MADRID 2 Sep. (OTR/PRESS) -
Tengo la sensación de que este año hemos comenzado la 'cuesta de septiembre' con un cierto grado de pesimismo mayor que en otras ocasiones. Las encuestas que se publican, y otras que no se publican pero de las que se tienen noticias, indican que es poco el porcentaje de españoles que piensa que 'lo suyo' -la economía, claro-- va a mejorar y, en cambio, es grande el porcentaje de quienes creen que va a empeorar.
Ya sé que hay razones objetivas para este pesimismo preotoñal: la construcción que se hunde, el turismo que no ha dejado tanto dinero como en otras ocasiones, el precio del petróleo... Pero la economía tiene una muy importante carga subjetiva; es un estado de espíritu. El pesimismo genera más crisis, aunque no sea seguro que el optimismo la conjure. Por eso tiene importancia el ánimo colectivo a la hora de afrontar una nueva etapa. Y el ánimo, sencillamente, no es bueno.
Lejos de mi intención culpar de todo cuanto ocurre al gobierno; para empezar, no es el gobierno el culpable de este desierto económico que hemos empezado a atravesar. Pero sí tiene una cierta responsabilidad en la generación de un hispanopesimismo: no han sabido insuflarnos confianza -demasiadas versiones contradictorias, demasiadas expectativas no cumplidas-. Y es precisamente confianza en el futuro lo que el consumidor y el inversor necesitan.
Los españoles que regresamos desde las vacaciones a la dura realidad necesitamos un poco de ilusión, un poco más de ilusión. Y ahí sí que puede hacer algo este gobierno nuestro y, hasta ahora, no ha sabido, no ha querido o no ha podido hacerlo.
Fernando Jáuregui.