MADRID, 10 Jul. (OTR/PRESS) -
Han pasado ya 19 años de uno de los sucesos que sacudieron más duramente la sociedad española en su historia reciente: el secuestro por ETA de Miguel Ángel Blanco, concejal de 29 años del Partido Popular en Ermua, que desencadenó la mayor vigilia conocida en este país durante las 48 horas que duró el cautiverio.
No hubo tregua para la esperanza, para solicitar piedad. No hubo descanso en las calles pidiendo clemencia, exigiendo la vida para este joven. Era pedir demasiado a ETA, que no escuchó el clamor de un pueblo y devolvió a Miguel Ángel Blanco dos días después de su secuestro, en la tarde del día 12, en Lasarte (Guipuzcoa), maniatado y gravemente herido con dos tiros en la cabeza. Unas horas mas tarde fallecía en un hospital de San Sebastián.
Esa fue la respuesta de ETA a todo un pueblo, pero desató tal rechazo en la sociedad vasca que fue el principio del fin de la banda terrorista.
El llamado 'Espíritu de Ermua' comienza el mismo día 10 de julio de 1997, cuando a las cinco de la tarde se recibe en el diario "Egin" una llamada de los terroristas anunciando el secuestro y dando un plazo de 48 horas para que se cumplieran sus exigencias. En ese momento se abre una brecha irreconciliable en Euskadi y se producen las mayores movilizaciones contra ETA jamás vistas hasta entonces.
Nueve días antes del secuestro de Miguel Ángel Blanco se lograba un éxito policial contra la banda. Después de 532 días encerrado en un zulo inmundo era rescatado y liberado el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. El éxito policial, que supuso además la detención de sus secuestradores, provocó en la banda la idea de la venganza de una forma "original". ETA había asesinado, secuestrado y masacrado, incluso a niños, pero jamás había echado un pulso al Estado como lo hizo con el secuestro del joven concejal popular.
Para liberar a Blanco, ETA exigía el traslado de todos los presos de la banda a Euskadi en un plazo de 48 horas. El Gobierno no cedió y las calles se llenaron de miles de personas solicitando clemencia, pero no hubo piedad. El pueblo vasco comenzó a remover sus entrañas y se volvió contra la banda terrorista como nunca antes había hecho. El rechazo a ETA en el resto de España no era algo novedoso. Sí lo era el hecho de que se produjera en Euskadi. Comienza el "Espíritu de Ermua" y empieza el fin del apoyo a la banda de muchos de sus simpatizantes.
La clase política española se unió como nunca exigiendo la liberación del concejal popular y las movilizaciones previas al asesinato dieron paso a una indignación desconocida hasta entonces. La Ertzaintza incluso tuvo que intervenir para proteger a líderes abertzales de la ira popular.
El asesinato de Blanco supuso el inicio de aislamiento de ETA por la propia sociedad vasca y, sin duda, supuso un antes y un después en la política vasca.
El llamado "Espíritu de Ermua" facilitó que muchos vascos dieran un paso frente al miedo y plantaran cara a ETA. Miguel Ángel Blanco murió sin saberlo, pero su muerte abrió una brecha tan profunda en la propia ETA que comenzó a morir con él. Pagó con su vida la sinrazón de unas ideas que se pierden con el paso del tiempo, aunque el espíritu de un pueblo unido contra lo ilógico y cruel aún perviven.