Publicado 15/05/2022 08:38

Somalia celebra unas presidenciales con más de un año de retraso para intentar cerrar la crisis política

Archivo - El presidente de Somalia, Mohamed Abdulahi Mohamed, conocido como 'Farmajo', durante una comparecencia ante el Parlamento
Archivo - El presidente de Somalia, Mohamed Abdulahi Mohamed, conocido como 'Farmajo', durante una comparecencia ante el Parlamento - HASSAN BASHI / XINHUA NEWS / CONTACTOPHOTO

Cerca de 40 candidatos se disputan el cargo ante la amenaza de seguridad del grupo terrorista Al Shabaab

MADRID, 15 May. (EUROPA PRESS) -

El Parlamento de Somalia celebrará este domingo unas elecciones presidenciales que llegan con más de un año de retraso tras los problemas para sacar adelante las parlamentarias previstas en diciembre de 2020 por las tensiones políticas y la creciente inseguridad por los ataques del grupo terrorista Al Shabaab.

Un total de 39 personas, una cifra histórica en el país, han presentado su candidatura a la Presidencia, de cara a una votación que se celebrará en una instalación del aeropuerto internacional de Mogadiscio en medio de un gran dispositivo de seguridad.

El sistema político somalí no contempla la votación directa, por lo que el presidente será elegido por los miembros del Parlamento recientemente constituido después de un proceso indirecto en el que la población no cuenta con derecho a voto y en el que tampoco participan partidos políticos.

Así, los parlamentarios son elegidos a través de delegados nombrados por líderes de clanes tradicionales y miembros de la sociedad civil seleccionados a su vez por las autoridades regionales. Posteriormente, son estas personas y los miembros del Senado, que representan a las cinco regiones del país, los encargados de nombrar al nuevo presidente.

Este modelo refleja el poder que aún conservan los clanes en el país africano --cuatro de los cuales conservan la mayoría, con escaños repartidos de forma equitativa-- y la ausencia de un Estado con capacidad para controlar la situación en el terreno, en medio de la inseguridad y una corrupción generalizada.

Las parlamentarias concluyeron en abril tras numerosos retrasos desde finales de 2020, tras lo que se procedió a elegir a los líderes de ambas cámaras, que estarán encabezadas por Adán Mohamed Nuur Madobe --presidente de la Cámara Baja-- y Abdi Hashi --presidente de la Cámara Alta--.

El proceso de selección de los puestos ejecutivos del órgano legislativo derivó además en un hito histórico, después de que Sania Yasin Samatar se convirtiera a finales de abril en la primera mujer en ser vicepresidenta de alguna cámara del Parlamento de Somalia.

La votación se celebrará además unos 15 meses después de que concluyera el mandato del actual presidente, Mohamed Abdulahi Mohamed, y entre las críticas de la oposición por sus supuestos esfuerzos para alargar el proceso electoral y mantenerse en el poder de forma inconstitucional.

El presidente, conocido popularmente como 'Farmajo', ha protagonizado desde entonces numerosos encontronazos con el primer ministro, Mohamed Husein Roble, al que ha intentado incluso suspender de sus funciones en dos ocasiones por sus tiranteces y sus diferentes interpretaciones del marco legal para la toma de decisiones.

'Farmajo' anunció recientemente que intentaría lograr la reelección --tras su victoria en las elecciones de 2017--, si bien no parece figurar entre los principales favoritos tras los varapalos sufridos por sus candidatos en las votaciones para los principales puestos en el seno del Parlamento.

LOS PRINCIPALES CANDIDATOS

Así, entre los principales favoritos por el cargo figuran los expresidentes Sheij Sharif Ahmed (2009-2012) y Hasán Sheij Mohamud (2012-2017), quienes se han mostrado especialmente críticos con el actual mandatario durante los últimos meses, unas tensiones que han llegado incluso a amenazar con el estallido de enfrentamientos armados en la capital.

Sharif Ahmed, miembro del clan hawiye, ha centrado su programa político en la finalización del proceso de revisión de la Constitución y en acabar con el conflicto con Al Shabaab --que mantiene lazos con la organización terrorista Al Qaeda--, mientras que Sheij Mohamud, también del clan hawiye, apuesta por solucionar las tensiones entre el Gobierno central y las regiones.

