28 de marzo de 2020
 
Publicado 16/02/2020 11:49:06CET

Experta aconseja atender señales de alerta y mostrar confianza y optimismo a menores para evitar problemas en infancia

Mochila, colegio, niños y niñas.
Mochila, colegio, niños y niñas. - UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID - Archivo

   LOGROÑO, 16 Feb. (EUROPA PRESS) -

   Nadie dijo que ser niño fuera una tarea fácil, igual que los adultos, los más pequeños pueden presentar problemas o enfrentarse a conflictos que hacen que "se cierren" a la hora de expresar sus sentimientos y pueden generar "situaciones difíciles" que no sepan asumir. Para ello, la clave es hacer caso a las "señales de alerta" y transmitir "compromiso, confianza y optimismo" para fortalecer las relaciones y, juntos, "ayudar a resolver esos problemas".

   Así lo ha explicado a Europa Press la profesora del Máster Universitario en Métodos de Enseñanza en Educación Personalizada de la UNIR, Raquel Artuch Garde, quien ha destacado la importancia de "saber mirar y observar" a un niño "de forma real" para saber cómo se encuentra.

   Para la experta de la UNIR hay ciertas señales "sobre todo en el entorno familiar y en el centro educativo" que pueden hacer ver "que algo no va bien". Entre ellas, ha destacado, "cambios en el comportamiento y en la conducta. Si de repente un niño muestra apatía o desánimo o, al revés, presenta 'rabietas' cada vez más continuadas cuando antes no lo hacía puede ser síntoma de que algo ocurre".

   Eso sí, ha matizado, "siempre y cuando estos cambios se mantengan en el tiempo. Si la conducta se mantiene durante una o dos semanas podemos pensar que algo ocurre mientras que si es algo puntual no debería extrañarnos". También es necesario observar "si cambian las relaciones en casa o en el colegio, si un niño deja de relacionarse con sus padres o sus hermanos o sus amigos o baja el rendimiento escolar también puede ser algo significativo".

   Todas estas señales podrían indicarnos que un menor "no está pasando por un buen momento" y "no debemos pasarlas por alto" porque, como ha expresado la profesora de la UNIR, "hay que dar mucha importancia a lo que sienten los niños. No podemos ignorar un problema porque nosotros, desde la perspectiva de un adulto, no le demos esa importancia. La adversidad de sentirse mal es algo muy subjetivo y afecta a cada uno de una manera. Lo que para uno es muy importante para otro no lo es pero nosotros debemos ponernos en la piel de ese niño y conocer porqué está sufriendo".

"SABER QUÉ ES LO QUE OCURRE"

   Ante ello, la experta de la UNIR ha explicado que es "fundamental" conseguir hablar con el menor para saber exactamente "qué es lo que le pasa". Para ello hay dos vías, la reactiva, cuando ya existe un problema y hay que solucionarlo y la preventiva, antes de que el problema llegue a más.

   Lo primero para actuar es "saber qué es lo que está pasando" y preguntar "de verdad". Es decir, "buscar el sitio idóneo, dedicarle el tiempo pertinente y dejarle hablar. Que el menor sepa que estamos dispuestos a escucharle, que nos importa y que le vamos a ayudar. Para eso es fundamental escuchar de verdad, estar física y mentalmente con el menor, sin nada que desvirtúe el tema para que se abra y pueda hablar con nosotros".

RESPETAR TIEMPOS

   En este punto, ha explicado, "hay veces que los padres no saben qué hacer porque el niño no se siente cómodo con ellos o no quiere hablar del tema. No pasa nada. Hay que respetar sus tiempos, intentarlo de nuevo en otra ocasión o incluso buscar a otras personas del entorno familiar con quien el niño se encuentre más abierto".

   "Hay veces que los niños tampoco saben exactamente qué es lo que les pasa, no saben explicarlo, no encuentran las palabras exactas o incluso sienten vergüenza... si eso pasa, los padres no se pueden desesperar, tienen que estar tranquilos y dejarle su espacio o incluso permitir que hable con otras personas quizás con un hermano, con un tío, una abuela... lo importante es no avasallar al menor y que, con paciencia, pueda contar qué le ocurre".

BUSCAR SOLUCIONES "JUNTOS"

   Artuch Garde ha explicado que "el niño debe saber que vamos a estar con él y le vamos a acompañar a buscar las soluciones oportunas para afrontar el problema. Aún así, "si el tema se nos escapa de las manos es necesario buscar ayuda de un profesional. Igual que cuando te rompes un tobillo vas al médico, en ciertos asuntos como el 'bullying', acoso escolar o problemas familiares, como divorcios o la muerte de algún familiar cercano, que a los niños les puede afectar, si nos vemos desbordados es mejor pedir ayuda".

   También es muy importante "la implicación del centro escolar" y, en definitiva, "de todas las personas que rodean al niño en su día a día".

"SER POSITIVOS"

   Para la experta de la UNIR es "fundamental" que los niños "no se sientan solos y sepan que estamos ahí para empatizar con ellos". Para ello, ha explicado, "hay una fórmula muy buena que se basa en transmitir compromiso, confianza, creatividad, paciencia y optimismo. Hay que decirles que pueden salir adelante y que lo van a conseguir".

   A pesar de que la educación de un hijo no es "una fórmula matemática" y que, por tanto, "cada niño es un mundo", nunca cabe "rendirte ante un problema". "Siempre hay soluciones y siempre se les puede ayudar", ha aseverado la experta.

RESILIENCIA

   Lo importante es "generar una capacidad de resiliencia y que el niño sepa que ante las adversidades uno se puede fortalecer". Para ello hay seis pilares claves: "fortalecer las relaciones personales, sentirse parte de un grupo, fijar límites claros y firmes, contar con habilidades de resolución de problemas de gestión, ofrecer afecto y, sobre todo, apoyo".

   El niño tiene que sentir "un vínculo, saber que no está solo y que sepa que confiamos en él. Eso no quiere decir que no haya que dejarle un espacio, hay que dar la oportunidad de que se equivoque pero siempre observando cómo se encuentra".

   A pesar de que no hay "edades críticas" que puedan ayudar a "detectar un problema", la experta de la UNIR asegura que "los momentos más delicados son cuando se van produciendo ciertos cambios físicos y mentales en un niño y hay un desarrollo moral y cognitivo en el que un niño ya sabe si lo está pasando mal o no".

   A partir de los 7 u 8 años en adelante "un niño ya sabe qué le molesta o qué no, si tiene un problema o no, aunque como cada niño es un mundo y puede variar la edad".

"MIRAR DE VERDAD"

   Con ello, ha concluido, "es fundamental mirar 'de verdad' a un niño y hacer un seguimiento real porque lo que está claro es que la manifestación siempre sucede mucho antes del problema pero no se ve" y si eso ocurre, "no hay que ocultarlo".

   "Siempre hay que respetar al menor pero tenemos que encontrar soluciones, no ocultar el problema" porque "cuando yo intento evitar un problema, lo único que consigo es que la bola se haga más grande".

   Por norma general "un problema no se diluye si no se trata. No hay que evitarlo ni afrontarlo de forma negativa, hay que saber que hay soluciones para ayudar a tu hijo", ha finalizado.