Publicado 16/06/2020 8:02:00 +02:00CET

Antonio Casado.- Los 21 de Sánchez

MADRID, 16 Jun. (OTR/PRESS) -

Con el alineamiento parlamentario que otorgó la investidura al actual presidente del Gobierno (167 escaños), Pedro Sánchez no tiene garantizada la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año que viene.

Es tanto como decir que, si no supera esa prueba de esfuerzo, la Legislatura podría interrumpirse prematuramente en medio de una recesión económica segura y una muy previsible demanda de elecciones generales anticipadas.

He ahí su inmediato reto político: garantizarse la continuidad por alineamiento de fuerzas parlamentarias en número suficiente para sacar adelante las cuentas públicas de 2021, que el Consejo de Ministros debe enviar al Congreso antes del 1 de octubre. Pero antes ha de fijar al habla con Bruselas la pauta presupuestaria que llamamos "techo de gasto". Esa prueba ya está encima porque ha de aprobarse en el mes de julio.

Señalados quedan dos grandes escollos en el futuro del tándem PSOE-Podemos. Uno, las exigencias de Bruselas en materia de saneamiento fiscal, como condición de acceso a los planes de recuperación de la UE(16.500 millones de euros pendientes de aprobación en los 27 Estados). El otro consiste en hilvanar las intenciones de diferentes fuerzas políticas en la compartida sede de gobernabilidad de país y en la no tan compartida de garantizar la continuidad del actual Gobierno.

Ahí es donde entran los esfuerzos de Moncloa por atraer a Ciudadanos a ese bloque de 21 escaños que el Ejecutivo necesita para garantizarse la aprobación de las cuentas públicas en las Cortes Generales. Unos esfuerzos bien vistos por Bruselas, donde sueñan con la convergencia personalizada en el eje Calviño-Garicano. El problema está puertas adentro. El partido de Arrimadas es incompatible con uno de los socios de coalición (Podemos) y con los nacionalistas de ERC y PNV, convencidos de que los dirigentes de Cs han venido al mundo para negar los hechos diferenciales de Euskadi y Cataluña.

Esas posiciones del nacionalismo periférico cursan como impedimento para la incorporación de Ciudadanos a los asuntos de interés general, aunque sería muy positivo en nombre de la gobernabilidad, que es condición necesaria de la estabilidad del Reino de España. Pero, por ahora, es prácticamente imposible. El propio Sánchez ha declarado que sus socios preferentes, aparte de Podemos, son ERC y el PNV. Mala noticia, pues Cs es el partido de Estado que el PSOE necesitaría para librarse de partidos de dudosa adhesión al vigente orden constitucional.

Al tiempo también es mala noticia para Sánchez si el declarado trato deferente a dos partidos nacionalistas aleja a Cs del bloque de 21 votos que necesita en el Congreso para garantizar una mayoría imbatible a la hora de aprobar en otoño los PGE para el año que viene.