Daniel Ramírez - EDITORIAL ESPASA
BILBAO, 20 Mar. (EUROPA PRESS) -
El periodista Daniel Ramírez (Pamplona, 1992) acaba de publicar su primera novela, "Los días que no existieron", thriller construido con técnica de reportaje clásico donde, sobre el transfondo de la violencia de ETA en Euskadi y la confesión de su abuelo de que fue extorsionado por la banda terrorista, indaga en paralelo acerca de la presencia anónima de nazis refugiados en España tras la II Guerra Mundial.
En una entrevista a Europa Press, Ramírez explica que la presencia de esas dos violencias en su novela responde a dos circunstancias muy concretas, la primera de ellas, surgida a raíz de que una fuente puso en sus manos unos papeles sobre la ubicación de los nazis que se refugiaban en España bajo identidad falsa.
En torno a esa parte de la trama, Ramírez ideó a su protagonista Julia, una especie de 'alter ego' del autor en forma de "una periodista que persigue y encuentra a un viejo alemán con un pasado misterioso, con cuentas pendientes por crímenes de lesa humanidad cometidos en España".
Por otro lado, tal y como detalla a Europa Press, la parte más personal del relato, en torno al terrorismo de ETA, le llegó ya inmerso en la escritura de la novela, tras confesarle su abuelo de 95 años que fue extorsionado por ETA, "algo que no había contado a mi madre ni al resto de sus hijos", recuerda.
Según explica el autor, que vivió de niño en San Sebastián, "esa revelación provocó en mí una revisitación catártica de mis recuerdos. Tuve que procesar y entender que el abuelo feliz que se tiraba en el suelo a jugar con sus nietos era, al mismo tiempo, un hombre que debía salir de su casa cada día a horas distintas y que tenía que salir a mirar corriendo el buzón por si llegaban más amenazas para que no las vieran los demás", confiesa.
Según relata, esas sensaciones le llevaron a convertir a Julia en la nieta de un asesinado por ETA ya que considera que "las mejores novelas se escriben con verdad; y porque esas sensaciones que yo tenía me parecieron tan potentes que quise hacer literatura con ellas".
Ramírez regresó a San Sebastián para tomar notas, hacer investigaciones y recrear la ciudad actual con relación a sus recuerdos, de forma que luego le ayudaran a "construir con verosimilitud a mis personajes".
De hecho, la revelación de la extorsión a su abuelo le llevó a empezar la novela de nuevo y darle otro enfoque, de forma que para reconstruir ese mundo se entrevistó con terroristas arrepentidos, con el último ministro de Franco vivo, con mercenarios del GAL, y con muchas víctimas de ETA, claves que completa con su propia historia personal.
El País Vasco es continuamente uno de los escenarios principales de la novela y la novela transcurre gran parte del tiempo en la capital guipuzcoana. De hecho, Ramírez sitúa el asesinato del abuelo de la protagonista, eje central de la trama, "en plena calle Easo justo antes de llegar a La Concha".
Preguntado por si había usado a la periodista protagonista como 'alter ego' para indagar en sus propios recuerdos, sentimientos o fantasmas, Daniel Ramírez entiende que "la ficción permite rellenar los huecos que no nos permite rellenar tantas veces la realidad".
De esta forma, añade, "Julia cumple el sueño de tantos periodistas de encontrar a un viejo nazi y arrimarlo al precipicio para hacerle las grandes preguntas sobre la banalización del mal", mientras, a su vez, "en el plano personal, recorre el camino que intentan recorrer tantas víctimas de ETA con asesinatos aún sin resolver".
Así, la inminente prescripción del asesinato de su abuelo "funciona como motor narrativo", de forma que, prosigue, "han pasado veinte años, esa fecha se acerca y eso me permite dar un ritmo muy vertiginoso a la novela", ya que, "conforme pasan los días, en esa persecución del viejo alemán, ella va a ir encontrando razones, inspiración y motivos para determinarse, al fin, a resolver el asesinato de su abuelo".
BOMBARDEO DE GERNIKA
En cuanto a la trama sobre los nazis, Ramírez tiró del hilo de los supervivientes del bombardeo de Gernika. Para reconstruirlo, se entrevistó con la hija de uno de los pilotos nazis que bombardeó la ciudad vizcaína y con una víctima del bombardeo.
En paralelo, se entrevistó con ciudadanos centroeuropeos que sobrevivieron a la ocupación nazi y con soldados de la división azul que le contaron cómo eran los nazis en la distancia corta. "Para mí, era muy importante escribir lejos de los estereotipos, he querido escribir con la mayor veracidad posible" precisa el periodista, que trabaja, entre otros medios, en "El Español" y "Onda Cero".
Preguntado por si con el título 'Los días que no existieron' buscaba aludir al silencio que rodeaba los años en los que ETA mataba y que rodeaba el día a día en Euskadi, el autor explica que "el título es una metáfora de muchas cosas y, una de ellas, es la violencia política que pervive en el tiempo y que sobrevive siempre gracias a una gran complicidad social, tanto la de las dictaduras como la de las bandas terroristas".
En cuanto a cómo había encontrado San Sebastián respecto a la ciudad en la que vivió, Ramírez señala que "han sido muchos veranos instalándome en San Sebastián y tomando notas para la novela, a los que he sumado mis recuerdos de infancia y juventud".
Con esos mimbres, prosigue, "he cartografiado la ciudad de hoy, pero también la de entonces, la ciudad del miedo y del silencio espeso" que, tal y como aclara, no era "típico sólo de San Sebastián, sino de todos los lugares de Navarra y del País Vasco entonces".
Preguntado por si echa en falta algún gesto por parte de la izquierda soberanista actual o si se sigue utilizando el terrorismo, Ramírez responde de forma afirmativa a ambas cuestiones porque, "creo que a la izquierda abertzale actual le queda un gran camino por delante, sobre todo en lo relativo al esclarecimiento de 379 crímenes de ETA sin resolver".
Además, cree que los jóvenes actuales deben saber tanto que el Valle de los Caídos fue construido por presos políticos, como quiénes fueron Miguel Ángel Blanco o José Luis López de Lacalle".
Desde su punto de vista, hacerlo no es "equidistancia sino ecuanimidad y sentido común" porque, prosigue, "si hacemos a los jóvenes actuales víctimas de la desmemoria, los arrimaremos al precipicio".
En ese contexto, le gustaría que "jóvenes de toda España visitaran con frecuencia el centro memorial de víctimas de Vitoria", de la misma forma que concluye diciendo que "ojalá existiera un museo ecuánime de la Guerra Civil y de la dictadura franquista al que también pudieran ir".