Actualizado 23/01/2008 01:00

Carmen Tomás.- Crash bursátil

MADRID 23 Ene. (OTR/PRESS) -

Las bolsas del mundo tomaron ayer conciencia de que la situación es seria y sus soluciones complicadas. El IBEX perdió sólo en la jornada de ayer 1000 puntos y la referencia de los 13.000 puntos. Es, según las estadísticas, la mayor caída de su historia. No se salvó nada, aunque con especial virulencia cayeron los bancos. Los inversores fueron presas del pánico que ya había comenzado de madrugada en los mercados asiáticos. Y todo sin la referencia de Wall Street que ayer estaba cerrado por festivo.

Parece que hay varias razones que avalan este derrumbe. Por un lado, el miedo a la recesión en Estados Unidos y a que las medidas fiscales de rebajas de impuestos que ha anunciado Bush no sean suficientes. El mercado espera recortes de los tipos de interés. La FED podría, en su reunión del próximo día 30, bajar el precio del dinero incluso dicen algunos hasta 0,75 puntos, hasta el 3,50 por ciento. Además, sigue y muy presente la crisis del crédito y el miedo a que el daño sobre los bancos sea mayor del que ahora se está presentando. Y tercero, los países emergentes, como se creía hasta ahora, podrían no ser tan dinámicos de forma autónoma, es decir sin la pujanza de consumo que representan Estados Unidos y Europa.

Así que este combinado hace pensar a los analistas que con algún repunte puntual podríamos ver más recortes en el corto plazo. La esperanza es que en las próximas semanas se notarán los efectos de la bajada del precio del petróleo y de los tipos de interés. Hay mucha expectación en este sentido con lo que pueda hacer el BCE. Hay opiniones para todos los gustos, pero no cabe duda de que el deseo de todo el mundo es que se decida a hacerlo, aunque la inflación esté alta y su misión sea vigilarla.

Antes este panorama, salía ayer Pedro Solbes para decirnos que el Gobierno está vigilante por si hubiera que tomar medidas. Resulta sorprendente que diga esto. Nada tiene que hacer el Gobierno ante una situación de pánico bursátil, mientras que en los asuntos internos en los que sí puede hacer algo, dice que no va a hacer nada. El vicepresidente no deja de sorprendernos. También dice que no hay que exagerar y que España y Europa están preparadas para aguantar. Una vez más el complaciente Solbes se pone de lado. Que nos digan qué debemos pensar ahora si en octubre, según el presidente, los máximos de la bolsa reflejaban la fortaleza de la economía española. No aciertan ni cuando se equivocan.

Carmen Tomás

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