Publicado 01/05/2021 08:30CET

La pena de una migrante que perdió a tres hijos en el mar: "Estoy viva, pero me siento como si estuviera muerta"

Misrah relata su historia a personal de la OIM en Obock
Misrah relata su historia a personal de la OIM en Obock - HAWA DIALLO/OIM

MADRID, 1 May. (Por la Organización Internacional para las Migraciones) -

"Lo he perdido todo", dice Misrah, mientras hace un esfuerzo para intentar recordar el evento más traumático de toda su vida: haber sido testigo de las muertes de sus tres hijos.

La mujer etíope de 27 años, su esposo e hijos --Aziza, de cinco años, Rachar, de tres e Ikram, de dos--, además de unos 55 migrantes y refugiados más se encontraban el 12 de abril a bordo de una embarcación controlada por traficantes que estaba cruzando el Golfo de Adén desde Yemen rumbo al Cuerno de África en tránsito por Yibuti.

El bote se encontraba sobrecargado y viajando de madrugada cuando naufragó debido al peso de los pasajeros. Dieciséis niños y niñas, incluyendo los hijos de Misrah, y al menos 44 migrantes y refugiados se ahogaron, quedando atrapados debajo de la embarcación hundida. Ella y su marido Abdul fueron dos de las 14 personas que lograron sobrevivir.

Hablando con la ayuda de un traductor, Misrah junta las fuerzas y el coraje necesarios para poder describir el momento que terminó en semejante tragedia.

"Mientras nos acercábamos a la costa de Yibuti, el bote comenzó a colapsar", recuerda. "Mis hijos estaban durmiendo cuando se dio vuelta. Yo sostenía a Ikram en mis brazos. Yo sabía nadar y por eso logré sobrevivir. Desgraciadamente, no ocurrió lo mismo con mis hijos. Eran demasiado chicos; y el mar estaba demasiado agitado".

Misrah nadó sola hacia la costa, y luego continuó a pie y con la ayuda de un automovilista que pasaba logró llegar a la ciudad de Obock, Yibuti, en donde pudo reunirse con personal del Centro de Respuesta a Migrantes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

"Me prestaron un teléfono con el cual pude llamar a mi madre y eso me hizo sentir mucho mejor. Más tarde me ayudaron a localizar a mi marido, quien por suerte había logrado regresar a Etiopía", cuenta Misrah.

"Los miembros del personal me están cuidando, intentando que pueda recuperar la calma. Me gustaría ver a mi madre; es la única que podría consolarme en este momento".

CÓMO EMPEZÓ TODO

En 2012, Misrah se fue de su casa en Derdawah, Etiopía, a la búsqueda de empleo. "Yo quería cuidar a mi familia, a mi madre y hermanos", explica. "Logré viajar a Yibuti en donde trabajé como mucama. Gracias al dinero que gané pude viajar a Yemen en bote".

Miles de migrantes de Etiopía hacen el mismo viaje a través de Yibuti hacia Yemen cada año, esperando poder llegar Arabia Saudí, en donde hay mejores oportunidades laborales y los salarios son más elevados en que su país de origen. Otros como Misrah quieren quedarse en Yemen en donde, antes del conflicto y de la actual pandemia, había oportunidades para los trabajadores migrantes. Históricamente siempre ha habido movimientos de un lado para el otro entre Yemen y el Cuerno de África.

Misrah de a poco pudo construir una nueva vida en la ciudad de Adén, encontrando empleo como personal de limpieza. En 2014 se casó con Abdul Basit y formaron una familia. "Me gustaba mi vida en Yemen", dice Misrah.

Cuando la madre de Misrah se enfermó en Etiopía, se sintió obligada a regresar a cuidarla. Su marido estaba muy preocupado por la seguridad de Misrah, y no quiso que viajara sola; en última instancia decidieron emprender el viaje todos juntos, como una familia.

