MADRID 6 Jun. (OTR/PRESS) -
La impresión más compartida es que el PP está ensimismado consigo mismo y, por lo tanto, incapacitado para ejercer una Oposición contundente y, desde luego, tomar medidas concretas. Pero ocurre que la apariencia, en cierto modo, se está confundiendo con la realidad. Esa afirmación está sujeta a mucho matiz, pero no en lo que se refiere a la pugna soterrada que existe entre el PP y el partido de Rosa Díez, que ha puesto el cesto para que le vayan cayendo los votos de los "populares" desencantados.
En el PP se han dado cuenta, y Soraya Sáenz de Santamaría se ha puesto manos a la obra de manera, que, por ejemplo, con su voto en la Junta de Portavoces se ha establecido unos tiempos de intervención que dejan escaso margen de maniobra a la política vasca y Alfonso Alonso, ex alcalde de Vitoria y posible candidato del PP vasco a Ajuria Enea, ha establecido un serio marcaje sobre las iniciativas parlamentarias. No quieren los populares que Rosa Díez crezca a base de plantear determinadas reivndiaciones, después de haber sido consejera con el lehendakari Ardanza y haber dado el visto bueno a algunas iniciativas a las que en su momento se opuso el PP, por caer precisamente en lo que ahora Díez denuncia. Como ejemplo, la Ley de Función Publica vasca en la que se incluyen las condiciones lingüísticas.
El miércoles en la sesión de control Rosa Diez interpeló al Gobierno sobre la enseñanza del castellano y la libertad de los ciudadanos para utilizar la lengua común. La interpelación no difería en nada de la propuesta planteada por el PP la semana anterior. Esta interpelación recibió la abstención de Rosa Diez por considerarla "insuficiente". Los populares han visto en esta "maniobra" toda una lección de "oportunismo".
La estrategia del PP es no levantar la voz ante el partido de Diez, pero tampoco establecer connivencia alguna y, llegado el momento, advertir de que si en algunas cuestiones relacionadas con el modelo de Estado, lucha contra ETA o política lingüística hay coincidencias evidentes, en otras muchas no menos importantes las discrepancias son de fondo. Recordarán, por ejemplo, que UPD está liderado por personas provenientes de la izquierda, que no han planteado propuestas concretas sobre modelo de sociedad, política económica , política exterior y otros tantos asuntos que, al final, conforman el perfil de cada partido.
La primera gran pugna entre el PP y UPD serán las elecciones vascas. Para esta pugna Rosa Díez tiene preparado el cesto de los votos que en ningún caso le van a ir del PSE. Sus esperanzas, sus legítimas esperanzas, están en los desencantados populares vascos, que tienen por delante no sólo el reto del Congreso de Valencia, sino que en julio celebran el Congreso convocado por María San Gil para elegir candidato a Ajuria Enea y a la presidencia del partido. Ambas designaciones recaerán sobre la misma persona. Como objetivo más inmediato, los populares se han planteado el salir bien parados de ambas citas y acto seguido tratar de neutralizar las aspiraciones de Rosa Díez, que quiere, como es lógico, obtener presencia en el Parlamento vasco. Los populares argumentan para tranquilidad propia que las elecciones generales demostraron que el País Vasco no fue precisamente el mejor caladero de votos para UPD. Muy al contrario, esto ocurrió en Madrid.
Charo Zarzalejos.