Publicado 28/04/2021 14:09CET

Un policía que se enfrenta a dos años de cárcel por pegar a un detenido defiende que se obcecó al ser amenazado

Dos policías acusados de golpear a un interno
Dos policías acusados de golpear a un interno - EUROPA PRESS

La víctima afirma que no le dejaron ir al baño y le llamaron 'moro de mierda'

VALENCIA, 28 Abr. (EUROPA PRESS) -

Un agente de Policía Nacional que se enfrenta a dos años de cárcel por pegar a un detenido tras orinarse en el calabozo ha declarado este miércoles ante un tribunal que llevaba tres noches sin dormir por cuidar a su hija y se "obcecó" y no se pudo contener al ser amenazado con que le iba a contagiar una enfermedad.

Su compañero, el coordinador, también acusado en este procedimiento, ha justificado que no intervino en los hechos para "no empeorar" una situación "muy peligrosa" porque su compañero estaba "fuera de sí" y el detenido bajo alguna sustancia. La víctima, por su parte, ha asegurado que no le dejaron ir a baño y le llamaron 'moro de mierda'.

El juicio contra los dos agentes ha comenzado este miércoles en la sección tercera de la Audiencia de Valencia y Fiscalía les acusa de agredir a un detenido que custodiaban en un calabozo del complejo policial de Zapadores de València. Los hechos ocurrieron en la madrugada del 29 de agosto de 2019 cuando la víctima, detenida esa noche por un delito de contra la salud pública, solicitó reiteradamente ir al baño.

Sin embargo, los agentes, según el relato del ministerio fiscal, le comunicaron que no podían llevarlo en ese momento y el detenido se orinó en el suelo. En ese momento, los dos acusados entraron y uno de ellos comenzó a darle puñetazos hasta que cayó al suelo, lo que aprovechó para darle patadas. El otro procesado no intentó de ninguna manera evitar la agresión, que duró cerca de un minuto.

Por estos hechos, la Fiscalía pide una pena de prisión de dos años para el primer agente por un delito de atentado y otro de lesiones y para el otro encausado solicita provisionalmente un año de prisión por un delito contra la integridad moral.

En la vista, el acusado de la agresión, que es agente desde 2007 y estuvo en Zapadores desde 2016 a 2019, ha explicado que esa noche entró de servicio sobre las 23 horas aunque dudó de ir a trabajar porque se encontraba mal tras tres días dormir porque su hija estaba mala.

El agente, que ha señalado que desconoce por qué el interno se orinó en el suelo, ha admitido: "Actué de muy mala manera, no he actuado así en mi vida, no sé qué se me pasó por la cabeza". Al respecto, ha relatado que al cachearle le encontró drogas escondidas en sus genitales y por ello el detenido centró sus amenazas, --asegura que le dijo 'te voy a arruinar la vida' o 'sin uniforme no te atreves a hablarme'-- contra él.

Sin embargo, cuando ya dentro del precalabozo le dijo que tenía una enfermedad infecciosa y que le iba a contagiar, ha contado, "ya no me pude contener hasta que me paré a pensar las cosas, lo mal que lo había hecho, frené en el momento y salí del calabozo y mi compañero me siguió".

Ha afirmado no recordar bien dónde le dio las bofetadas, "por el vídeo parece que en la cabeza", pero ha negado darle patadas: "nunca, jamás". "Todo pasó tan rápido que ni recuerdo cómo reaccionó el detenido, la verdad es que ni lo escuchaba", ha asegurado.

Según su relato, fue cuando el detenido estaba ya en el suelo fue cuando vio a su compañero, no antes. "En ese momento estaba obcecado en que me quería contagiar, no sé por qué porque por la orina no se puede, y no escuche a nadie", ha insistido. El se marchó sin hacer parte de lo ocurrido al finalizar su servicio, tras comprobar que el detenido "no tenía nada" y que solo quería dormir. Sus compañeros tampoco le notificaron que presentara fracturas.

"MIEDO A QUE LLEVARA ARMAS"

El segundo acusado, coordinador del turno, que comenzó a trabajar en Zapadores una semana antes de los hechos, ha explicado que no se le permitió ir al baño por "miedo" a que escondiera un arma porque aunque en el primer cacheo no se le encontró nada por las imágenes de vídeo se veía al detenido tocarse las zapatillas y esconder algo tras su calzoncillos. Por ello, ha alegado que se requería un "cacheo más exhaustivo" antes de que fuera al baño. Luego afirma que se le encontró una bolsa con drogas.

Asimismo, ha mantenido que trató de contener la situación de forma verbal porque al acceder al precalabozo se encontró con una escena "muy peligrosa" y una actuación física "podría haberlo empeorado todo sobremanera" porque "el poyete en el que estaban tiene aristas, había orina por el suelo que podía hacer resbalar y los dos en tensión discutiendo acaloradamente".

En ese sentido, ha explicado que tardó ocho segundos en acceder al precalabozo sin saber qué había ocurrido dentro y al llegar a la puerta es "un schock y estaba todo en máxima tensión" ya que a tres metros de donde se inicia la acción se encuentra al detenido sobre un poyete y ve a su compañero darle "un manotazo" y reducirle en el suelo. El agente mantiene que en ese momento interpretó que el detenido habría querido agredirlo y que su compañero le inmovilizó con la pierna. "Yo no vi la patada", ha asegurado.

Asimismo, ha asegurado que el detenido se negó en todo momento a recibir asistencia médica. "Dejádme en paz solo quiero ir al calabozo a dormir", asegura que dijo. Tampoco le observó lesiones. Además, ha esgrimido que no redactó un parte de lo sucedido porque, vía sindicato, se le comunicó que si no había lesiones que "lo dejara estar".

"PUÑETAZOS Y PATADAS"

Por contra, la víctima, ha asegurado que solo le cachearon una vez y que le desnudaron durante el registro sin encontrarle "nada". Pidió ir al baño en dos o tres ocasiones ya que había bebido muchas cervezas y estaba muy borracho, pero los agentes no se lo permitieron y le decían 'moro de mierda'. Después entraron dos agentes y uno de ellos le comenzó a pegar con "puñetazos" hasta que le tiró a suelo y le intentó dar patadas con las botas y también llevaban guantes. El otro, según su declaración, permaneció de pie con las llaves.

En la primera exploración hospitalaria afirma que no se le detectó nada pero pasados unos días sintió "mucho dolor" y le volvieron a reconocer en el hospital y entonces sí que le diagnosticaron tres costillas rotas. Asegura que en ese intervalo de tiempo no tuvo más problemas ni con la policía ni con el resto de internos.

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