Actualizado 03/05/2009 14:00

José Luis Gómez.- A vueltas con España.- La huelga general

MADRID 3 May. (OTR/PRESS) -

Las grandes huelgas generales de la democracia se produjeron tanto con gobiernos del PSOE como del PP, con independencia de si tenían o no mayoría absoluta, aunque hubo más conflictividad con ejecutivos en precario. La primera gran huelga general fue la del 88 contra la política económica del Gobierno de Felipe González, quien se distanció así de Nicolás Redondo y de la UGT. También tuvieron su importancia los paros del 92, contra el Real Decreto sobre fomento de empleo y protección por desempleo, y del 94, a raíz de la reforma laboral del Gobierno. La otra gran huelga general fue la de 2002, ya con José María Aznar en la Moncloa, debido al Real Decreto sobre la protección al desempleo y las medidas de fomento del empleo, el tristemente famoso decretazo, que fue retirado. Hubo más huelgas generales, pero a nivel autonómico.

En general, la conflictividad laboral en España, aún manteniéndose comparativamente más alta que la de otros socios de la UE y de la OCDE, sigue pautas similares a las de los países desarrollados y tiende al descenso, incluso en períodos de apogeo económico, en los que tradicionalmente los trabajadores y sus sindicatos intentan recuperar la capacidad adquisitiva perdida. Reparemos también que en todas las huelgas generales hubo siempre un motivo claro -un decreto antisocial- o una crisis laboral debida a políticas del Gobierno, nada de lo cual está claro que pueda argumentarse ahora en esta crisis, a pesar de ser mucho más dura que las anteriores.

Es más, si los sindicatos convocan una huelga general corren el riesgo de alentar la llegada de un Gobierno que tome las medidas que están pidiendo los empresarios y no los trabajadores, de ahí que sea tan complicada la posición de los sindicatos ante esta crisis. UGT y CCOO son conscientes de que deben hacer algo contra el paro desbocado y la falta de expectativas pero saben que si alguien no va a ceder contra el abaratamiento del despido y una mayor flexibilización, como reclama la derecha, es Rodríguez Zapatero. Es más, los grandes sindicatos pueden constatar que este Gobierno está endeudándose hasta límites inquietantes para mantener en pie las políticas sociales.

No tienen fácil dar una respuesta a sus bases sin evitar que con una gran movilización terminen por alfombrar el camino del PP hacia el poder. Aún así, les queda la pedagogía y también la exigencia a un Gobierno donde es evidente la falta de una estrategia económica de fondo, más allá de tirar del gasto público, a la espera de que suceda algo. ¿Acaso un milagro? Una cosa es que el Gobierno de Zapatero tenga el mérito de no sucumbir ante todas las recetas neoliberales, por lo demás fracasadas en casi todos los países -igualmente en crisis- y otra muy distinta es que, desde la izquierda, no lo pueda hacer mejor.

JOSÉ LUIS GÓMEZ

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