La lucha de Sylvie Ngonda: apoyar a las víctimas pero también a los verdugos en RCA

Actualizado 04/12/2019 18:21:56 CET
Sylvie Ngonda durante un acto de sensibilización en Batangafo
Sylvie Ngonda durante un acto de sensibilización en Batangafo - AURÉLIE GODET/OXFAM RCA
 

BANGUI, 1 Dic. (Por Aurélie Gódet, Oxfam República Centroafricana) -

Animadora desde hace un año en un comité de protección comunitaria (CPD) de Batangafo, en el norte de República Centroafricana (RCA), Sylvie Ngonda ayuda a las víctimas de violación y de agresión. Pero también intenta hacer salir de los bosques a los combatientes. Este es el retrado de una mujer al servicio de su comunidad.

A sus 30 años, Sylvie nunca ha abandonado su ciudad natal de Batangafo, situada a unos 80 kilómetros de la frontera con Chad. Aquí no hay presencia de fuerzas regulares. Solo las fuerzas de mantenimiento de paz de la ONU, la MINUSCA, están presentes.

Un olor a polvo caliente envuelve lo que queda de la ciudad. Los últimos años de conflicto han dejado pocas infraestructuras en pie y muchos desplazados, unos 23.000.

"Cuando los grupos armados han quemado mi casa en noviembre de 2017, he perdido todo", comenta en un suspiro. Madre de cinco hijos, sonríe tímidamente y parece distendida. Vive en un campamento de desplazados desde hace más de un año. Un calvario. Ha visto a mujeres y niñas asustadas por tener que ir a buscar el agua o ir al campo, por temor a sufrir una agresión o una violación por el camino.

APOYAR A LAS VÍCTIMAS...

En julio de 2018, Sylvie entró a formar parte de un CPC apoyado por Oxfam. "Quiero apoyar a las víctimas", explica decidida. Establecidos para proteger a los civiles de la crisis, estos comités organizan por ejemplo actividades de sensibilización sobre los derechos de las mujeres y los niños. Sobre todo, acogen y orientan hacia servicios adaptados a los miembros de la comunidad que han sufrido violencias sexuales o físicas.

"La mayoría de los casos son violaciones, acusaciones de brujería contra mujeres mayores, o chicos jóvenes torturados por grupos armados. Les dirigimos hacia el hospital, les garantizamos un seguimiento y velamos por que no sean estigmatizados", explica.

... IGUAL QUE A LOS AUTORES DE LOS DELITOS

Como voluntaria, Sylvie no se detiene a la salida del comité. Un día, su hermano acude a casa con Aimé. "Sabía que formaba parte de los grupos armados, entonces me puse a hablar con él", recuerda.

El joven parece muy serio para sus 26 años. En 2015 tomó las armas en venganza después de que sus padres fueran asesinados por los grupos armados. Tres años más tarde, cuando había abandonado el bosque, conoció a Sylvie.

"Ella me ha hecho ser consciente de que incluso mis cinco hermanos y hermanas pequeños tenían miedo de mí. Eso me puso triste y no quería morir en combate como algunos de mis amigos. Por tanto, dejé las armas y sigo acudiendo cada semana a las actividades de sensibilización del CPC", explica.

Un logro para Sylvie, que espera que Aimé sirva de ejemplo a otros jóvenes combatientes que dudan sobre si regresar a la ciudad.

Porque además no está solo. Esta mujer comprometida también está orgullosa de ver con regularidad que Marcelin visita el CPC. Enrolado con 10 años, su infancia le fue robada por un grupo armado. Salió diez años más tarde y hoy en día, a sus 37 años, es un hombre roto.

En un tono entrecortado, relata: "No quiero que otros sigan la vía de las armas como yo. Por eso hablo con el comité sobre los temas de sensibilización. Les debo mucho a los miembros del CPC. Sylvie me aconseja y me razona". "Yo tengo nada pero no quiero volver a una milicia", asegura.

Pese a estos éxitos, queda mucho por hacer. Con los ojos empañados, Sylvie se enfurece: "Mi sobrina fue violada el pasado abril. ¡Esto tiene que acabar! No quiero ver más el sufrimiento de las mujeres. Quiero que la paz regrese a Batangafo y a RCA, mi país".

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