En Siria, la reducción de la violencia no se traduce en menos necesidades humanitarias

Actualizado 19/01/2019 11:21:46 CET
Desplazados internos en Siria
UNICEF/DELIL SOULEIMAN

La ONU reclama acceso sin restricciones para todas las personas necesitadas independientemente de donde estén

El campo de Rukban, el distrito de Hajin y una eventual ofensiva en Idlib, grandes preocupaciones

MADRID, 19 Ene. (EUROPA PRESS) -

El nivel de violencia ha remitido en Siria en el último año a medida que las fuerzas del Gobierno de Bashar al Assad han ido reconquistando territorio pero las necesidades humanitarias de quienes viven en las zonas bajo control gubernamental y en el resto del país siguen siendo tremendas casi ocho años después del inicio del conflicto.

"La de Siria sigue siendo una de las crisis humanitarias más complejas y complicadas de nuestra época, caracterizada por la violencia brutal, incluido el uso de obstáculos al acceso, desplazamiento masivo y evacuaciones", resalta el portavoz de la oficina regional de la ONU para la crisis en Siria, David Swanson.

Unos 13 millones de personas necesitan asistencia en Siria, incluidos 5,6 millones para los que esa ayuda es urgente debido a que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad y expuestos a las hostilidades. De ellos, 8,7 millones (el 67 por ciento) están en zonas bajo control gubernamental, mientras que los 4,3 millones restantes están en territorios que controlan los grupos rebeldes, las fuerzas kurdas sirias o el grupo terrorista Estado Islámico.

"El acceso sigue siendo un reto clave, especialmente en las zonas a las que es difícil llegar, lo que lastra los esfuerzos humanitarios y priva a las comunidades necesitadas de asistencia vital", señala a Europa Press Swanson. Según la ONU, unos 1,1 millones de personas viven en zonas a las que es complicado llegar, la mitad de ellas en territorio gubernamental.

Hoy por hoy, la ONU está especialmente preocupada por dos situaciones concretas después de que las malas condiciones sumadas a la crudeza del invierno se hayan cobrado la vida de 15 niños en el último mes: el campo de desplazados de Rukban y el enclave de Hajin, en la provincia de Deir Ezzor (noreste), bajo control de Estado Islámico.

En el caso de Rukban, un campo improvisado en el que viven 45.000 personas y que se encuentra en una zona desértica fronteriza con Jordania, desde que la ONU y la Media Luna Roja Siria (SARC) consiguieron enviar un convoy con ayuda el pasado noviembre no ha sido posible hacer llegar más asistencia, resalta el jefe de UNICEF en Siria, Fran Equiza, que recuerda que el envío anterior se produjo en enero de 2018.

"Están en el medio de la nada", afirma en declaraciones a Europa Press, asegurando que se está trabajando para conseguir enviar más asistencia. En Rukban, UNICEF ha registrado la muerte de ocho niños, la mayoría menores de un año.

En el caso de Hajin, los enfrentamientos entre Estado Islámico y las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), una alianza integrada principalmente por las fuerzas kurdas sirias y respaldada por Estados Unidos, también son "una gran preocupación", precisa Swanson, ya que además de provocar víctimas civiles, incluidas mujeres y niños, ha generado "un desplazamiento significativo".

La mayoría de quienes han huido lo han hecho hacia campos de desplazados en el noreste, algunos de los cuales, como el de Areesha, se han visto inundados por las recientes lluvias. Según Equiza, hace unos días llegaron mil personas en una sola noche. "Llegan agotados y exhaustos, porque la mayoría llegan caminando en medio del frío", añade.

En esta huida desde el territorio controlado por Estado Islámico han perdido la vida siete niños, según UNICEF. Su responsable en Siria destaca que "no es que mueran de frío sino que se suman factores como el agotamiento, la mala alimentación y la falta de atención sanitaria".

IDLIB SERÍA UNA TRAGEDIA

Además, sobre la respuesta humanitaria en Siria planea otra gran amenaza: una ofensiva militar en Idlib. La provincia del noroeste es el último reducto controlado por los rebeldes sirios y en ella viven unos 3 millones de personas, la mayoría desplazados llegados desde todos los rincones del país.

