potenciar el Programa Educativo, pero también realizar numerosas actividades, conciertos, charlas, cuentacuentos, investigaciones, conciertos, etc, con la intención de que el público se acostumbre a hablar de África, no solo como algo negativo, sino con una visión positiva.

Este continente es mucho más que conflictos bélicos, corrupción, hambruna, enfermedad y mortandad, que también es la realidad, pero tiene muchos más valores positivos que ofrecer.

Cristina Bayo Fernández es Gestora Cultural de la Fundación Alberto Jiménez-Arellano Alonso ('www.fundacionjimenezarellano.com').