Actualizado 09/05/2008 02:00

Charo Zarzalejos.- Algo de que hablar

MADRID 9 May. (OTR/PRESS) -

La caja de Pandora se ha abierto. La Vicepresidenta del Gobierno avanzó en comisión parlamentaria los planes del Gobierno: retomar las modificaciones constitucionales que no fueron posibles la legislatura anterior, modificar la ley Electoral y abordar una nueva Ley de Libertad Religiosa que avance en la laicidad del Estado. Ninguna de estas cuestiones se van a resolver en un día y todas ellas requieren de sus respectivas comisiones y bien sabido es que cuando no se quiere hacer algo se crea una comisión.

Tiempo al tiempo para ver en qué queda todo, pero de entrada ya se han puesto encima de la mesa asuntos de los que hablar que no pasan ni por la crisis económica, ni por la financiación autonómica y ni mucho menos por el anuncio de una comparecencia del Presidente para que nos cuente cómo está la situación y cómo quiere manejar los asuntos pendientes.

Como es lógico, al Gobierno le asiste todo el derecho a plantear los asuntos que crea conveniente pero da la impresión de que, en concreto, con la anunciada Ley de Libertad Religiosa se va generar la consabida polémica cuando no parece que este asunto sea algo que agobie o preocupe a los españoles. En España hay libertad religiosa. Cada cual puede practicar la religión que quiera o ninguna y en la Constitución se consagra el estado "aconfesional" que es un concepto distinto al de "laico". La aconfesionalidad garantiza la separación entre lo religioso y lo público. Pone cada cuestión en su sitio y obliga al respeto mutuo y, desde luego, a la equidad de trato a todas las religiones. El laicismo es otra cosa. Es, según el diccionario la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad de toda influencia eclesiástica o religiosa. Ambas posiciones son legítimas pero en puridad doctrinal si se pretende avanzar hacía un Estado laico, lo correcto sería acudir a una reforma constitucional porque no es lo mismo ser "aconfesional" que "laico".

El fundamentalismo religioso es intolerante, absurdo y rechazable. Nadie está obligado a creer en lo que no cree y a todos hay que garantizarles su espacio de libertad. Los fundamentalismos son agobiantes y estos no son solo los religiosos. ¿No es fundamentalismo imponer que una sociedad sin religiones es más feliz o está más cohesionada?. El nada "comesantos" presidente fraces, responsable de un estado laico por excelencia ha reivindicado la importancia de las religiones porque , dice, "ayudan a dar esperanza a la sociedad y una sociedad esperanzada es más fuerte".

A Dios lo que es de Dios y a Cesar lo que es del Cesar. Si el Gobierno lo que pretende es garantizar un trato justo y respetuoso a todas las religiones que se practican en España_la católica abrumadoramente mayoritaria_defender el derecho a creer o a no creer, y ajustar posibles desfases bienvenida sea la ley. Si se trata de otra cosa pues vayamos a ella y modifiquemos la Constitución para que el Estado español deje de ser aconfesional para pasar a ser laico. Y a partir de ahí asumir las consecuencias.

Primero los creyentes de cada religión y, segundo, el propio Estado que, por ejemplo, vería trastocadas sus cuentas si la Iglesia Católica cobrara a coste real la ingente y silenciosa labor social que realiza que según algunas estimaciones podría valorarse en varios miles de millones de euros al año. Y es que una cosa es la Conferencia Episcopal y otra todo lo demás. De momento ya tenemos de que hablar hasta que el próximo dato del paro de un nuevo susto, que lo dará.

Charo Zarzalejos

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

El tiempo corre contra Feijóo

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Pero ¿cuántos ministros deben cesar? ¿Todos? ¿Ninguno?

Foto del autor

Charo Zarzalejos

El burka al margen de Vox

Foto del autor

Fermín Bocos

El desconcierto de las izquierdas