Publicado 16/10/2025 08:00

Antonio Casado.- El cabestro de la Casa Blanca

MADRID 16 Oct. (OTR/PRESS) -

Me reprochan el sobrenombre de "cabestro" aplicado al presidente de los Estados Unidos, Ronald Trump, por la presunta falta de respeto contenida en la alusión a los bueyes "mansos" que guían a las reses bravas. Aunque la mayoría de los bueyes no son cabestros, Trump sí lo es porque marca el camino de la manada (Milei, Netanyahu, Bukele, Orban...) y, de vez en cuando, bufa contra quienes no acaban de reconocerlo como conductor de toros propensos a la embestida.

Referirse de ese modo al personaje puede ser una falta de respeto. Lo acepto. Pero no mayor que sus embestidas contra el funcionamiento del Estado de Derecho, su querencia golpista si le fallan las urnas (véase el asalto al Capitolio en enero de 2021), el racismo latente en el uso de las Fuerzas Armadas contra los inmigrantes, su proverbial aversión a los periodistas críticos o a los jueces que tienen la osadía de cuestionar sus decisiones en aplicación de la legalidad. O, en fin, su concepción de la política, que es básicamente un oficio de servicio a los demás, como una oportunidad de hacer lucrativos negocios privados.

Sin quitar la vista de su largo historial de hombre público (ya en su segundo mandato no consecutivo como presidente de EE.UU.), dediquemos un turno a sus recientes amenazas contra España si no se porta bien. Desde la expulsión de la OTAN a la imposición de aranceles especiales a nuestras exportaciones. Dicho fue con la misma desenvoltura de su amenaza a la alcaldesa "roja" de Boston con quitarle los partidos del Mundial de 2026. Nada nuevo. Con el mismo descaro y la misma falta de respeto hacia Groenlandia, o hacia Canadá, cuando habla de apropiárselas por el artículo 33. O sea, el de su real gana.

Como buen manso, las embestidas del cabestro son puñetazos al viento. Me refiero a la imprevisibilidad de las personas afectadas por el llamado trastorno explosivo intermitente (TEI), cuya conducta guarda una notable desproporción respecto a las situaciones reales. El hecho es que el chantaje arancelario a un país de la UE no tiene sentido.

Quiero decir que es hablar por hablar. Como el matón que atemoriza con sus bravatas a los chicos del barrio. Amenazar a España con echarla de la OTAN no tiene mayor recorrido que el de una bravata más en las que suele reconocerse o solemos reconocerlo los demás.

La acreditada adhesión y lealtad de los Gobiernos españoles (este y los anteriores, por la derecha y por la izquierda) a la Alianza Atlántica, así como a los tratados bilaterales en materia de defensa (bases militares de uso compartido en Morón y Rota) no pueden estar al albur de lo que diga el cabestro de la Casa Blanca porque, según él, España no se gasta lo que se tiene que gastar y cuando se lo tiene que hacerlo para llegar al 5% del PIB en equipamiento militar en la década 2025-2035.

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

Trump y los Rodríguez

Foto del autor

Rafael Torres

Las reglas del tahur

Foto del autor

Fermín Bocos

Maduro cayó, el régimen sigue

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Este sí que es el discurso más difícil del Rey