Publicado 25/12/2020 10:41CET

"La cara oculta de las Navidades". Por José María Jiménez Ruíz, vicepresidente del Teléfono de la Esperanza

Detalle de un jarrón de flores y un libro sobre una mesa de una de las estancias del Centro de Mayores Vitalia Canillejas, la primera Residencia de cuidados COVID para personas mayores, habilitada por la Comunidad de Madrid, en Madrid (España), a 16 de oc
Detalle de un jarrón de flores y un libro sobre una mesa de una de las estancias del Centro de Mayores Vitalia Canillejas, la primera Residencia de cuidados COVID para personas mayores, habilitada por la Comunidad de Madrid, en Madrid (España), a 16 de oc - Óscar J.Barroso - Europa Press - Archivo

   Las celebraciones navideñas son propicias para que afloren un sinfín de emociones. Son fiestas que invitan a la alegría, pero también en las que las añoranzas, los sentimientos de soledad y la tristeza tienden a hacerse más presentes. Muchas personas experimentan una gran disonancia entre lo que nos trasmiten los estímulos exteriores (festejos, reuniones familiares, cenas de empresa, compras, regalos, etc.), que, de alguna manera, parecen "obligarnos" a estar alegres, y las emociones internas, teñidas de melancolía y de nostalgias. Es en esta época, de reuniones familiares y fiestas, cuando más dolorosas se hacen las ausencias. Nunca se está preparado para la muerte de un ser querido, sobre todo cuando ésta se produce de forma inesperada. La primera Navidad tras una pérdida de esta naturaleza es frecuente que desencadene una catarata de emociones, de una intensa tristeza, ligadas a la visión de una silla vacía.

   Dado el número de fallecimientos durante la pandemia y la forma traumática en que éstos se han producido es previsible que una parte importante de la población española tenga que afrontar en estas fiestas navideñas un doloroso proceso de duelo por la muerte de un ser querido del que, en no pocos casos, no hubo ni siquiera el sanador consuelo de haberse podido despedir. El duelo, en sí mismo, no es una patología, sino un proceso de adaptación a la nueva situación. Sin embargo, no siempre cursa de manera sana. De hecho, según un estudio de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, una de cada seis personas que pierde a un ser querido desarrolla una depresión al año siguiente.

   El llanto, la rabia o la melancolía son respuestas normales a la pérdida sufrida y forman parte del proceso de curación de las heridas que ésta ha dejado en el alma. El problema se agudiza cuando estas emociones entran en conflicto con el ambiente festivo propio de las celebraciones navideñas y de fin de año haciendo más difícil el afrontamiento de lo que los psicólogos y terapeutas conocen como "síndrome de la silla vacía".

   En el pasado, cuando predominaba el modelo familiar extenso, la familia realizaba una función amortiguadora frente a los "golpes de la vida" y de contención de las crisis vitales. Sin embargo, en la actualidad, en muchos casos, el individuo en crisis se siente muy solo. Si a esto añadimos este año las dificultades de movilidad derivadas de las restricciones impuestas como consecuencia de la pandemia, la situación puede agravarse.

   No hay formas correctas o incorrectas, ni recetas mágicas, ni soluciones infalibles para afrontar la Navidad cuando el corazón está lleno de dolor y de recuerdos de un ser querido perdido. En fechas tan especiales como estas es fundamental ser muy comprensivo con uno mismo y respetuoso con los propios sentimientos, tristeza, rabia, culpa, dándose permiso para expresarlos pues es bien sabido que negarlos es una forma equivocada de acrecentar el sufrimiento. Los buenos recuerdos de quienes ya no están a nuestro lado contribuirán, igualmente, a resituarlos en el universo emocional del que, aunque de forma distinta, podrán seguir formando parte.

   Cada persona vive y expresa el duelo a su manera. Sentirse acompañado por familiares o amigos a los que queremos y que nos quieren, así como mantener con ellos una comunicación abierta en un contexto de respeto y escucha sincera será fundamental durante este momento.

   En cualquier caso, queremos recordar que, durante todas las fiestas navideñas, la línea del Teléfono de la Esperanza se mantendrá a disposición de quienes se sientan solos o no tengan con quien compartir sus emociones. Sus voluntarios y voluntarias, especializados en la escucha activa y formados para activar las capacidades de las personas en crisis, atenderán las llamadas de este servicio, que funciona las 24 horas día, todos los días, incluidos Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. Si te encuentras sólo, si te encuentras sola, no dudes en llamarlos. (954 576 800 - 717 003 717).

   José María Jiménez Ruíz es el vicepresidente del Teléfono de la Esperanza.

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