DON BENITO (BADAJOZ), 18 (EUROPA PRESS)
La Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Don Benito ha hecho posible que niños de los campos de refugiados de Tindouf (Argelia), puedan disfrutar de unas verdaderas vacaciones gracias al programa 'Vacaciones en Paz', cuyo objetivo es que familias extremeñas acojan en sus casas a estos niños durantes los meses de julio y agosto para que, por unos días, se alejen de esa realidad tan dura que les rodea.
Adela Capilla, una extremeña que lleva tres años acogiendo a un niño en su familia, aseguró que esta experiencia "ha sido algo enriquecedor" y defendió que, aunque "son niños con costumbres distintas, se adaptan fácilmente".
Adela se decidió finalmente acoger a un niño saharaui hace unos años tras ver un reportaje en un periódico. "Fue algo increíble, era tan pequeñito y venía tan mal que me llegó al alma", recordó Adela en alusión a la primera vez que vio a Sidi, el niño al que acoge.
En este sentido, apuntó que el primer año fue "el peor" porque lo "desconocía" todo y, por ejemplo, "veía árboles y se subía". Pero hay que "reñirle" como a un niño normal, agregó Adela, quien insistió en que "los primeros días les cuesta, pero luego lo cogen todo rápido".
Como la experiencia fue tan buena el primer año, decidió que al año siguiente volviese Sidi y, actualmente, sólo le quedan dos más de vacaciones en nuestro país porque para poder disfrutar de esta oportunidad los menores deben tener entre 6 y 12 años. "Él se ha hecho a mí y yo a él", concluyó.
VISITA A LOS CAMPOS DE REFUGIADOS
Esta mujer visitó hace unos meses el campo de refugiados donde vive Sidi con su familia y aseguró que "allí no viven, sobreviven", sobre todo gracias a la "poquita" ayuda que dan los padres de acogida. Las ayudas humanitarias les dan harina para que "se hagan pan", por lo que "si hay algo comen, si no pan", añadió.
Por todo esto, Adela animó a la gente a que acoja a estos menores y se haga cargo de su situación porque "es penoso ver a madres con un montón de hijos a su alrededor y que no pueda darles de comer porque no hay".
Para ellos hacer las tareas cotidianas supone "un mundo" e incluso Sidi llegó a preguntarle a Adela qué es lo que hacían con el agua de la piscina cuando dejaban de utilizarla. "Saben lo que hace falta allí y ven como vivimos aquí", aseveró la madre de acogida.
A pesar de que sólo se vean dos meses al año no pierden el contacto y se llaman casi todos los meses, ya que "es uno más de la familia". Cuando llega el final del verano tienen que "mentalizarse" porque su familia es "aquella" y ellos son su "familia de verano".
NUEVOS PADRES
Otra mujer que se ha animado por primera vez a ser madre de acogida es Isabel Pereira quien se mostró "muy contenta" con la acogida de una niña de ocho años, a la que finalmente se ha sumado Mustafa, un niño de 6 años que se quedó en el aeropuerto sin familia de acogida. "Mi marido lo cogió en brazos. Estaba llorando y con fiebre, por lo que al final se lo quedó una hermana nuestra", explicó Isabel.
La madre de acogida cree que el mejor año tiene que ser el primero, porque "no saben el idioma" y "todo" les llama la atención; desde un interruptor a un grifo. Asimismo, describió la experiencia como "demasiado fácil" porque estaban preocupados por el idioma o por si la niña lloraría por la noche recordando su familia; pero al final todo ha ido fenomenal.
Las familias que no se animan a acoger a un niño saharaui por miedo a que después les dé "pena" que se marche a su casa es algo estos padres no entienden, porque lo que realmente les da pena a ellos son los niños que se quedan allí "aguantando" 50º grados a la sombra.