Además, entre los candidatos con más posibilidades figuran el ex primer ministro Hasán Alí Jaire, quien ocupó el cargo entre 2017 y 2020 --cuando tuvo que dimitir tras una controvertida moción de confianza--, y el presidente de la región semiautónoma de Puntlandia, Said Abdulahi Deni.

Alí Jaire, igualmente miembro del clan hawiye, ha defendido que su objetivo será mantener la agenda política que impulsó como primer ministro, modificando los errores que llevaron a la moción de censura contra él, mientras que Deni, miembro del clan darod --al que pertenece 'Farmajo'-- se ha centrado en fortalecer la economía y las instituciones.

Por otra parte, entre los 39 candidatos sólo hay una mujer, la exministra de Exteriores Fauzia Yusuf Adam, si bien no está entre las favoritas. El papel de la mujer en la política somalí sigue siendo residual, si bien durante los últimos años se han registrado avances en cuanto a su representación en el Parlamento.

En este sentido, Yusuf Adam ha defendido durante su campaña electoral la necesidad de integrar a las mujeres en el proceso político y darles más peso en la sociedad para poder lograr que el país africano avance y ha sustentado su capacidad para impulsar una reforma dada su experiencia como ministra y vice primera ministra.

Las presidenciales han derivado además en un repunte de las tensiones en las últimas semanas, lo que se ha visto reflejado en un aumento de los precios de los fusiles de asalto Kalashnikov en los mercados de armas, según ha informado esta semana la agencia The New Humanitarian.

Ya en abril de 2021, los intentos de 'Farmajo' de extender su mandato a través de una votación en el Parlamento derivaron en enfrentamientos en Mogadiscio, un precedente que hace temer que la votación pueda derivar en nuevos episodios de violencia en Mogadiscio, principal bastión del clan hawiye.

CRISIS HUMANITARIA E INSEGURIDAD

La elección tendrá lugar además en medio de una situación de inseguridad marcada desde hace años por la presencia de Al Shabaab, que controla partes del sur del país y que ha perpetrado varios ataques durante los días previos a la votación, tanto en la capital como en otras zonas de Somalia.

Entre los últimos ataques del grupo figuran uno perpetrado en abril contra una instalación situada cerca del aeropuerto de Mogadiscio durante la ceremonia para la toma de posesión de los nuevos parlamentarios, incidente que se saldó sin víctimas. La capital ha sido escenario de varios atentados durante los últimos días, incluido un intento de asesinato contra el jefe de la Policía local, Farhan Qarole, quien ya sobrevivió en julio de 2021 a un atentado con coche bomba.

Al Shabaab ejecutó además un ataque a principios de mayo contra una base de la misión de la Unión Africana (UA) en la localidad somalí de El Baraf, situada en el centro del país, que se saldó con la muerte de al menos diez soldados burundeses integrados en la Misión de Transición de la Unión Africana en Somalia (ATMIS), según el balance facilitado por Gitega.

Esta base ha sido además atacada con proyectiles durante los últimos días, en una muestra de la creciente inseguridad pese a los esfuerzos internacionales. La ATMIS recibió en abril el apoyo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y surge de la reestructuración de la Misión de la UA en Somalia (AMISOM), que apoya al Gobierno en la lucha contra Al Shabaab.

A ello se suma la profundización de la crisis humanitaria en el país, sacudido además por la peor sequía en cerca de cuatro décadas, lo que llevó a Roble a pedir ayuda internacional en marzo. Así, el primer ministro, que declaró el estado de emergencia a finales de 2021, alertó que cerca de siete millones de personas se han visto afectadas.

La ONU ha desvelado un Plan de Respuesta Humanitaria para Somalia que busca recaudar 1.500 millones de dólares (cerca de 1.320 millones de euros) para dar ayuda a 5,5 millones de personas, en medio de una crisis de desplazamiento por la pérdida de campos de cultivo que ha derivado igualmente en tensiones intercomunitarias.

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