Un estudio de la ULL vincula la ridiculización del cuerpo al entorno familiar de las mujeres canarias

El rol más destacado es el de las madres que reproducen mandatos estéticos que se transmiten entre generaciones

Archivo - Mujer mirándose en el espejo preocupada por su barriga.
Archivo - Mujer mirándose en el espejo preocupada por su barriga. - ETERNALCREATIVE/ISTOCK - Archivo
Europa Press Islas Canarias
Publicado: lunes, 26 octubre 2026 15:55

SANTA CRUZ DE TENERIFE, 26 Oct. (EUROPA PRESS) -

Un estudio exploratorio de investigadores de la Universidad de La Laguna (ULL) ha analizado las consecuencias del 'body shaming' --la crítica o ridiculización del cuerpo-- en el entorno familiar de mujeres jóvenes residentes en Canarias.

Así, aborda cómo interpretan ellas los comentarios sobre su apariencia física, qué efectos tienen en su bienestar emocional y de qué manera los vínculos familiares condicionan su capacidad para establecer límites.

Sus autores son Paulo Adrián Rodríguez Ramos y José Manuel Díaz González, del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de La Laguna, junto con las trabajadoras sociales y egresadas de esta misma universidad Jennifer Liliana González Hernández y Yashira González García.

El 'body shaming' constituye una de las manifestaciones de la denominada violencia estética y simbólica vinculada a los mandatos de género, señala la ULL en una nota.

Así, cuando se produce dentro de la familia, adquiere especial relevancia, ya que puede influir en la construcción de la identidad, la autoestima y la relación que las mujeres jóvenes mantienen con su propio cuerpo.

La investigación 'Violencia estética en la familia: Análisis del body shaming y sus efectos en las mujeres jóvenes', publicada en la revista 'Obets', contó con la participación de 21 mujeres de entre 18 y 30 años residentes en Canarias.

Seis fueron entrevistadas individualmente y otras quince participaron en tres grupos de discusión.

Uno de los resultados alude a que los ideales estéticos forman parte de un sistema sociocultural que las propias mujeres interiorizan y pueden reproducir en sus relaciones más cercanas.

En este contexto, la figura materna aparece como uno de los principales agentes de transmisión de estos discursos.

Las participantes identifican a sus madres como la fuente más recurrente de comentarios críticos o prescriptivos sobre su apariencia.

Sin embargo, el estudio interpreta este comportamiento no desde la responsabilidad individual de las madres, sino como parte de una transmisión intergeneracional de mandatos estéticos que ellas mismas han interiorizado a lo largo de sus propias experiencias vitales.

Estas observaciones aparecen con frecuencia integradas en las conversaciones cotidianas y pueden adoptar formas que inicialmente no son percibidas como agresivas.

Los autores apuntan que bromas, consejos o expresiones formuladas desde la "preocupación" pueden convertirse, cuando son reiteradas, en mecanismos de control corporal que generan un malestar persistente.

PESO, APARIENCIA GENERAL O FORMA DE VESTIR

Las reuniones familiares aparecen como uno de los escenarios habituales en los que se producen estos comentarios, que no se limitan al peso, sino que también incluyen valoraciones sobre la apariencia general o la forma de vestir.

Otro de los principales resultados es el impacto que estos discursos tienen sobre la percepción corporal de las participantes.

Todas manifiestan mantener, en distintos grados, una relación conflictiva con su cuerpo, caracterizada por la insatisfacción, el rechazo o la autocrítica.

Algunas describen esta relación como "tóxica" o en crisis tras años de exposición a comentarios sobre su apariencia.

A ello se suma un estado de vigilancia ante la posibilidad de recibir nuevos juicios.

Las participantes describen sentimientos de inseguridad, incomodidad y autocensura, especialmente cuando se encuentran con familiares que anteriormente han realizado observaciones sobre sus cuerpos.

Esta anticipación puede limitar la espontaneidad y afectar a los propios vínculos familiares.

El estudio relaciona estas experiencias con diferentes formas de malestar psicológico y advierte de su posible incidencia sobre la autoestima y la salud emocional.

Sus resultados muestran que comentarios aparentemente cotidianos pueden dejar una huella prolongada en la manera en que las mujeres perciben y valoran su propio cuerpo.

También se pone el foco en las dificultades que encuentran las jóvenes para establecer límites frente a estos comentarios.

Aunque algunas participantes han conseguido hacerlo, describen el proceso como emocionalmente costoso y no siempre efectivo.

MIEDO AL CONFLICTO

Entre las principales barreras aparecen el miedo al conflicto, el temor a deteriorar el vínculo afectivo y la normalización de determinadas observaciones como una forma de preocupación o cariño.

En algunos casos, después de expresar estos límites, la respuesta familiar consiste en evitar temporalmente cualquier conversación relacionada con el cuerpo o la alimentación.

Esta reacción puede generar una atmósfera incómoda que no necesariamente resuelve el problema, sino que puede contribuir a silenciarlo.

La investigación sitúa así el 'body shaming' intrafamiliar como una forma cotidiana y normalizada de violencia estética, dirigiendo la atención hacia la familia como uno de los primeros espacios de socialización corporal.

Pero este estudio va más allá, al mostrar la complejidad de unas dinámicas en las que las personas que reproducen estos discursos también pueden haber estado expuestas previamente a estos mismos mandatos.

Así, el trabajo identifica un ciclo intergeneracional de gordofobia y presión estética.

Muchas de las madres de las participantes también han sufrido esta presión estética, por lo que el estudio plantea comprender estos comportamientos dentro de un fenómeno estructural y cultural que se transmite mediante el lenguaje, las actitudes y las prácticas cotidianas.

Frente a esta realidad, el trabajo plantea la necesidad de repensar las dinámicas familiares desde una ética del cuidado basada en el respeto a la diversidad corporal.

También propone impulsar programas educativos y políticas que incorporen una mirada crítica sobre los discursos estéticos y favorezcan la alfabetización corporal y emocional dentro de los hogares.

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