Andrés Aberasturi.- Normalizar Euskadi

Actualizado 26/04/2008 2:00:44 CET

MADRID, 26 Abr. (OTR/PRESS) -

El Gobierno ha calificado el comportamiento del PP e IU como "indigno" en el asunto Mondragón. Coincido plenamente aunque con matices. Porque si bien es cierto que el cabreo del PP -y más que del PP de su concejala en aquella localidad- tiene que ser mayúsculo tanto con el PSE como con el PNV, no menos cierto es que no es de recibo desaprovechar una ocasión como la ocurrida haces unos días en su pueblo. Lo de IU-EB clama al cielo y no tiene mas explicación que la que ha dado el propio Llamazares en un momento de lucidez: el edil que votó en contra de la moción contra ANV "tiene la sensibilidad de una almeja" y muy probablemente está más cerca -esto lo añado yo por mi cuenta- de ANV que de IU. Pero así están las cosas y a esto hemos llegado después de un largo camino plagado de equivocaciones, miedos, tapujos y desencuentros.

Pero la batalla no está perdida. Y no me refiero a futuras mociones de censura que más vale -por cierto- llevarlas ya negociadas de antemano y con el resultado seguro para evitar que a la democracia le salgan los colores adolescentes. Cuando hablo de la batalla pienso en algo más serio y que sigue siendo la asignatura pendiente del PSOE: el lehendakari de Euskadi no tiene por que ser eternamente nacionalista. Es muy probable que las próximas elecciones las gane el PSE y no sé si es posible que se anime a formar gobierno al margen del PNV. Que se anime o que se atreva o que se lance o que lo haga con la mayor de las tranquilidades democráticas, incluso con bastante más legitimación que Montilla preside Cataluña. ¿Qué tiene de diferente Euskadi para que el PSOE haya pasado siempre de puntillas por delante de Ajuria Enea sin atreverse a entrar pese a tener las llaves?

La única razón que se me ocurre, lo único que podemos pensar todos, es un cierto temor a la reacción del entrono extremista sin la contención teórica de un PNV en la oposición o en minoría. ¿Y qué? Eso nunca debió de ser un problema y menos aun lo debe ser ahora cuando ETA ha demostrado una y otra vez que le importa un bledo quien gobierne o deje de gobernar porque no va a cesar en su peculiar y atávica cruzada. Y aunque las situaciones no son comparables -y pido perdón por ello- de la misma forma que en su momento la Monarquía necesitaba un Gobierno socialista para integrarse definitivamente en la democracia, a Euskadi le hace falta un gobierno no nacionalista para normalizar -eliminándolo de una vez- ese extraño misticismo con el que pretende rodear su propia realidad.

Mientras eso no ocurra, las cosas no van a ir bien; nos vamos a pasar la vida de moción en moción, intentando vergonzosamente colocar la bandera del estado español en los mástiles vacíos que no son sino un símbolo de lo que de verdad ocurre. Pero lo primero es que el PSOE se atreva a ponerse al frente del ejecutivo vasco si gana las elecciones. Pedir que hiciera, en ese caso, un pacto aunque fuera de no agresión con el PP, sería pedir demasiado, pero ¿por qué no? El nacionalismo está harto de hablar sobre la normalización de Euskalerria. Pues vale. La normalizamos, pero como se normaliza Andalucía, Extremadura o Cataluña: con respeto para su singularidad pero, hoy por hoy, dentro de los que llamamos estado español, gobernado por un partido que también gobierna en La Moncloa. Eso tendría que haber sido lo norma y podía haber ocurrido hace años; entonces no se hizo. El presidente ZP, tan amigo de los "por primera vez", bien podría marcarse ese detalle y asumir que Ajuria Enea puede ser gobernada por alguien que no sea del PNV. Ya veríamos entonces que ocurriría, pero nada más grave de lo que ha venido ocurriendo desde hace muchísimos años, desde que la democracia llegó a todos menos a Mondragón y su entorno.

Andrés Aberasturi.

OTR Press

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