MADRID 17 Jun. (OTR/PRESS) -
Toda realidad olvidada acaba vengándose. La crisis económica (que Zapatero niega), le está pasando factura al Gobierno: sí mañana hubiera elecciones generales las podría ganar el Partido Popular. Así lo apuntan las últimas encuestas. La huelga de camioneros ha sido la gota que ha venido a colmar el vaso. Menos los salarios, todo está aumentando de precio. El paro se incrementa y las previsiones de crecimiento se han venido abajo. El vicepresidente Solbes que se pasó los meses de la campaña electoral predicando tranquilidad y buenos alimentos ha tenido que reconocer que las cosas no van como había pronosticado. Y no es cuestión de echarle todas las culpas a la subida del precio del petróleo porque nuestros vecinos -Francia (Sarkozy ) y Alemania (Merkel)- también tienen que importarlo, pero a ellos sí les salen las cuentas: crecen y tienen menos inflación que la que tiene España.
La ventaja de Zapatero es que enfrente no tiene a nadie. Rajoy está políticamente ausente; sigue en su laberinto precongresual. Más atento a conservar la silla rodeándose de afines que dispuesto a cantarle al Gobierno las verdades del barquero.
El pasado 9 de marzo Zapatero ganó las elecciones, pero a la vista del desgaste que reflejan las encuestas nadie diría que su nuevo Gabinete sólo lleva cien días de rodaje. Lo malo es que la crisis no ha hecho más que empezar y que vendrán días peores cuya inquietud no podrán mitigar ni los goles de David Villa ni la gloria de José Tomás.
Fermín Bocos