El servicio de tren entre Bagdad y Faluya resucita con graves problemas dos años después de Estado Islámico

Nuevo tren Faluya-Bagdad en Irak
REUTERS / THAIER AL-SUDANI
 
Actualizado 11/11/2018 10:40:48 CET

BAGDAD/FALUYA, 11 Nov. (Reuters/EP) -

Dos años después de la derrota de Estado Islámico en Faluya, cientos de iraquíes disfrutan en paz y seguridad de la restauración del servicio ferroviario que ha reconectado la ciudad con la capital iraquí, a pesar de los graves problemas de infraestructuras, extensibles por otro lado al resto del país, que presenta.

Desde la restauración del servicio diario el pasado mes de julio, los usuarios pueden viajar ahora a la capital en poco más de una hora frente a los peligros que representaba el viaje en coche, de varias horas de duración, por inhóspito territorio marcado por la presencia de elementos yihadistas residuales.

Hay pasajeros que prefieren verlo como una metáfora del estado del país: la seguridad ha mejorado lo suficiente como para permitir el paso sin obstáculos a través de un territorio dominado durante años por Estado Islámico y las milicias de Al Qaeda.

"El tren ahorra tiempo. El trayecto con destino a Bagdad llega a las 08.00, lo que se adapta a mi horario. También es más barato", según uno de los viajeros, Thamer Mohamed, quien recuerda que el precio del billete apenas llega a los dos euros.

Además, "el tren no tiene que detenerse en los puestos de control, y es más seguro, porque también evita los accidentes de tráfico", según explica otro residente de Faluya, de 42 años, que estudia un doctorado en Historia en Bagdad.

PROBLEMAS DE INFRAESTRUCTURA

Sin embargo, el desgaste se nota en el momento en que el tren coge velocidad, ocasionando temblores en todos los vagones. El estado de las vías permite un máximo de 100 kilómetros por hora.

"Espero que el servicio siga funcionando, pero en los últimos días ha habido retrasos. A veces se queda sin combustible en el viaje o tiene fallas técnicas", según Mohammed.

Abdul Sittar Muhsin, responsable de comunicación de la operadora nacional de ferrocarril, la Iraqui Republic Railways, reconoce que la compañía necesita imperiosamente fondos para mantener el servicio en funcionamiento. "Estamos operando con pérdidas", lamenta.

Los pasajeros regulares incluyen a jóvenes desempleados que buscan trabajo, un problema perenne en Irak donde las manifestaciones por falta de empleo, agua y electricidad se tornaron violentas el pasado mes de septiembre precisamente en uno de los núcleos económicos del país, la ciudad de Basora, hogar de numerosos yacimientos de petróleo.

"Hoy tuve una entrevista de trabajo con una ONG en Bagdad, pero no tengo muchas esperanzas", suspira Yassin Jasim, un recién graduado con un título en Medicina. "Intento conseguir un trabajo informal en Faluya, pero hay poco y el salario es bajo", lamenta.

DE BAGDAD A ESTAMBUL

Durante la guerra de Irak, Faluya comenzó a destacar de entre todos los escenarios de combate en 2004 cuando cuatro contratistas de seguridad estadounidenses fueron asesinados y sus cuerpos colgados de un puente en la ciudad.

La opinión pública descubrió que ese incidente fue la culminación de un año de cruentas batallas en la campiña iraquí. Faluya nunca ha vuelto a ser la de antes. La seguridad nunca se reestableció del todo, una debilidad aprovechada por Estado Islámico para irrumpir allí en 2014.

En todas partes hay recordatorios de su todavía delicadísima situación de seguridad. La Policía patrulla el tren, que pasa junto a un desguace de autos destruidos durante los combates y los restos de un puente de carretera volado por los yihadistas.

Es un escenario que se remonta décadas en el tiempo. El conflicto con Irán en la década de 1980, las sanciones de la ONU en la década de 1990 y la violencia desde entonces han destruido la mayor parte de la antigua red, aparte de los servicios regulares a Basora y ahora Faluya.

Nada que ver con el comienzo de la red ferroviaria de Irak, desarrollada durante el período del mandato británico y bajo el Gobierno del partido Baaz en la década de 1960, y que solía extenderse a Estambul y Alepo en Siria a través de Mosul en el norte de Irak.

Por ahora, la restauración de la línea de Faluya es un paso adelante y su futuro es ambicioso: las fuerzas iraquíes se han reforzado en la frontera después de los recientes ataques del Estado Islámico en Siria, donde el Gobierno espera restaurar los servicios.

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