El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres - Lev Radin / Zuma Press / Europa Press
MADRID 10 Oct. (EUROPA PRESS) -
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se ha mostrado "profundamente preocupado" por el incremento de la violencia en el norte de Etiopía y ha alertado de los riesgos de una nueva escalada para la estabilidad y la seguridad regionales, al tiempo que ha apelado a "todas las partes" para exigir el fin de los enfrentamientos en el país y con Estados vecinos.
"El secretario general está profundamente preocupado por la reanudación de los combates en las regiones de Tigray, Afar y Amhara, en Etiopía. Hace un llamamiento a todas las partes para que cesen las hostilidades de inmediato e insta a los signatarios a retomar el diálogo en el marco del Acuerdo de Pretoria", ha expuesto el su portavoz, Stéphane Dujarric, en una declaración por escrito.
En el mismo texto, el representante de Guterres ha manifestado además su inquietud ante los informes que apuntan a la presencia de fuerzas eritreas en Etiopía y ha recordado que "todos los Estados de la región" tienen la obligación de "abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, así como el principio de no injerencia en los asuntos internos", de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas.
Así las cosas, el secretario general se ha dirigido también a aquellos países "con influencia sobre las partes", a los que ha requerido que apoyen la desescalada y se abstengan de "cualquier acción que pueda exacerbar el conflicto". El jefe de la ONU se ha ofrecido además para "ofrecer sus buenos oficios".
Etiopía afronta un nuevo incremento de episodios violentos desde que el Frente Popular para la Liberación de Tigray (TPLF) anunció a finales de septiembre el inicio de una "guerra defensiva" frente a las tropas federales del país, tras semanas de tensiones y aumento de los ataques a pesar del acuerdo de paz firmado en 2022 en Sudáfrica. Desde entonces, las fuerzas gubernamentales han anunciado avances, incluida la toma de la capital de Tigray, Mekelle.
El conflicto ha estado acompañado de un repunte de las tensiones entre Etiopía y varios países de la región, entre ellos Eritrea, Egipto y Sudán, a los que Adís Abeba acusa de apoyar a los rebeldes en su ofensiva, con las tensiones sobre la presa en el río Nilo Azul y las exigencias etíopes de obtener una salida al mar Rojo como telón de fondo.