Las vaquillas de los pueblos de la Sierra madrileña inician su camino para ser Bien de Interés Cultural

Archivo - Una mujer disfrazada de vaquilla durante la Fiesta de la Vaquilla, a 27 de enero de 2024, en Colmenar Viejo, Madrid (España).
Archivo - Una mujer disfrazada de vaquilla durante la Fiesta de la Vaquilla, a 27 de enero de 2024, en Colmenar Viejo, Madrid (España). - Rafael Bastante - Europa Press - Archivo
Europa Press Madrid
Publicado: domingo, 21 junio 2026 9:47

MADRID 21 Jun. (EUROPA PRESS) -

Las vaquillas de los pueblos de la Sierra madrileña, con sus pañuelos, mantones, cintas, flores, escarapelas y campanillas, han iniciado su camino para ser declaradas Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Inmaterial.

La Comunidad de Madrid ha incoado el expediente para proteger las Mascaradas de Invierno, unas celebraciones tradicionales protagonizadas por máscaras zoomorfas identificadas como vaquillas que forman parte del acervo cultural de numerosas localidades de la región.

La resolución publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), consultada por Europa Press, destaca que el calendario de las Mascaradas de Invierno se extiende desde el 20 de enero, festividad de San Sebastián, hasta el Carnaval. En algunas localidades, se vinculan a celebraciones religiosas como San Sebastián, San Ildefonso o San Blas; en otras, mantienen un carácter más carnavalesco y pagano. En todas ellas, la vaquilla actúa como centro de la celebración.

LA VAQUILLA, EJE DE LA CELEBRACIÓN

El elemento común de estas fiestas es la vaquilla, un armazón que se porta sobre hombros y cabeza y que representa al animal. Suele estar formado por varas de madera, cuernos y rabo de vaca, aunque cada localidad conserva sus propias formas de ornamentación.

La construcción y el adorno de la vaquilla forman parte del propio ritual. En muchos municipios se viste con pañuelos, mantones, cintas, flores, escarapelas o campanillas, dando lugar a figuras muy vistosas.

A su alrededor se desarrollan carreras, juegos, bailes, coplas, comidas y escenas burlescas. La vaquilla suele ir acompañada por personajes como vaquilleros, mayorales, talegueros, perreros, judíos, motilones, curramaches o gurramaches, según la localidad. Muchos portan cencerros, zumbas, hondas, varas o campanillas, con el correspondiente estruendo característico de estas fiestas de invierno.

UNA TRADICIÓN REPARTIDA POR LA SIERRA

El expediente delimita tres grandes zonas donde se manifiesta este bien inmaterial. La subzona Oeste incluye Fresnedillas de la Oliva y Los Molinos. La subzona Centro agrupa Colmenar Viejo, Miraflores de la Sierra, Pedrezuela, Valdemanco, Navalafuente, Redueña, Lozoya y Canencia.

La subzona Noreste comprende localidades como Villavieja del Lozoya, La Acebeda, La Serna, Navarredonda, San Mamés, El Atazar, El Berrueco, Braojos, Prádena del Rincón, Robledillo de la Jara, La Puebla de la Sierra, Piñuecar, Gandullas, Madarcos, Montejo de la Sierra, Mangirón, Cinco Villas, Serrada de la Fuente y Paredes de Buitrago.

Aunque comparten la figura de la vaquilla, cada pueblo mantiene una forma propia de vivir la celebración. En unos casos predomina el componente religioso; en otros, el carnaval; y en otros, la fiesta funciona como recuperación de una tradición.

El documento del BOCM señala que las Mascaradas de Invierno podrían tener un origen prerromano. Estos rituales buscaban purificar las comunidades aldeanas al terminar el año, mediante recorridos por las calles, el ruido de los cencerros y el canto de las loas.

En la Comunidad de Madrid, el documento más antiguo conocido sobre la prohibición de estas manifestaciones es un escrito del párroco de Colmenar del Arroyo elevado al arzobispado en 1761.

