Publicado 30/04/2026 12:37

Un estudio impulsado desde Málaga explica por qué reaparece la evitación tras la terapia de ansiedad

Un estudio impulsado desde Ibima sobre por qué reaparece la evitación tras la terapia de ansiedad.
Un estudio impulsado desde Ibima sobre por qué reaparece la evitación tras la terapia de ansiedad. - IBIMA

MÁLAGA 30 Abr. (EUROPA PRESS) -

Una nueva investigación liderada por Pedro Luis Cobos y Francisco José López, del grupo 'Cognición Causal' de Ibima Plataforma Bionand y el Departamento de Psicología Básica de la Universidad de Málaga (UMA), junto a Paula Balea, del Departamento de Psicología de la Universidad Rey Juan Carlos, aporta nuevas claves para mejorar la eficacia de los tratamientos actuales contra la ansiedad y explica por qué reaparece la evitación tras la terapia.

Así lo han explicado desde Ibima en una nota, en la que han señalado que la evitación "es uno de los síntomas más incapacitantes de los trastornos de ansiedad" y puede adoptar formas muy diversas: dejar de acudir a una reunión social, evitar determinados lugares, cambiar trayectos habituales o depender constantemente de alguien "por si acaso".

Según han explicado, aunque estas conductas reducen el malestar a corto plazo, "a largo plazo mantienen el problema, ya que la persona nunca llega a comprobar que sus temores no se corresponden con un peligro real", han asegurado.

El estudio, publicado en la revista científica Behaviour Research and Therapy, analiza en profundidad la denominada "extinción con prevención de respuesta", el procedimiento experimental en el que se basa la terapia de exposición, considerada el tratamiento psicológico más eficaz para muchos trastornos de ansiedad. Esta técnica consiste en exponer a la persona al estímulo que teme --por ejemplo, un espacio cerrado o una situación social-- e impedir que realice su conducta habitual de evitación.

De este modo, han añadido, el cerebro "aprende progresivamente que la situación no es peligrosa". Sin embargo, la investigación revela que no todas las conductas de evitación desaparecen con la misma facilidad, ya que, han apuntado, "aquellas que no implican un coste evidente para la persona tienden a reaparecer con mayor probabilidad".

Para comprender este fenómeno, el equipo realizó un experimento con 134 participantes en un entorno de laboratorio controlado. Durante la prueba, los voluntarios aprendieron que podían evitar un sonido desagradable pulsando un botón. La clave del estudio fue introducir una variable diferencial: en algunos casos, pulsar el botón no tenía ninguna consecuencia adicional (evitación sin coste), mientras que en otros implicaba perder puntos virtuales acumulados durante la tarea (evitación con coste).

Los resultados fueron "contundentes", han asegurado, ya que cuando evitar tenía un coste, las respuestas de evitación se redujeron "de forma drástica". Pero lo más relevante ocurrió después, en la fase de extinción --equivalente experimental de la terapia de exposición--. La intervención logró eliminar con éxito las conductas de evitación que implicaban un coste. En cambio, aquellas que no suponían ninguna pérdida tangible "reaparecieron con mayor facilidad".

Este hallazgo tiene importantes implicaciones clínicas, han señalado los investigadores, al apuntar que muchas conductas habituales en los trastornos de ansiedad, como tomar medicación de forma innecesaria, buscar compañía constante para sentirse seguro o evitar pequeñas situaciones sin que ello suponga un perjuicio inmediato, no tienen un coste evidente a corto plazo. Precisamente por eso, pueden ser más resistentes al tratamiento y reaparecer con el tiempo.

CLAVES PARA MEJORAR LA TERAPIA

Los resultados ofrecen orientaciones directas para la práctica clínica. "Nuestros hallazgos sugieren que trabajar en consulta los costes reales de la evitación puede ayudar a promover estrategias de afrontamiento más adaptativas", explican los autores; "cuando el paciente toma conciencia de lo que pierde al evitar --en términos de autonomía, oportunidades, bienestar o calidad de vida-- disminuye la probabilidad de recaída, incluso aunque persista cierto miedo residual".

El estudio demuestra que no es necesario eliminar por completo el miedo para reducir la evitación, "basta con que afrontar resulte más beneficioso que evitar". Además, la investigación exploró la influencia de variables de personalidad como la intolerancia a la incertidumbre, un rasgo estrechamente vinculado a la ansiedad.

También han indicado que las personas con mayor dificultad para gestionar situaciones inciertas reaccionaron con más intensidad ante la introducción de un coste, llegando en muchos casos a preferir enfrentarse a un estímulo desagradable que no generaba incertidumbre alguna antes que asumir una pérdida incierta.

El trabajo subraya la importancia de que los terapeutas ayuden a los pacientes a identificar los costes reales de sus conductas de seguridad, que a menudo parecen "gratuitas" pero que, a largo plazo, perpetúan el miedo y limitan la independencia personal. "Incorporar costes artificiales o reforzar la conciencia sobre las pérdidas que genera la evitación podría ser una estrategia útil para mejorar el éxito de las intervenciones clínicas", concluyen los investigadores.

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