"Las empresas se atreven a cambiar el mundo". Por Ana Muñoz, presidenta de Fundación Integra

Europa Press Sociedad
Actualizado: miércoles, 9 julio 2008 13:11

La exclusión social es una realidad compleja que se puede abordar desde distintos puntos de vista, siendo el del empleo el que tiene gran influencia en el proceso de normalización e integración de las personas en la sociedad. Por esto creemos que los responsables de RRHH de las empresas tienen un papel muy destacado, pues tienen a su mano contribuir a recoger a estas personas que se encuentran "descolgadas" de la sociedad.

Aquellas personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y a las que un puesto de trabajo les hace recuperar la autoestima, dignidad y seguridad que han perdido en el camino y sentir que su valor no radica en lo que fueron ni en la visión que de ellos tuvo la sociedad bajo unas circunstancias determinadas, sino en lo que son como personas y en lo que pueden ser para los demás, en su capacidad de nuevo compromiso con la vida, con sus trabajos, con sus familias, con ellos mismos.

Su trabajo desde los RRHH de la empresa consiste en cumplir los objetivos tradicionales de generación de riqueza y empleo, pero al mismo tiempo, tienen la posibilidad de ayudar a las personas que se quedaron "descolgadas" en el sistema capitalista que nos ha tocado vivir.

Su implicación y apuesta en la inserción laboral se basa en dos principios básicos: un principio de renuncia, al candidato ideal que 'a priori' pudiera tener el mejor CV en favor de personas con una carta de presentación desalentadora pero con actitud y aptitudes para desarrollar ese trabajo, y, consecuentemente, un principio de confianza en el ser humano, que incluso desde circunstancias de deterioro personal es capaz de salir adelante.

Esto permite dejar a un lado los prejuicios previos, que engañan, según avala la experiencia de Fundación Integra. Esta experiencia dice que los candidatos de Integra que consiguen un trabajo responden exactamente igual que el resto de sus compañeros, obteniendo en un 80% de los casos una valoración positiva de sus superiores.

Y es que la incorporación a un trabajo normalizado, después de haber estado un tiempo en colectivos marginales, supone la auténtica inyección de autoestima que necesitan para recuperar su vida.

Es comprensible que la empresa se ponga en guardia al hablar de candidatos a un trabajo que proceden de la cárcel, o son exdrogodependientes. Pero cabría recordar que esas personas han desarrollado paralelamente a su problema unas capacidades que son muy importantes para el trabajo, y no digamos para la vida, por ejemplo, los reclusos han desarrollado ciertas habilidades como trabajo disciplinado, los toxicómanos una gran fuerza de voluntad y conocimiento de si mismos. Superar algo así dice mucho de una persona.

Otra cuestión muy importante es el efecto multiplicador que la normalización laboral del hasta ese momento excluido tendrá en su entorno. No sólo mejorará él, sino también su familia y muchos de los que le rodean. La inversión en capital humano se verá multiplicada. Así, si es cierto que cada persona tiene un valor infinito, cada acción con cada persona que en algo mejore la vida personal tendrá un valor infinito. Y persona a persona podremos hacer nuestra aportación y cambiar la sociedad.

Tenemos que intentarlo y atrevernos a cambiar el mundo. "Nadie cometió un error más grande que el que no hizo nada porque sólo podía hacer muy poco" y "sólo un fruto no crecerá nunca: el de la semilla no sembrada" son las frases optimistas con las que quiero terminar, animando a las empresas a poner su granito de arena en la ardua labor de devolver a todos el lugar que tienen en la sociedad.

Ana Muñoz de Dios, presidenta de Fundación Integra.

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