MADRID 6 Jun. (OTR/PRESS) -
No por esperada ha sido menos traumática la derrota de Hillary Clinton. Una mujer en la que muchas habían depositado sus esperanzas de futuro, que partió cómo ganadora, y que ha terminado engullida por el "fenómeno Obama", y sus propios errores y ambición desmedida, que la han impedido aceptar deportivamente el triunfo de un hombre que ha demostrado tener mucha cintura política, un programa ilusionante y avanzado.
Ser negro o mujer sí importa en un país donde la xenofobia y la discriminación están a la orden del día. De ahí la lucha titánica mantenida por Obama y Hillary para alzarse con una victoria que situase a uno de los dos a las puertas mismas de la Casa Blanca, que es donde hoy se encuentra el senador demócrata por Illinois. No así su contrincante, para quién el fracaso ha supuesto un duro varapalo, que le ha dejado un rictus de amargura que tendrá que borrar sometiéndose a una buena sesión de botox.
Creo que la mayor equivocación de Hillary, ha sido sacar a su marido a pasear, cuando lo que vendía a los electores era precisamente su independencia, su saber hacer, su experiencia en la vida pública. Aceptar como suyas las bofetadas virtuales que Bill ha dedicado a los periodistas que no apoyaban a su esposa, han resultado funestas para ella. No podemos olvidar que mientras que Bill Clintón goza de una enorme popularidad en Europa, en su país, todavía hay gente que no olvida el "caso Levinsky".
Pero mucho peor que la imagen que su marido pueda tener entre los demócratas, lo que más ha dañado la reputación de Hillary, han sido los falsos y despiadados rumores vertidos contra Obama, que iban desde el color de su piel, a sus practicas religiosas, o a la posibilidad de que un loco acabase con su vida, por negro y por aperturista. Un juego sucio que no ha tenido respuesta por parte del senador demócrata, pero que ha evidenciado sus malas artes cómo política y representante del pueblo americano que es.
Dicen que Obama puede perder porque las mujeres y los blancos que han votado a Hillary, prefieren dar su voto a un republicano de pura cepa como es John McCain. Si así fuera, parte de la culpa de la derrota la tendría quién no ha sabido transmitir a su electorado, las dosis suficientes de generosidad que son necesarias para gobernar un país tan multicultural como Estados Unidos.
Pretender como pretende Hillary que Obama la incluya en su cartel electoral como Vicepresidenta, o que le pague las deudas que ha contraído en la campaña, no deja de ser una boutade más de alguien que no se resiste a perder, por más dulce que sea su derrota.
Rosa Villacastín.