6 de junio de 2020
 
Actualizado 09/01/2008 0:00:41 +00:00 CET

Agustín Jiménez.- El (escaso) valor de la experiencia

MADRID, 9 Ene. (OTR/PRESS) -

La señora Clinton ha roto a llorar, atenazada por la dificultad de volver a la Casa Blanca. ¿Mujer frágil? ¿Alma sensible? Elijan ustedes, ponderando que los hombres lloran también -menos Putin, que según anotó la Clinton en la misma sesión, no tiene alma- y que Alberto Gallardón soltó lágrimas oculares presentando un libro de Fraga (sic).

Parece que lo que incordia a la senadora y exprimera cónyuge es la insistencia con que asciende el niñato Obama, que puede que tenga alma, pero carece de experiencia, que es lo importante. Según ella misma, Hillary atesoró una gran experiencia consorte mientras su marido andaba tocando la flauta en Washington. Cargada de esa experiencia, se convirtió en un hombre responsable que propició la invasión de Irak, aunque no otros capítulos, ausentes del programa elaborado por sabios demócratas de toda la vida.

Los gobiernos deberían asesorarse exclusivamente con representantes de esos poderes solventes que atraviesan los siglos (los chinos, el Vaticano) o, a escala normal, los decenios (Andreotti, Fraga, Fidel Castro, Chaves, Gallardón dentro de poco). En ciertos países (Corea del Norte, Bélgica, Estados Unidos, Cuba con sus hermanos, Argentina con los Kirchner y algo España con los Aznar) se han establecido patrimonios familiares de experiencia que garantizan una continuidad del saber entre los padres y los hijos o entre los maridos y las parientas. Una forma de acumular experiencia colectivamente y dejar las cosas inmutables por mucho tiempo.

Obviamente, el tal Obama, que aspira a eliminar a una gran estadista sin el respaldo de un patrimonio, es un iluso. Y a lo peor le da una ventolera y empieza a introducir cambios o dialogar con enemigos patentados.

En la breve historia de la democracia española, ya hemos comprobado que la manía de innovar es efímera y que sólo la experiencia da poso a los tremendos esfuerzos de los políticos. Si el PP es una roca insoslayable, es por haber transmitido un cuerpo de doctrina inmarcesible desde la prehistoria franquista (Fraga y así) hasta hoy (la bella iluminación navideña del alcalde de Madrid). Si el PSOE era una fuerza responsable hasta que advino Zapatero, barbiño y lampiño como un Obama cualquiera, es porque la continuidad en el mando le había hecho aceptar los instrumentos perennes del imperio: las guerras, el braguetazo, la cal viva.

El nuevo candidato del PP es un tío con tanta experiencia que ha conseguido no realizar absolutamente nada tras lustros de sentarse en los sillones más disparatados de la administración. Por eso puede ganar las elecciones. Lo ha comprendido al fin Zapatero, que, cada día que pasa, obra con más mesura, como nuevo hombre de Estado que, al fin, recapacita que sólo medra quien realiza compromisos (con la oposición o con la Iglesia) aun a costa de decepcionar a los jovencitos y a los ingenuos. Es increíble. Tovía hay gente que quiere ser decente y cambiar el mundo.

Agustín Jiménez