A diario me preguntan si "la situación de las mujeres" ha mejorado, cuáles son los desafíos, cuánto queda por hacer. Y, cuando aparecen estudios, informes, estadísticas, la atención se profundiza porque alguien apunta y deja desnudos los números "que nos tocan".
La crisis han sido siempre un excelente paraguas para desandar lo hecho, para volver el reloj a tiempos que nos hacen sentir en el día de la marmota.
El problema es: ¿qué hacemos cuando no existe la presión del "algo habrá que hacer". Entonces salta la alerta: no existe una visión lo suficientemente amplia para mirar las cosas en perspectiva y mucho menos, sostener la urgencia por cambiarlas. ¿Con qué visión entonces, estamos educando a esos niños y niñas que deberían ocuparse de otros temas porque se sienten libres de elegir y son ya el principio del cambio?.
¿No se nos ocurre nada mejor que condicionar a las nuevas generaciones con patrones culturales obsoletos?.
Me aburro, me enfado, sigo la pelea. O al revés. Y entonces la tormenta me encuentra tendida. Hasta que vuelvo a levantarme porque se hace tarde y hay muchísimo por hacer.
McKinsey, KPMG, Grant Thornton, Accenture, The Boston Consulting Group, Deloitte, etc, suelen arrojar luz cada vez que emiten un nuevo informe sobre el tema. Ninguno desmiente los efectos de la diversidad y de la inclusión de talento femenino en los buenos resultados de las compañías. Pero siento que ya ha pasado la hora de explicar por qué somos buenas, o por qué nos necesitan. Allá cada cual --empresas, organizaciones, personas-- con su afición por seguir siendo rancias y perder la perspectiva del futuro aciago con el que tendremos que convivir.
¿A alguien se le ocurre explicar por qué los hombres blancos, de 1,70, calvos y entrando en la setentena deben estar presentes y tomar las decisiones que más afectarán nuestra vida en los próximos 20 años?.
No es porque lo diga Goldman Sachs, pero como impone, lo repito: "las mujeres representan sobre el 40% de todos los empleados, pero solo el 6% de las direcciones ejecutivas". Y no hablo de las mujeres consejeras porque empiezo a bostezar y otra vez, hay mucho por hacer.
¿Es normal que en tiempos en que la gran palabra es incertidumbre, nos aferremos a lo que sabemos y aprendimos en lugar de preguntarnos qué hay de nuevo?.
Yo apuesto por escuchar a quienes todavía atraviesan ese campo de flores y monstruos que es la infancia, porque tienen intacta la curiosidad, que es lo que nos puede salvar. Podríamos escuchar, intentar responder, o repreguntar y encontrar mejores respuestas. O las preguntas adecuadas para que las respuestas sean otras. Que nos sorprendan y aparten por un rato --el suficiente-- del ruido abismal de las conversaciones vacías, donde todo está dicho, porque alguien lo respondió hace siglos y nadie osó contradecirlo.
Cada vez me cercioro más de hasta qué punto avanzamos a fuerza de percusión. Porque la convicción no alcanza. Y vamos con demora.
Si algo cambia, aunque como la marea, suba y baje, es porque hay una
sociedad que lo exige y porque muchísimas mujeres han peleado por estar en el lugar que se merecían, abriendo puertas con generosidad y valentía a las que venían detrás.
"Esto de las mujeres" está empezando a preocupar a los hombres. Es decir, se escapa de la agenda de género, para ubicarse en una necesidad de hombres y mujeres que aspiran a vivir en una época en la que estén a gusto. Elegir lo que quieren ser sin responder a mandatos y estereotipos.
Cada vez más, algunos cuantos hombres se percatan de que "esto" por lo que peleamos, los beneficia también a ellos. Y se sacuden la modorra, poniendo en entredicho ese ladrillo de verdades con las que crecieron. Lo hacen por sus hijas, o por las mujeres que tienen cerca, por las que conocen, descubren, respetan... y por ellos mismos.
Son los que en la última edición de Top 100 Mujeres Líderes, y seguramente volverá a suceder en esta que está en marcha, rompieron las estadísticas de años proponiendo a mujeres notables, que merecen reconocimiento y que deberían tener la oportunidad de que se las conozca, de ser referentes.
Si hombres y mujeres camináramos de la mano, nos conmovería que ésta
fuera una sociedad donde los sueños de ambos tuvieran la misma importancia. Convertirla en un lugar donde quedarse. Sin estereotipos ni roles asignados. Con libertad y en la mejor compañía.
Mercedes Wullich es directora de Top 100 Mujeres Líderes en España,
Aceleradora de mujeres.