LA HISTORIA DE MILES DE PERSONAS

Como la mayor parte de los migrantes indocumentados en la región, no contaban con documentos formales u oficiales para permanecer en Yemen, ni tampoco con los documentos necesarios como para retornar a Etiopía, y por ello se vieron forzados a pagar a los traficantes la suma de 400 dólares para viajar desde Yemen a Yibuti en bote, el primer tramo del viaje a Etiopía. Con frecuencia este viaje suele costar mucho más.

El año pasado más de 11.000 viajes similares fueron realizados en botes no aptos para navegar en el mar por los migrantes del Cuerno de África, desesperados por retornar a sus hogares desde Yemen. Algunos como Misrah estaban regresando por emergencias familiares en tanto que otros no habían logrado llegar al Reino de Arabia Saudita. La COVID-19 ha llevado a restricciones de circulación en todo el Cuerno de África y en Yemen, incluyendo mayores controles en la frontera que Yemen comparte con Arabia Saudí. La OIM estima que unos 32.000 migrantes se encuentran varados en Yemen.

Las duras condiciones, incluyendo la detención y el arresto arbitrario, el secuestro, las torturas, la xenofobia y la estigmatización, además de otros abusos que los aproximadamente 2,7 millones de migrantes varados debido a la COVID-19 afrontan, pudieron ser identificados por medio de un informe mundial de gran alcance realizado por las Fuerzas de Tareas para el Retorno de la OIM en octubre de 2020.

"QUIERO DESPEDIRME DE MIS HIJOS"

El personal de la OIM en Yibuti le está brindando a Misrah asesoramiento y apoyo para superar el trauma provocado por lo vivido y está trabajando con la OIM en Etiopía para ayudarla a que pueda retornar a su casa y reunirse con la madre y con el esposo.

"Antes de irme de Yibuti, quiero despedirme de mis hijos. Me gustaría tener la oportunidad de llorarlos frente a la tumba en donde descansan sus restos antes de volver a Etiopía", dice.

Ella seguirá siendo asesorada por la OIM Etiopía y junto con Abdul Basit serán apoyados para que puedan reintegrarse a su comunidad y comenzar a reconstruir sus vidas. Pero Misrah dice que la pérdida dolorosa de sus tres hijos, Aziza, Rachar y Ikram, nunca la abandonará.

"Quiero que los migrantes en Yemen comprendan que este viaje es muy peligroso", dice. "Estoy viva, pero me siento muerta".

Es muy trágico pero más de 100 migrantes han fallecido hasta el momento en incidentes similares cerca de la costa de Yibuti en los últimos seis meses. El mes pasado unos 80 migrantes que viajaban desde Yibuti a Yemen fueron arrojados desde una embarcación por los traficantes y varios de ellos murieron. A finales del año pasado, al menos 50 migrantes perdieron la vida en tragedias similares.

La OIM se encuentra trabajando para ayudar a los migrantes varados a que puedan volver a su casa en condiciones de seguridad. El Gobierno de Etiopía ha confirmado la nacionalidad de 1.100 migrantes indocumentados y los dos primeros vuelos humanitarios voluntarios tuvieron lugar en marzo y abril. Los restantes migrantes retornarán en los próximos meses y semanas. La OIM ha registrado a más de 6.000 migrantes tan solo en Adén que solicitan apoyo para poder retornar a sus hogares y miles más en todo Yemen requerirán también de asistencia.

A pesar de las historias como la de Misrah y los obvios peligros a la vida del viaje por mar, la cifra de migrantes que llegan a Yibuti por vía marítima sigue en aumento. En el mes de marzo, más de 2.343 llegaron desde Yemen en bote, en comparación con los 1.900 que habían llegado en febrero.

La OIM se encuentra trabajando con los gobiernos y con otros socios para poder responder a las necesidades de estos migrantes, reducir la migración irregular, y proteger a los migrantes de la explotación de tratantes y traficantes.

((Esta tribuna fue publicada originalmente aquí: https://storyteller.iom.int/es/stories/la-pena-de-una-madre-...))

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