El Gobierno aprueba la declaración como BIC de los Talleres Aeronáuticos de Barajas diseñados por Alejandro de la Sota

Archivo - Foto del arquitecto Alejandro de la Sota
Archivo - Foto del arquitecto Alejandro de la Sota - REAL ACADEMIA GALEGA DE BELAS ARTES - Archivo
Europa Press Madrid
Publicado: martes, 16 junio 2026 18:59

MADRID 16 Jun. (EUROPA PRESS) -

El Gobierno ha acordado este martes la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento de los Talleres Aeronáuticos de Barajas (TABSA), proyectados a finales de los años cincuenta por el arquitecto gallego Alejandro de la Sota (Pontevedra, 1913) y situados dentro del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Una medida que supone la aplicación del máximo nivel de protección establecido por la Ley de Patrimonio Histórico Español que ha sido acordada por el Consejo de Ministros en su reunión de este martes a propuesta del ministro de Cultura, Ernest Urtasun.

Los Talleres Aeronáuticos de Barajas constituyen un ejemplo excepcional del Patrimonio Industrial en España y una de las infraestructuras aeronáuticas más relevantes del proceso de modernización de la aviación comercial durante la década de los cincuenta.

Desde el Ministerio han subrayado que su conservación y puesta en valor se consideran indispensables por su valor histórico, técnico y arquitectónico.

El complejo fue proyectado por el arquitecto gallego Alejandro de la Sota con la colaboración del ingeniero aeronáutico Enrique Guzmán, director de TABSA en ese periodo, y el ingeniero industrial Eusebio Rojas Marcos.

Levantados entre 1957 y 1958, los talleres surgieron en un momento de expansión del transporte aéreo y de modernización de las infraestructuras aeroportuarias del país. Sin embargo, la historia de este complejo industrial comienza antes, en 1953, año en que se constituía la empresa Talleres Aeronáuticos de Barajas (TABSA) para el mantenimiento de motores de avión utilizados por compañías como Iberia o AVIACO.

Desde su creación, la actividad de TABSA fue creciendo de manera progresiva. Los talleres realizaban inspecciones, pruebas y reparaciones de distintos modelos de motores, además de trabajos con material auxiliar de las aeronaves. Ese aumento de actividad hizo necesaria la construcción de una nave específica que respondiera tanto a las exigencias técnicas como a las dimensiones que requieren este tipo de operaciones.

Es por ello que, en 1956, con Enrique de Guzmán al frente de la empresa, se decidió levantar unas nuevas instalaciones en el aeropuerto madrileño. El encargo recayó en el arquitecto gallego Alejandro de la Sota, que trabajó junto al propio Guzmán y al ingeniero industrial Eusebio Rojas Marcos en la definición de los elementos técnicos que debía cumplir el edificio.

El proyecto se desarrolló entre 1957 y 1958, en paralelo al impulso modernizador de las infraestructuras aeroportuarias españolas durante esa década, un proceso que culminaría con el Plan de Aeropuertos de 1958.

ARQUITECTURA PARA LA INDUSTRIA AERONÁUTICA

El resultado fue un complejo formado por dos edificaciones: la nave principal y un edificio independiente destinado al banco de pruebas de motores. La nave principal alcanza más de cien metros de longitud y cerca de 36 metros de ancho, con una superficie total de unos 3.852 metros cuadrados.

En su interior se organiza una gran nave central completamente diáfana de más de 2.400 metros cuadrados, flanqueada por dos naves laterales donde se ubicaban almacenes, dependencias técnicas y distintos servicios auxiliares.

El espacio central está cubierto por una estructura de cerchas metálicas que generan un perfil quebrado en forma de dientes de sierra. Esta solución permitía liberar el interior de apoyos intermedios y aprovechar completamente el espacio para el desplazamiento de grandes estructuras o piezas de motor. Las propias cerchas sostenían además un monocarril que facilitaba el movimiento de materiales pesados dentro del taller.

La arquitectura responde a una lógica funcional propia de la infraestructura industrial moderna: la estructura queda a la vista y los materiales como hormigón o placas de yeso forman parte del propio lenguaje del edificio.

Por su parte, la cubierta incorpora lucernarios orientados al norte que proporcionan iluminación natural durante todo el año, evitando deslumbramientos en el área de trabajo. Un recurso, el de introducir luz natural, que fue también característico de otro arquitecto gallego muy vinculado a Madrid, Antonio Palacios, autor de algunos de los edificios más icónicos de la capital, como el Palacio de Cibeles, y de espacios del Metro como el vestíbulo de la antigua estación 'fantasma' de Chamberí, donde recurrió a esta solución para iluminar el espacio.

En los Talleres Aeronáuticos de Barajas también se observan lucernarios abovedados formados por bloques de vidrio en la instalación destinada al banco de pruebas de motores. En ella se activaban los motores mientras el personal técnico los supervisaba desde una sala de control conectada mediante una ventana de inspección. Además de la iluminación natural, llama la atención en este espacio los respiraderos situados en uno de los lados del edificio, que recuerdan al ala de un avión.

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