MADRID 18 Jun. (OTR/PRESS) -
Me resulta imposible definir los límites de la polémica libertad de expresión versus derecho a la intimidad. Creo que es algo que los jueces, que para eso están, han de definir caso por caso, circunstancia por circunstancia, sin que existan planillas prefabricadas que permitan ajustar veredictos, sentencias y hasta doctrina de un modo genérico. Los periodistas que debemos hacer filigranas en el trapecio informativo cada día, cada hora, tenemos a veces, bastantes veces, encuentros en los tribunales con partes ofendidas; es el sino de quienes creemos que "noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique". Yo mismo fui condenado en proceso civil por haber publicado en el periódico digital que dirigía una información relacionada con actividades privadas de unos futbolistas que ni el responsable directo de la información, ni yo mismo, último responsable de lo que el diario publicaba en virtud de la aún superviviente ley de Prensa de Fraga, pudimos demostrar fehacientemente.
Condenaron a mi empresa a pagar una indemnización civil bastante mayor, por cierto, que la impuesta en primera instancia a Federico Jiménez Losantos por sus ataques al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Consideré injustificada la cuantía, que recurrí; sin embargo hube de reconocer que los hechos podrían haberse desarrollado o no como el jefe de deportes de mi periódico había dicho, pero que carecíamos de suficientes elementos de prueba para sustentarlo. Había, claro, otras consideraciones de índole procesal y de sentido común, pero eso no era cosa que debiese interesar al juez, aunque quizá sí al legislador y a los responsables de los organismos profesionales.
Lo que nunca hubo por nuestra parte fue saña ni afán de perseguir a nadie. Yo no era del equipo en el que entonces jugaban aquellos futbolistas, pero, como es obvio, jamás nadie pudo decir que queríamos perjudicar a colores ajenos, beneficiando, por extensión, a los propios. Pudo haber error, exceso de prisa a la hora de publicar una información, pero ni sectarismo ni mala voluntad.
Ya sé que la política y el futbol son cuestiones diferentes, pero ambas provocan pasiones, en ambas el protagonismo del presunto ofendido es absoluto, en los dos casos la notoriedad va aparejada con el proceso. Pero futbolistas y políticos tienen derecho a la defensa de su honor, de su buena fama y de su imagen, por mucho que se trate de figuras expuestas al veredicto de la opinión pública. Argumentar que, por ser famosos, los periodistas tenemos más derecho a zurrarles, me parece una desmesura jurídica y una inequidad humana. Insistir en que, por tratarse de un medio 'caliente' y volátil como la radio, se les puede zurrar aún más, creo que es simplemente mendaz. Que te condenen por distribuir una mercancía informativa que está patentemente averiada no es un atentado a la libertad de expresión,y siento contradecir en este punto a tanto y tan avezado compañero de armas que opina lo contrario.
Así estan las cosas, cuando hay gente tan interesada en deformar la imagen que nos trae el espejo. El periodismo no es una campaña, ni una cruzada a favor o en contra de alguien o de algo. No, no me gusta la forma de expresar la información que tiene Federico Jiménez Losantos, pero, como el político inglés, daría mi vida para que sus ideas, algunas de las cuales me repelen, puedan ser expresadas libremente. Pero, eso sí, conforme a las leyes, al menos conforme a las leyes, ya que no a otros principios que yo pienso que son los que deben de ser.
Fernando Jáuregui.