El término 'emprendedor social' fue acuñado hace más de 25 años por Bill Drayton, fundador de Ashoka, para definir a una especie particular del género emprendedor, aquél que combina el temperamento incansable, la visión, la determinación y los métodos pragmáticos y orientados a resultados de los emprendedores de negocios (capaces de transformar industrias enteras), con las metas y la calidad ética de los grandes reformadores sociales.
En definitiva, una persona comprometida que pone en marcha iniciativas novedosas y transformadoras, que impulsa utilizando una combinación de cualidades personales como visión, creatividad, atención a los resultados, determinación, perseverancia, flexibilidad, capacidad de persuadir de otros, etc.
Apoyar la capacidad emprendedora en el ámbito social fue una de las razones para la creación de Ashoka en 1981; sin embargo el trabajo sobre el terreno y la experiencia han demostrado que además de una persona emprendedora se necesita una idea innovadora que cambie los patrones de trabajo y conducta en un campo de acción determinado para que se produzca una verdadera transformación social.
La clave de la innovación no sólo reside en una idea nueva y brillante, sino también en la íntima relación de ésta con una persona emprendedora, capaz de llevarla de la esfera de los sueños a la realidad. No puede funcionar la una sin la otra, porque el emprendimiento está siempre fuertemente ligado a la innovación, pues ésta es la clave del éxito o la verdadera responsabilidad de los emprendedores: producir nuevos servicios y productos, o producirlos de una manera nueva, más eficaz, llegando a nuevas personas y a nuevos mercados.
En el ámbito de la innovación España se encuentra a la cola de Europa --en el puesto 16 de los 25 estados de la Unión según un Ranking elaborado por la Comisión Europea-- y es precisamente en la relación entre la innovación y espíritu emprendedor donde España tiene peores marcas en comparación con sus socios europeos (descendiendo en este ranking hasta el puesto 22).
Cuando no hay emprendimiento ni innovación incluso la empresa más exitosa deja de crecer y de avanzar, y lo mismo ocurre con cualquier sociedad, por desarrollada y estable que parezca. El progreso es insostenible ya que para sostenerse hay que crecer, no en el sentido económico del término "más", sino en el sentido más profundo de "mejor".
La innovación social es posiblemente la característica principal que distingue al Emprendedor Social de Ashoka de otros emprendedores sociales. Ashoka busca las iniciativas que tienen el potencial de cambiar esas pautas y patrones desde sus bases fundacionales, esas relaciones e incluso las fuerzas impulsoras de las mismas. Una idea que al ser llevada a la práctica resulte sencilla, flexible, versátil y atractiva, y siempre fundamentada en principios y valores significativos, ya que debe ser capaz de cambiar la forma en la que una sociedad entera percibe y define un tema en particular.
Un ejercicio constante para comprobar si una nueva idea realmente tiene la capacidad de cambiar pautas y patrones es preguntar el por qué de las cosas, llegando hasta el problema principal, las causas de éste y, esencialmente, la causa raíz que ha afectado todo el sistema provocando los resultados negativos que somos capaces de ver y medir --los síntomas e indicadores--.
Hallada una idea que tiene el objetivo de cambiar las pautas y patrones de un sistema, es necesario que también tenga el atributo de ser asumida y llevada a cabo por otros, pues su alcance va más allá de la capacidad de una sola persona.
Es por esto por lo que hay que saber distinguir entre las "buenas ideas", de las realmente innovadoras. El emprendedor debe poder soñar, debe ser capaz de ver más allá de la realidad actual, pero a su vez debe poder realizar un análisis exhaustivo de su idea, del problema que está abordando, de su estrategia para solucionarlo, etc. Todo esto tiene que depender lo mínimo del emprendedor para ser desarrollado, es decir la idea deber tener el potencial de que una vez probada, otros la asuman como norma.
Para identificar una verdadera innovación social hay que partir siempre del análisis de la problemática a la que se está intentando dar solución. Un análisis exhaustivo del sistema completo es esencial.
Tenemos que observar los síntomas --las consecuencias obvias que percibe la sociedad, aquellos elementos que podemos medir, generalmente aquellos que causan la alarma social y son motivo en muchas ocasiones de portadas en los periódicos--. Después, debemos analizar los problemas y qué comportamientos o acciones funcionan mal y habría que cambiar.
Posteriormente necesitamos entender las causas: por qué se dan esos comportamientos, para averiguar las causas raíz: qué está "enquistando" el sistema de esta manera.
En la experiencia de Ashoka cuando una persona emprendedora tiene claras las causas raíz de un problema y pone en marcha con éxito estrategias innovadoras para resolverlas, consigue una transformación sistémica que no tiene marcha atrás, que se mantiene en el tiempo, sin la necesidad de que el emprendedor la siga "empujando", ya que son en muchos casos asumidas por otras instituciones o personas.
Pero llegar a este tipo de análisis tan profundos y planteamientos tan elaborados no es sencillo. Requiere de la paciencia y determinación de un emprendedor y de su obsesión por transformar aquello que no funciona.
En muchos casos la atención y los esfuerzos de organizaciones e instituciones están enfocados en trabajar en los síntomas o en los problemas más obvios, anteponiendo lo "urgente" a lo "importante".
Los emprendedores sociales sin embargo son capaces de, sin obviar la urgencia, tener la paciencia y templanza para diseñar nuevos sistemas para convertir el "círculo vicioso" que provoca una problemática social en un "círculo virtuoso" que da solución a dichos problemas que están afectando a un grupo social o a la sociedad en su conjunto.
Jerónimo Aguado 'Jeromo', Emprendedor Social de Ashoka en 2007, está dando una solución innovadora al problema del despoblamiento rural en España. Nació y ha vivido siempre en la comarca de Tierra de Campos, en Castilla y León, por lo que ha podido vivir muy de cerca el problema que él considera intrínsecamente ligado a la inestabilidad económica y a la falta de oportunidades tanto económicas como sociales en el mundo rural. Vio que, a pesar de que muchas personas quieren vivir en el campo, no lo hacen pensando que es imposible sobrevivir allí, por miedo a perder las oportunidades sociales, laborales y culturales que las ciudades parecen ofrecer.
Y es que la falta de ejemplos visibles y positivos de modelos de vida sostenible en el campo era una de las causas raíz del problema, ya que aun existiendo, las experiencias quedaban generalmente ocultas, debido entre otros factores a la situación de aislamiento en la que se encuentran muchos pueblos de España.
A partir de ahí Jeromo desarrolló su estrategia y puso en marcha el proyecto de Amayuelas (en Palencia) para la recuperación de un pueblo semiabandonado, como 'Banco de Pruebas' de iniciativas de desarrollo rural exitosas, prestando especial atención a la recuperación y transmisión del conocimiento tradicional de estas regiones. Jeromo buscó después otras iniciativas viables y sostenibles de toda España y las ha conectado en red a través de la 'Universidad Rural Paulo Freire' cuyo contenido gira entorno a la formación y el conocimiento.
Conchi Gallego es periodista de formación y ha trabajado como directora de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Algete (Madrid) y anteriormente en el Portal Europeo de Jóvenes de la Comisión Europea. Actualmente es la responsable de Comunicación de Ashoka en España desde enero de 2006.