COLMENAR VIEJO, FRESNEDILLAS, LOS MOLINOS O PEDREZUELA

Entre las celebraciones más destacadas en la Comunidad de Madrid figura la Fiesta de la Vaquilla de Colmenar Viejo, declarada de Interés Turístico Nacional en 1986 y celebrada, por decisión popular, el último sábado de enero. En ella participan alrededor de 25 agrupaciones, cada una con su vaquilla, acompañada por vaquilleros, mayoral y taleguero.

Los preparativos son parte esencial de la fiesta. Se revisa la estructura, se viste la vaquilla y se confecciona la indumentaria de los participantes. En este municipio, la vaquilla se adorna con colchas, pañuelos, mantones de Manila, rosquillas, cintas de colores, flores y escarapelas.

En Fresnedillas de la Oliva, la Fiesta de la Vaquilla está declarada de Interés Turístico Regional y se desarrolla como una representación teatralizada. Participan personajes como la vaquilla, el alcalde, el escribano y la hilandera. También intervienen los judíos o motilones, jóvenes solteros vestidos con trajes llamativos y cencerros colgados de la cintura.

En Los Molinos, también declarada de Interés Turístico Regional, la fiesta conserva un sentido religioso vinculado a San Sebastián y está organizada por los hermanos sebastianes. Su vaquilla destaca por ser probablemente la más sencilla de las que recorren los pueblos serranos: dos palos, dos cuernos y un rabo.

En Miraflores de la Sierra, la celebración tiene lugar el 3 de febrero, festividad de San Blas. Allí sobresalen los perreros, mozos vestidos de blanco con sombrero de copa, lazos, cintas y grandes cencerros. En sus sombreros cuelgan joyas, muchas procedentes del ajuar familiar, que forman un tesoro sentimental junto con los mantones de Manila.

En Pedrezuela, la fiesta, celebrada el 20 de enero y declarada de Interés Turístico Regional, cuenta con vaqueros y curramaches o gurramaches. Estos últimos llevan una indumentaria especialmente vistosa, con mantones de Manila cruzados sobre el pecho, pantalones floreados, cencerros y varas de fresno.

DESPEDIR A LA VAQUILLA COMPARTIENDO UNA COMIDA

La comida es otro de los grandes elementos de las Mascaradas de Invierno. El expediente subraya que comer en grupo, compartir y degustar productos y platos marca el carácter festivo de estas celebraciones.

El cocido madrileño es parte significativa de la fiesta en Los Molinos. También aparecen rosquillas en Colmenar Viejo y Valdemanco, torta de San Blas en Miraflores de la Sierra, pan de anís de San Sebastián en Pedrezuela, migas y vino en Los Molinos o patatas con bacalao en Miraflores.

En muchas localidades, la celebración culmina con la muerte simbólica de la vaquilla. Tras uno o varios disparos al aire, la vaquilla cae al suelo y se reparte la llamada sangre de la vaca, normalmente vino, sangría o limonada. En algunos municipios, esta bebida va acompañada de roscas, caldo, chorizo, panceta u otros alimentos.

UNA FIESTA VIVA, PERO DESIGUAL

La Comunidad de Madrid destaca que estas celebraciones se encuentran actualmente en distintos estados de vitalidad. Algunas no han roto su continuidad y han cobrado nuevo vigor desde finales del siglo XX gracias al impulso de las propias comunidades, la incorporación de nuevas generaciones y una mayor participación femenina. Es el caso de Fresnedillas de la Oliva, Los Molinos o Colmenar Viejo.

Sin embargo, la continuidad de estas fiestas afronta riesgos distintos según cada municipio. Entre los principales figuran la despoblación, la falta de relevo generacional, la existencia de otras alternativas de ocio para los jóvenes y la desigual implicación de los ayuntamientos en su organización.

Como medidas de salvaguarda, se plantea una intervención adaptada a cada municipio. También se propone reforzar la formación en patrimonio cultural inmaterial, apoyar los trámites organizativos, impulsar la labor de los centros escolares, promover exposiciones, talleres, folletos y unidades didácticas, así como fomentar la investigación. El documento apunta además que la Mancomunidad Sierra Norte de Madrid podría desempeñar un papel relevante en la recuperación.

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