MADRID 10 Oct. (OTR/PRESS) -
Reconozco que, pese a mis esfuerzos, estoy como la mayoría de los españoles: confuso. Son tantos, tan variados y, a veces, tan dispares, los mensajes que nos llegan en lo relativo al futuro inmediato económico que nos aguarda, que no sé si debo quedarme a la carta optimista o a la pesimista. Ya sé que la euforia no es posible, pero el catastrofismo es indeseable y, además, una pasión inútil.
Sí me gustaría, empero, pensar que estoy siendo medianamente bien informado. Y, hoy por hoy, no me siento así.
No creo ser nada original si digo que la ducha escocesa de declaraciones gubernamentales, paragubernamentales, opositoras, europeas, norteamericanas, asiáticas, está contribuyendo muy poco a la tranquilidad de las opiniones públicas. Simplemente, pienso que estamos mal informados -no llego a decir engañados, aunque a veces siento la tentación de proclamarlo-, nosotros y también esos especialistas que nos hablan con suficiencia de lo que ellos tampoco parecen entender muy bien, que es por qué ha estallado esta crisis cuya mera existencia antes tanto se negaba.
¿Nos sentiremos en aguas algo más seguras cuando, este viernes, el Consejo de Ministros nos informe de cómo se van a poner en marcha, en concreto, las tan traídas y llevadas medidas económicas anunciadas hace cuatro días por Zapatero? Entiendo que es urgente crear un suelo, nacional e internacional, que dé confianza a quienes de veras sufren los zarpazos de la incertidumbre y la angustia de la desesperanza: los consumidores y los inversores. Quienes simplemente somos sujetos pacientes de la coyuntura económica tenemos que saber a qué atenernos, contar con algunas seguridades acerca de lo que nos espera y de lo que podemos esperar, y esa será la única forma de empezar a superar la crisis.
Porque, como decía Napoleón, la crisis empieza cuando la gente piensa que existe tal crisis, ni antes ni después. Así, no basta con encontrar recetas económicas más o menos adecuadas o felices: un ministro es alguien que, además de hacer bien las cosas (como el valor, se le supone), tiene que saber convencer al contribuyente y votante de su gestión. ¿Es, aquí y ahora, el caso?
El Consejo de Ministros de este viernes, a pocas horas de un encuentro que debe ser algo más que una foto entre el presidente español y Sarkozy, y con una muy esperada 'cumbre' entre ZP y Rajoy a punto de consumarse, va a tener, así, una indudable importancia.
Yo, al menos, esta vez voy a estar especialmente atento a lo que salga de esta reunión del gobierno, último responsable a la hora de tomar decisiones*y de explicárnoslas como si no nos considerasen menores de edad. Cosa que a veces parece que nos consideran.
Fernando Jáuregui.