Monteserín Fotografía-Entreculturas - ENTRECULTURAS
El mundo está cambiando. En España, en Europa, la mayoría no hemos vivido una guerra ni bajo una dictadura. Crecimos demandando la abolición del servicio militar obligatorio, creíamos avanzar hacia un mundo mejor. Había guerras, sí, en otros lugares. Dictaduras también, en otros mundos, pero mejorarían, como lo había hecho el nuestro. Tal vez esta sea una percepción eurocéntrica, porque si pensáramos un segundo, cualquiera recordaría una larga lista de guerras, genocidios, escaladas de conflictos y crisis internacionales desde el final de la II Guerra Mundial hasta 2020. Algunas de ellas en el corazón de Europa.
No obstante, los avances tras las guerras mundiales y hasta la pandemia son innegables. Como lo es el hecho de que se produjeron al calor de la extensión del derecho a la educación. A mediados del siglo XIX, más del 90% de los niños, (no digamos de las niñas), no iban a la escuela. Si bien a comienzos del siglo XX entre el 75% y el 80% seguían sin escolarizar, tras la II Guerra Mundial y la creación de la UNESCO, la cifra se redujo al 50% y al finalizar el siglo, el porcentaje había decrecido muy significativamente. Aún así, el aumento de la población mundial dejaba una cifra difícil de soportar, toda vez que la educación se había consolidado como un derecho humano. En 1990, 390 millones de niños, niñas y jóvenes estaban fuera de la escuela, pero, con el gran impulso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para 2010 se había reducido a 260. La intuición de avance no estaba tan desatinada.
Sin embargo, el mundo pospandémico parece estar dando un giro. En la actualidad, debido a las consecuencias del cierre de los colegios y al aumento de los conflictos, el número de niños, niñas y jóvenes que ven negado su derecho a la educación ha vuelto a aumentar y se ha quedado estancado en 272 millones. El 11 de julio de 2024 en el Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas preparatorio de la Cumbre del Futuro, el Secretario General de las Naciones Unidas aludía a la existencia de una crisis mundial de la educación y a la necesidad de un cambio drástico para dar forma a un mundo más pacífico, sostenible y justo.
¡Qué osadía hablar hoy de Naciones Unidas, de Cumbres y de Futuro, cuando el orden mundial que creíamos, con razón, conducente a un mundo mejor parece estar cabeza abajo! Tal vez a quienes formamos parte de esta generación nos toque optar por la osadía.. En 2015, la comunidad internacional asumió un nuevo compromiso con el derecho a la educación. El Objetivo 4 de la Agenda de Desarrollo Sostenible planteó "garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida" antes de 2030. Para ello, concretó diecisiete metas que van desde la educación infantil a la formación profesional, pasando por la no discriminación de los colectivos más vulnerables, la equidad de género y la ciudadanía global.
En la ONG Entreculturas analizamos los avances y retos de cada una de ellas en el informe Lo prometido es deuda. Las conclusiones de este informe, al igual que la Historia del siglo XX, muestran que es posible avanzar cuando se suman voluntades y se toman las medidas adecuadas. Ha habido progreso en la escolarización primaria; sin embargo, cuatro de cada diez adolescentes corren el riesgo de no terminar la secundaria. En África Subsahariana se ha dado una importante mejora en la formación profesional: de un 5% de jóvenes matriculados en 2010 se ha pasado a un 12%. No obstante, el 37% de los niños y niñas del mundo no alcanzarán niveles básicos en competencia lectora y faltan 44 millones de docentes. Además, los colectivos vulnerables son doblemente discriminados: más de la mitad de los niños, niñas y jóvenes refugiados están fuera de la escuela.
A pesar de todos estos retos, el derecho a la educación parece estar cayendo en el olvido. No figura en las agendas con el impulso de antaño, adolece de una carencia continua de financiación pública, crecen las fórmulas privadas lucrativas que no garantizan el acceso y la calidad necesarias. Incluso la educación en contextos de emergencia parece estar iniciando un retroceso pese a tener la capacidad de salvar vidas, tal y como señala la relatora especial de Naciones Unidas para el derecho a la educación en su último informe de octubre de 2025.
La Historia nos enseña que cuando la educación avanza el mundo es un lugar mejor. La educación permite acceder a otros derechos, promueve el desarrollo económico, la igualdad entre hombres y mujeres, la paz y la democracia. Tal vez quienes hemos vivido dando ambas por sentadas, debamos ahora defender el derecho a la educación y ser conscientes de lo que está en juego.
Por Irene Ortega Guerrero, directora del Área de Ciudadanía de la ONG Entreculturas