Antonio Casado.- Españolismo en vena.

Actualizado 28/06/2008 2:00:27 CET

MADRID, 28 Jun. (OTR/PRESS) -

Millones de españoles se quedaron colgados de la tele el jueves por la noche, en gloriosa sintonía con los jugadores de la selección española de fútbol. Al fin, nos hicieron felices. Vencieron y convencieron por segunda vez ante la potente selección rusa. Pero en esta ocasión el recital ha valido para disputar la final de la Eurocopa, el domingo que viene ante Alemania, que ya ha sido campeona en tres ocasiones. Nosotros en una, ante la extinta Unión Soviética, en 1964, gracias al famoso y patriótico gol de Marcelino.

Ese mismo jueves en la calle, en los chats, en las tertulias, en los medios de comunicación, se habían comentado con estupor las declaraciones de dos dirigentes nacionalistas, uno vasco, Iñigo Urkullu, y otro catalán, Joan Puigcercós, que habían apostado por la eliminación de España al mostrar su preferencia por un triunfo en la Eurocopa de Rusia, decía uno, y de Turquía, decía el otro.

Y algunos cometimos el error de responder a semejante provocación. Mal hecho. Pero era difícil resistir la tentación de entrar al trapo cuando solo faltaban horas para disputar el pase a la final de la Eurocopa. Echar leña al fuego era hacerles el juego. El juego consiste, por enésima vez, en ponerse el disfraz de nazarenos y reinterpretar el papel de víctimas del españolismo tóxico, represor e intolerante.

Los menos avisados, además, han podido confundir de buena fe el aldeanismo de estos personajes con un respetable sentimiento de pertenencia. Y no fue el caso. Aldeanismo puro y duro para el recreo de la tribu el de estos dos líderes del nacionalismo vasco y catalán. Por cierto, como líderes son un desastre, porque, con su estúpido gesto han batido todas las marcas en el ranking de la torpeza política. Ahora deben estar sufriendo los efectos de un ataque de contrariedad ante tantos ciudadanos con sobredosis de españolismo en vena y contando las horas que faltan para la final del domingo contra Alemania. Se vive y se siente la comunión de nuestros futbolistas con los ciudadanos bien nacidos de este país, no importa dónde: en Euskadi, como Xavi Alonso; en Cataluña, como Carles Pujol; en Madrid, como Iker Casillas; en Asturias, como Villa; en La Mancha, como Iniesta; en Andalucía, como Ramos; en Canarias, como Silva, etc.

Ese milagro de la mirada común y el anhelo compartido -el de la victoria, claro-, volverá a producirse este domingo en Viena. El fútbol, como elemento de cohesión. Y si es con victoria, mucho más. Es la tercera vez que llegamos a una final de la Eurocopa. La primera, contra Rusia, la ganamos (1964). La segunda, contra Francia, la perdimos (1984). Ya nos toca otra vez, aunque les pese a Urkullu y a Puigcercós.

Antonio Casado.

OTR Press

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