MADRID 18 Ene. (OTR/PRESS) -
Se van conociendo detalles del "affaire" Gallardón, y cada detalle que se conoce reafirma más la impresión de que Mariano Rajoy carece de los dotes que debe de tener un líder. Si es verdad que tenía decidido que el alcalde de Madrid no le acompañara en las listas electorales, ¿por qué le ha dado carrete? ¿Por qué ha permitido que Gallardón y la opinión publica creyeran que iba a hacerle un hueco en la lista madrileña? ¿Lo ha hecho para dejar en evidencia a Gallardón, para fastidiarle, para dejarle a los pies de los caballos? Sea cual sea la explicación, la verdad es que no habla bien de Rajoy, ni desde el punto de vista personal ni, mucho menos, desde el político. Lo que ha hecho a Gallardón no tiene nombre.
Pero lo más relevante es que detrás de este asunto está la escasa convicción que tienen los propios dirigentes del PP de que Rajoy sea un líder que pueda ganar las elecciones del 9 de marzo. Por eso es por lo que algunos quieren estar en posición de salida. Que Esperanza Aguirre quiere ser la Margaret Thatcher española es evidente, y que Ruiz Gallardón cree que él puede con la tarea de ser presidente de gobierno, también. Ambos están en su derecho de quererlo, otros también quieren pero no lo dicen. La cuestión es que Esperanza Aguirre ha demostrado ser una tremenda y maquiavélica rival, capaz de las más arriesgadas maniobras para labrar su camino hacia el poder. En toda esta historia ninguno de los tres protagonistas ha quedado bien, aunque evidentemente el alcalde de Madrid es el que sale mejor librado.
Porque, sí, Ruiz Gallardón es el derrotado, pero ahora mismo son miles los ciudadanos que tienen un plus de simpatía y solidaridad con el alcalde de Madrid por considerarle una víctima de de la ambición de Aguirre y la indefinición de Rajoy. Por su parte, Esperanza Aguirre aparece con toda su ambición desplegada al máximo y los ciudadanos empiezan a saber que la presidenta de Madrid se las trae y que sus ambiciones la llevan a saltarse todas las barreras, caiga quien caiga. En cuanto a Rajoy seguramente es el peor parado. Por más que sus propagandistas quieran presentar el caos como un acto de autoridad de Rajoy, lo que los ciudadanos vemos es que no ha sabido gestionar el problema, que se ha portado atrozmente con Ruiz Gallardón y que, ante el ímpetu de Esperanza Aguirre, se rinde. En fin, que ha dado el espectáculo.
Ahora queda por ver si el alcalde de Madrid se dejará llevar por lo que anunció a Rajoy la noche de autos: que se va, que deja la política después del 9 de marzo. Desde luego, si lo hace, hará feliz a Esperanza Aguirre a la que dejará sola en la pista de carreras para la sucesión de Rajoy en caso de que éste no gane las elecciones. Quizá, solo por eso, se lo debería pensar.
Julia Navarro.