"Ideas que transforman: la juventud como motor de cambio social". Por Fundación ONCE

Ana Juviño Prego, técnica de la Dirección de Formación y Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE.
Ana Juviño Prego, técnica de la Dirección de Formación y Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE. - FUNDACIÓN ONCE
Europa Press Sociedad
Publicado: viernes, 2 enero 2026 10:04

   Hay generaciones que crecen escuchando que el futuro es suyo. Lo que rara vez se escucha es que también lo es el presente. Y, sin embargo, ahí están: jóvenes que observan, cuestionan y se atreven a imaginar soluciones donde otros solo ven inercias. Si algo les falta no es ambición ni sensibilidad social, sino espacios donde sus intuiciones puedan convertirse en ideas transformadoras.

   La juventud convive con la diversidad con una naturalidad que todavía incomoda a muchos adultos. Trabajar codo con codo con personas con diferentes realidades, experiencias o ritmos no es, para ellos, una declaración de principios, sino una forma de estar en el mundo. De esa mezcla surgen miradas más amplias, preguntas más profundas y una manera de construir que se basa menos en competir y más en cooperar. Cuando se les permite trabajar así, el resultado no es solo un proyecto: es un aprendizaje vital sobre liderazgo compartido, escucha activa y la valentía de equivocarse sin miedo.

   Una de las cualidades más poderosas de esta generación es que no se conforma con detectar problemas: intenta entenderlos. Les importa de dónde vienen, a quién afectan, qué consecuencias tienen y, sobre todo, qué margen de acción existe. Esa actitud -muchas veces más lúcida que la del propio mundo adulto- es la que convierte una idea en una semilla de transformación. A poco que reciban acompañamiento o que alguien les tome en serio, lo que surge es sorprendente incluso para ellos mismos.

   También quienes los acompañan descubren algo revelador: que guiar no es dirigir, que orientar no es controlar, y que abrir espacio para que una idea crezca exige tanta paciencia como confianza. Los jóvenes no necesitan que pensemos por ellos, necesitan que dejemos de hacerlo en su lugar.

   Vivimos tiempos en los que se repite que la juventud está desconectada, desinteresada o dispersa. Pero basta observar cómo trabajan cuando se les da un marco fértil para comprobar que esas etiquetas no hacen justicia. Lejos de la apatía que se les atribuye, encontramos compromiso, creatividad y una madurez que a menudo sorprende. Lo que piden no es permiso: es una oportunidad.

   En ese contexto, iniciativas como X Talento Challenge cumplen una función necesaria, pero no porque marquen un itinerario, sino porque abren un espacio. No buscan convertirse en protagonistas, sino en catalizadores: un lugar donde una intuición juvenil pueda empezar a tomar forma y recordarnos que la innovación social también nace de un aula, de una conversación entre iguales o de una pregunta lanzada a tiempo.

   Necesitamos confiar en esa mirada joven que cuestiona lo que parece inamovible y que imagina lo que aún no existe. Porque cuando se les escucha de verdad, las ideas dejan de ser teoría y se convierten en algo mucho más valioso: una fuerza capaz de transformar vidas.

   Por Ana Juviño Prego, técnica de la Dirección de Formación y Empleo, Operaciones y Estudios de Fundación ONCE.

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