MADRID 23 Feb. (OTR/PRESS) -
Metidos, como estamos, en esta locura permanente que es la actualidad política, hay pocos momentos en que esa frenética actualidad nos da un baño de realismo y cotidianeidad. Hay pocos momentos en que detrás de una declaración, miramos y vemos a los políticos como el hombre o la mujer que llevan dentro. Muchas veces, la mayoría, nos olvidamos por completo de que los políticos son humanos y ,como tales, sienten y padecen. El anuncio de una valerosa y peleona Esperanza Aguirre sobre la enfermedad que padece, esa que tienen un mal nombre: cáncer y un buen apellido: curación, nos ha reconciliado a todos un poco con una clase política a la que vemos fría y distante, tan alejada del común de los mortales, que somos incapaces de ponernos en su piel salvo en contadas excepciones.
Este ha sido el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid que emocionada, como lo estaríamos cualquiera a quien nos dan una noticia, dijo con una naturalidad difícil de igualar que se tenía que retirar unos días del primer plano de la batalla política para emprender su batalla personal contra el cáncer. No es la primera vez que la hemos visto salir airosa y entera de trances difíciles. La vimos salir tan pancha por su propio pie -aunque la procesión fuera por dentro- cuando se cayó el helicóptero en el que viajaba y también presentarse tranquila ante los medios de comunicación- con los calcetines que la habían dado en el avión de regreso a España-después de sufrir en propia carne los atentados terroristas de Bombay. Entonces dijimos que esa era Aguirre en estado puro, esa mujer que tiene la extraordinaria capacidad de armar un discurso que se entiende bien por el pueblo llano y soberano y a la vez hacer temblar a la elite política y periodística con su descaro y su falta de complejos para poner el dedo en llaga.
En esta ocasión la "lideresa", la "jefa" como la llaman cariñosamente sus mas cercanos colaboradores ha vuelto a hacer de la necesidad virtud y con la voz quebrada y refiriéndose a los suyo como un bulto -es decir una cosa pequeña, insignificante, pero sin restarle gravedad- hizo todo un tratado de la salud preventiva, que para sí quisieran los mas prestigiosos expertos en el tema.
También a la hora de retirarse brevemente a los cuarteles de invierno es Esperanza en estado puro y ,de ahí, que hasta sus más feroces adversarios la hallan deseado sinceramente suerte, como ella misma pidió.
La política, como la vida misma, es un camino lleno de obstáculos, donde los días de vino y rosas se pueden contar con los dedos de la mano, pero la gran diferencia entre una cosa y la otra es que la política es efímera e impersonal, se ganan pequeñas batallas pero tarde o temprano se pierde la guerra, mientras que en la vida las pequeñas batallas del día a día son las que siempre nos hacen ganar la guerra de la superación.
Esperanza Aguirre, como en su día tuvo que hacer Luz Casal, María San Gil, Ana Palacio, Duran Lleida y otros muchos ha cogido el toro por los cuernos y, al hacerlo con tal valentía, ha animado a muchos ciudadanos anónimos que se encuentran en la misma situación a no tirar la toalla y sobre todo a no rendirse ante esta enfermedad maldita que tiene un nombre aterrador, pero un apellido cargado de esperanza. ¡Suerte Presidenta!