MADRID 18 Mar. (OTR/PRESS) -
Españoles residentes en Japón, sobre todo en Tokio, no dejan de mostrar su asombro por el alarmismo desatado en Europa por la difícil situación de la central Fukishoma. Ellos, los residentes en Tokio que están a menos de 300 kilometros de la zona de riesgo han reanudado su vida normal sin que ello signifique que no tengan su punto de preocupación. Ya se sabe que los japoneses son disciplinados y serenos, pero son humanos y como es natural tienen su inquietud. El mérito es saber convivir con ese sentimiento sin alarmismo. Por eso no se entiende que en Europa se esté rozando el histerismo cuando es un continente, según todos los expertos y la propia historia, con poco o muy poco riesgo de sufrir los desastres naturales que han asolado parte del país nipón.
La siempre tranquila Angela Merkel ha sido la primera en entrar en resonancia. A escasas fechas de elecciones, la cancillera alemana ha cerrado ya unas cuantas centrales y ha advertido que lo ocurrido en Japón va a suponer un antes y un después en la política energética europea, hasta el punto de querer llevar a la cumbre del próximo dia 24 el debate sobre la energía nuclear. Este consejo está convocado para hablar de euro y de su salvación definitiva, pero todo apunta a que en el orden del día se va a introducir el punto correspondiente a la energía nuclear como primer paso para el gran debate europeo que, con toda seguridad, se avecina.
En el capítulo del alarmismo no se puede dejar pasar por alto al eurodiputado finlandés que ha hablado de "apocalipsis" y, desde luego, a Francia que siendo como es la gran despensa nuclear de Europa ha levantado la voz al Gobierno nipón acusándole de mentir a la hora de informar sobre el verdadero alcance de la situación de la central dañada por el tsunami. La solidaridad del gobierno de Sarkozy ha sido realmente llamativa. Censurar desde fuera al gobierno nipón que tiene que hacer frente a una situación más que dramática es un ejercicio de cinismo y más cuando proviene de un gobierno europeo. Afortunadamente, la posición del Gobierno español ha sido, con mucho la posición más sensata de las registradas. La intervención del Presidente del Gobierno reiterando la seguridad de las centrales españolas, huyendo de cualquier alarmismo y apelando a la prudencia a la hora de establecer conclusiones, es una posición que en medio de tanto disparate, es de agradecer y de reconocer, máxime cuando parte de un político tan poco proclive a lo nuclear como el Presidente del Gobierno.
El debate sobre la energía nuclear lo tenemos en puertas pero será un debate que llevará a concluir en lo que ya estamos: que la energía nuclear no es una opción sino una necesidad, que las centrales europeas son seguras, entre otras razones porque están sometidas a un severísimo protocolo de vigilancia y control y que la alternativa a lo nuclear es el petróleo, un bien limitado, contaminante, caro y en manos_como hemos constatado_de regímenes nada recomendables. Europa habla de alarma nuclear como si Paris o Berlín estuvieran en el perímetro de seguridad de la central dañada y mientras hablan de eso, los informativos relegan el drama libio y el triunfo de Gadafi ya a las puertas de Bengasi, último reducto de los rebeldes. Estos han pedido ayuda a la comunidad internacional que con una impostura digna de mención gasta más energías en mirar a una central a miles y miles de kilómetros de distancia que al drama que tiene delante de sus ojos. Con razón ,los japoneses nos miran atónitos. Ellos tampoco entienden nada.