Aunque el acuerdo alcanzado en septiembre entre Rusia y Turquía para crear una zona de distensión ha reducido el nivel de la violencia, desde principios de año la coalición que lidera Hayat Tahrir al Sham (HTS), de la que el antiguo Frente al Nusra --otrora filial de Al Qaeda en Siria-- es el principal componente, ha ganado terreno frente a otros grupos rebeldes respaldados por Turquía, lo que hace temer que el 'status quo' no se mantenga y finalmente pueda haber una ofensiva de Damasco.

"Ojalá no suceda pero es una posibilidad que está encima de la mesa", sostiene Equiza, que advierte de que si esto ocurre "la catástrofe puede ser tremenda". Según precisa Swanson, la situación humanitaria en Idlib "ya es precaria" por lo que "debe evitarse por todos los medios una escalada adicional en las hostilidades".

"De no hacerse, traerá consigo un sufrimiento humano a una escala que aún no se ha visto en el conflicto y tendrá un impacto catastrófico en las vidas de millones de personas", insiste el portavoz de la ONU. Equiza añade que una ofensiva militar podría ocasionar un desplazamiento masivo de hasta 400.000 personas y, aunque las agencias de la ONU están "listas para lo que pueda pasar", podrían verse superadas.

RETORNO DE DESPLAZADOS

Otro reto al que las organizaciones humanitarias tendrán que hacer frente en 2019 es al retorno de desplazados y refugiados. Como consecuencia del conflicto, más de la mitad de los sirios han abandonado sus hogares --5,6 millones están refugiados en otros países y 6,2 millones desplazados--. Durante 2018, se produjeron un millón de nuevos desplazamientos pero también hubo un millón de desplazados que regresaron a sus lugares de origen.

"Estamos hablando de casi 100.000 desplazados que regresan cada mes a zonas que han quedado muy destruidas", incide el responsable de UNICEF, que subraya que en ciudades como Raqqa o Ghuta Oriental la destrucción es de tal magnitud que "parecen decorados de Hollywood". "El nivel de destrucción es terrible", asegura tras haber visitado muchas de estas zonas.

Quienes regresan, continúa Equiza, necesitan tener acceso a agua, a atención sanitaria, a educación y a medios de vida, sin embargo hoy por hoy no es algo que esté siempre garantizado. Así, en torno al 53 por ciento de las instalaciones médicas del país no están operativas, una cifra que es aún mayor en zonas como Raqqa o Deir Ezzor.

En cuanto al sistema educativo, también se ha visto duramente golpeado. De los 6 millones de niños en edad escolar en el país, 2 millones no van a la escuela y quienes sí que lo hacen no siempre están en el curso que les corresponde por su edad. De los 350.000 trabajadores con que contaba el sistema, según Equiza, solo quedan unos 150.000 ya que el resto han muerto o se han visto desplazados.

Frente a este problema, UNICEF está trabajando en la reconstrucción de escuelas --en 2018 se rehabilitaron 200 y este año se espera hacer lo mismo--, ayudando al Gobierno sirio en la formación de personal educativo e impartiendo un "curriculum B" que permite a los alumnos hacer dos cursos en uno para recuperar el tiempo perdido. "Esto es algo muy importante para su dignidad y su autoestima", resalta.

La pobreza en la que se ha visto sumida buena parte de la población también deja a muchos adolescentes fuera de las aulas, mientras que en el caso de las chicas se tiene constancia de casos de matrimonio infantil, aunque no hay datos precisos.

Ante este panorama la petición de Equiza y Swanson coincide: las agencias humanitarias necesitan tener "acceso sin restricciones a quienes necesitan ayuda, allí donde estén". En el caso de los niños, el acceso a ellos "es innegociable", defiende el jefe de UNICEF, "no pueden ser víctimas colaterales". "Se trata de una obligación no solo moral sino legal y si no se cumple más niños seguirán muriendo", recalca.