Actualizado 26/12/2008 01:00

Charo Zarzalejos.- Ahora los papeles

MADRID 26 Dic. (OTR/PRESS) -

Han bastado apenas cuarenta y ocho horas para zanjar el pasmo que produjo la reunión del pasado fin de semana entre el Presidente del Gobierno y el presidente de la Generalitat. Se produjo el encuentro en el plazo límite, muy al estilo de nuestro Presidente, que ha demostrado saber moverse en el alambre con una pericia fuera de lo común.

El pasmo llegó y se fue como por arte de magia. Mejor dicho, lo alejó Esperanza Aguirre, cuya rueda de prensa al término de su encuentro con Zapatero llenó de perplejidad a propios y extraños. Es natural que si el Presidente se muestra receptivo con sus tesis, así sea reconocido; pero de la presidenta de la Comunidad de Madrid se esperaban, además, "algunas palabritas", una pizca de escepticismo, un punto de presión para que lo hablado sea realidad.

Con toda probabilidad Aguirre hizo lo que debía, pero por primera vez dejó de jugar el papel al que nos tiene acostumbrados. Sus más próximos aseguran que antes y después del encuentro habló con Rajoy y que incluso algunos términos de su comparecencia estaban medio pactados con el presidente de su partido. Lo cierto es que del pasmo Montilla se pasó al pasmo Aguirre y, por encima de ellos, indemne del todo quedó el Presidente del Gobierno.

El encuentro con Aguirre, después de haber estado con el presidente andaluz, desactivó la polémica y sólo el Presidente de Extremadura ha mantenido un discurso reconocible. No ha habido distancia entre sus palabras y su actitud y dice que ya veremos.

Y en eso estamos, en el ya veremos, porque en cuestión de días tiene que pasarse al papel las cordiales conversaciones del Presidente con los responsables de las autonomías, incluido Touriño, que por no dejarse comer el terreno por el BNG pide que a la hora de dar dinero se tenga en cuenta el hecho diferencial de la lengua. Los papeles, que en esta ocasión no lo aguantan todo, tendrán que poner blanco sobre negro las demandas autonómicas, incluida la de la lengua gallega, y tendrán que explicar de dónde se va a sacar más para todos cuando hay menos que nunca para la mayoría.

No es que una esté en contra de las autonomías, al contrario. Han sido y son un buen invento. Una forma correcta de administración, de cercanía a los ciudadanos y sus problemas; pero en momentos de crisis y de escasez de recursos, que es en lo que estamos, el Estado no puede ni debe quedarse desprovisto de recursos, de margen de maniobra para afrontar problemas cuya solución, a la hora de la verdad, no se reclama a las autonomías por mucho dinero que estas manejen, sino al Gobierno central.

En momentos de crisis, de emergencia económica y cuando la situación requiere soluciones globales, esta fórmula de cordiales conversaciones para resolver situaciones concretas, obliga a equilibrios complicados y salvo que se acuda a la magia de las palabras inconcretas, de los plazos sine die, la lógica indica que no se puede dar más a todos a la vez. Se echa en falta por parte de los responsables autonómicos, tanto del PP como del PSOE, un paso adelante para que por una vez y sin que sirva de precedente hubieran ido a Moncloa y, en lugar de pedir, hubieran planteado que pueden hacer ellos por todos.

Vamos a esperar a los papeles, vamos a observar como se hace cuadrado el círculo. Y mientras tanto, constatar una vez más que el Presidente del Gobierno baila en el alambre como nadie.

Charo Zarzalejos

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