Investigadores de la UMU descubren un trastorno psicológico de la alimentación derivado del apetito "excesivo"

Actualizado 11/05/2013 14:15:13 CET

Afirma que la crisis puede aumentar los casos de edorexia y empujar a la gente a consumir comida 'basura'

MURCIA, 11 May. (EUROPA PRESS) -

Un elevado porcentaje de la población posee un apetito "desproporcionado y excesivo" y es incapaz de autocontrolar este deseo por comer, a pesar de no estar necesariamente obeso. Es lo que se denomina edorexia, un síndrome psicológico descubierto por el psicólogo, nutricionista e investigador de la Universidad de Murcia (UMU), José Luis López Morales, y que un gran porcentaje de la población desconoce padecer.

Se trata de personas que pueden tomar cantidades excesivas de comida porque son incapaces de controlar sus impulsos y de modificar sus hábitos de alimentación. Frecuentemente, este trastorno está originado por patologías psicológicas como el estrés, la depresión o la ansiedad, pero en otros casos se trata simplemente de una adicción y de satisfacer un deseo insaciable por comer.

La edorexia es un concepto acuñado por este nutricionista en 2012 y es el resultado de la combinación de dos palabras latinas 'Edo' y orexis', que significan comer y apetito respectivamente, es decir, simboliza el "comer por apetito". De momento, López es el único investigador especializado en su estudio en todo el mundo, y su intención es ahondar en su conocimiento.

Hay cuatro factores que desencadenan este trastorno. El más importante de ellos es tener una emoción negativa hacia la obesidad, de forma que la persona va a evitar comer en exceso, lo que "no significa comer bien". El individuo termina por comer menos por el miedo a la obesidad.

Otros factores que originan la edorexia son la dependencia y la adicción a la comida, así como el déficit de bienestar psicológico producido, por ejemplo, por el estrés, la ansiedad o la depresión que activan un mecanismo de recompensa que conduce a un abuso de la comida.

DISTINGUIR "HAMBRE DE APETITO"

López insta a distinguir el 'hambre' del 'apetito', dos conceptos muy diferentes. En este sentido, aclara que el hambre es una sensación "fisiológica" positiva, porque empuja a las personas a comer, mientras que el apetito es "el deseo por comer".

Aclara que el apetito es bueno cuando es "proporcionado", porque representa el deseo por comer. Si la persona carece de esta sensación, "no se molestaría en ir del sofá a la cocina para prepararse algo de comer". El problema, añade, se produce cuando el apetito es "desproporcionado y excesivo".

Comer por ansiedad, por depresión o por adicción a los azúcares "no es malo", aclara López. El problema se produce cuando el no poder comer estos alimentos altera tu "vida cotidiana" hasta el punto de no poder salir a la calle, por ejemplo, para comer con tus amigos porque no quieres que te vean comer tanto o te sientes culpable por ello.

López puntualiza que la persona que padece edorexia "no es consciente" de ese apetito voraz, y sólo se dan cuenta cuando han terminado. Los enfermos pueden detectar que tienen este trastorno cuando "ven que picotean sin parar, a todas horas, sin una verdadera necesidad fisiológica".

Quienes padecen edorexia suelen sufrir un malestar psicológico, ansiedad o estrés" por no comer. Se trata de gente que "come por impulso y ni siquiera disfruta", destaca este psicólogo y nutricionista, que contará todos los detalles sobre este trastorno en una conferencia que ofrecerá el próximo miércoles, 22 de mayo a las 18.30 horas en el Salón de Actos del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia.

FACTOR CULTURAL

A este respecto, subraya que el hecho de estar delgado no descarta obligatoriamente padecer edorexia, ya que puede comer mucho y sentirse muy culpable por ello, a pesar de no engordar por estar bien dotado genéticamente o por tener un mecanismo homeostático que compensa muy bien. Esto complica la detección del trastorno.

Asimismo, desmiente que sea mejor comer dos veces que comer seis y añade que el problema no es comer mal, sino comer "muchas veces mal" al ingerir alimentos prefabricados, por ejemplo, que cuentan con más sustancias adictivas, aumentando la posibilidad de padecer una adicción a la comida que conduzcan a una edorexia.

Uno de los componentes de la edorexia es la asociación mental de algunas personas, que "se sienten muy bien al comer determinadas sustancias" al relacionarlas con otras circunstancias o situaciones pasadas, por ejemplo. De hecho, López señala que la propia sociedad empuja a relacionar los banquetes y la comida con celebraciones, por lo que al final tiendes a pensar que el alimento es placentero.

Por tanto, este psicólogo reconoce que hay un importante factor cultural, que está consiguiendo que el 60 por ciento de la población española tenga sobrepeso. "De pequeño te ayudan a controlar tus esfínteres, pero nunca te enseñan a controlar tu apetito", remarca López, quien destaca que la población no está sensibilizada.

Por ejemplo, explica que a los niños se les enseña desde pequeños a asociar la comida 'basura' con el placer. Este hecho sería determinante en el hecho de que los locales que sirven este tipo de alimentos estén llenos en la actualidad, en momentos de crisis.

López destaca que estos locales de comida 'basura' tienen precios elevados, por lo que es inexplicable que la gente acuda a ellos si tienen dificultades a final de mes. Sin embargo, atribuye este hecho al mecanismo de recompensa que se activa en cada persona, y que nos invita a pensar que merecemos un premio aunque sea un poco más caro.

A parte de los factores culturales, explica que hay otros desencadenantes como, por ejemplo, el hábito alimenticio al que se acostumbra al cuerpo. Así, los deportistas que dejan de practicar ejercicio tienen la "inercia" de seguir comiendo la misma cantidad de alimento.

SOLUCIONES TERAPÉUTICAS

Para solucionar la edorexia, López afirma que es necesario afrontar, en primer lugar, los problemas de estrés, de depresión o de ansiedad que lo desencadenan.

En los casos de pacientes que tienen meramente una adicción a la comida, los profesionales recomiendan emplear la abstinencia. El psicólogo, en estos casos, enseña al paciente a distinguir las situaciones en los que sufre los episodios edoréxicos y les instruye en cómo afrontarlos.

De todas formas, López aclara que la idea no es que el paciente deje de comer, porque el alimento no es una droga, sino que "hay que enseñarle a controlar el apetito".

En este sentido, considera importante enseñar al paciente a "saber escuchar su cuerpo" y compensar los alimentos ingeridos. Asimismo, propone como terapia para los pacientes que lleven un registro preventivo de todos los alimentos que van tomando a lo largo del día.

Este psicólogo remarca que todas las personas "tienen los mecanismos necesarios para controlar el impulso de comer", pero afirma que es necesario practicarlo, algo que López enseña a sus pacientes en la consulta.

Otra de las herramientas empleadas por López para afrontar la edorexia es emplazar a los pacientes a que coman despacio, sintiendo los sabores y las texturas, para que se den cuenta de que "comen por impulso y no por placer".

López ha explicado que el azúcar produce las mismas alteraciones que la droga y genera la misma dependencia física, según confirman diversos estudios, y es normal que las personas sean adictas a esta sustancia porque es vital para la supervivencia. Sin embargo, añade que todos los alimentos provocan una dependencia a nivel "psicológico".