MADRID 30 Nov. (OTR/PRESS) -
La inminencia de las fiestas navideñas, añadida a la crisis económica que se aprecia por doquier, está sirviendo para un anticipo del debate sobre los gastos renunciables que tiene ante sí cualquier responsable de políticas municipales o nacionales. También ha dado ocasión a este debate otro par de episodios del momento: de un lado, la capacidad de los municipios para crear empleos, y de otro, la misma capacidad que tienen, para inventarse gastos prescindibles, esos mismos entes, municipales, autonómicos o del Estado. A simple vista puede apreciar cualquier ciudadano que es "materia sensible" de este año el caudal de luces que enciende esta navidad cada municipio. ¿Se puede prescindir de esos efectos lumínicos, costosos sin duda, cuando el número de parados se viene incrementando en cifras desoladoras y a menudo muy escandalosas?
Muchas ciudades han optado por reducir esos gastos navideños, y en otras, se trata de afrontar la crítica a su mantenimiento con el argumento de que los comercios presionan precisamente para que el gasto no decaiga más... Se añade a este debate otro paralelo: las consecuencias que la "sentencia del crucifijo" de Valladolid pudiera llegar a tener en una sociedad crecientemente laica. Se empieza por un crucifijo en el centro escolar Macía Picabea de Valladolid, dicen algunos, pero no habría que excluir que el debate se amplíe hasta muchísimo más lejos: tomas de posesión de altos cargos ante crucifijos, vacaciones de Semana Santa o de Navidad, y así sucesivamente...
En realidad, el gasto en luces es uno más de los que las corporaciones locales tienen "de plena disponibilidad" y sin tener que someterlo a la consideración de nadie más, como sucede con los muy a menudo gastos de las fiestas patronales, en las que también resulta fácil comprobar el despilfarro y gasto absurdo en capítulos perfectamente prescindibles. ¿Puede un municipio con centenares de vecinos en paro permitirse el lujo de encender algunos millones en pólvora de fuegos artificiales, o en corridas de toros por medio del pueblo? ¿Es suficiente razón argumentar que siempre se hizo de ese modo, y en todo caso, que se hace imprescindible mejorar lo que hizo el alcalde anterior?
El episodio de las delegaciones de políticos, empresarios y eurodiputados que coincidieron en Bombay con la serie de atentados terroristas de los últimos días también ha forzado a esas mismas consideraciones: ¿Quién está capacitado para dar su aprobación a esos viajes suntuosos y "gratis total" para promocionar una ciudad, y en los que participan políticos locales, parlamentarios, e incluso empresarios, y que no cabe duda alguna de que cuestan un dinero abundantísimo, a cargo de los contribuyentes? Por las crónicas del atribulado viaje a Bombay nos hemos podido enterar de que no pocos de los viajeros iban acompañados de esposas, o de esposos, y nada hemos sabido sobre eventuales efectos beneficiosos que ha podido tener una excursión de esa naturaleza en los ingresos de la ciudad.
¿Les falta por visitar alguna ciudad a cargo del sufrido contribuyente a quien se le encarecen de año en año los tributos, impuestos y tasas de toda especie? ¿Quién pondrá freno, salvo acaso el miedo al terrorismo internacional, a estos desmanes incontrolados? Las embajadas turísticas de Carod Rovira o de Esperanza Aguirre, de Touriño o de Marcelino Iglesias, uno a favor de la promoción de Cataluña y la otra de Madrid, de Galicia o de Aragón, tienen un mismo "pagano", el de siempre, ya bastante harto de no poderse pagar sus propios caprichos porque hay que pagar los del político de turno...
José Cavero.